La moneda colombiana atraviesa actualmente un proceso de fortalecimiento significativo, acumulando una apreciación cercana al 38% desde finales de 2022. Este movimiento posiciona el episodio actual como la segunda mayor revaluación del peso colombiano en lo que va del siglo XXI, siendo superada únicamente por el ciclo registrado entre los años 2003 y 2008, periodo correspondiente al mandato de Álvaro Uribe, donde la moneda se apreció un 45%.
Desde la implementación del régimen de libre flotación cambiaria en 1999, el comportamiento del peso ha estado marcado por cuatro ciclos principales. El primero ocurrió entre 1998 y 2003, periodo caracterizado por una fuerte devaluación derivada de la crisis económica más profunda de la historia reciente del país. En aquel momento, el Banco de la República abandonó el sistema de banda cambiaria en septiembre de 1999 debido a que la presión del mercado hacía insostenible defender la moneda mediante reservas internacionales y altas tasas de interés. A esto se sumaron la salida de capitales tras las crisis financieras en Asia y Rusia, además de una alta percepción de riesgo país, lo que llevó al dólar a alcanzar un máximo cercano a los $3.000 en febrero de 2003.
Posteriormente, se inició el ciclo de mayor revaluación del siglo, comprendido entre 2003 y 2008. Durante los dos mandatos de Álvaro Uribe, la divisa estadounidense cayó más de un 45%. Este fenómeno fue impulsado principalmente por el auge de las materias primas, con precios del petróleo que alcanzaron niveles récord entre los US$129 y US$144 por barril. Dicho entorno fomentó la inversión extranjera en el sector minero-energético, aumentó el flujo de divisas y coincidió con un incremento en la confianza económica sobre Colombia. Asimismo, la debilidad global del dólar y unas tasas de interés relativamente altas favorecieron las operaciones de carry trade, estrategia donde inversionistas toman capital en economías con tasas bajas para invertirlo en países con rendimientos mayores, como Colombia, aumentando así la oferta de dólares. Este ciclo culminó el 19 de junio de 2008, cuando el dólar registró su punto más bajo del siglo, llegando a los $1.652,41, antes de que la crisis financiera internacional y la quiebra de Lehman Brothers revirtieran la tendencia.
El tercer ciclo se presentó entre 2014 y 2016, marcado por una nueva depreciación. El desplome de los precios internacionales del crudo redujo el ingreso de divisas, mientras que el inicio del ciclo de alzas de tasas por parte de la Reserva Federal fortaleció al dólar globalmente. En este periodo, la moneda estadounidense volvió a superar los $3.000, alcanzando un máximo cercano a los $3.497 en febrero de 2016.
En la actualidad, el peso colombiano experimenta su segundo episodio de revaluación más importante del siglo. Desde que Gustavo Petro asumió la Presidencia, el dólar ha caído cerca de un 38%. Este comportamiento se atribuye a una combinación de factores económicos: la debilidad estructural del dólar a nivel global, los precios del petróleo, las elevadas tasas de interés locales, el crecimiento en el ingreso de remesas y la vigencia del carry trade.
Expertos consultados señalan que el componente político tiene un peso menor frente a las variables económicas. Yovanny Conde, cofundador de Finxard, explica que la revaluación se debe en parte a un ciclo largo de debilidad del dólar, profundizado por la estabilidad de las tasas de la Reserva Federal. Además, destaca que la relación petróleo-peso sigue vigente y se amplifica cuando el dólar es débil globalmente. Conde añade que la disminución de la incertidumbre generada al inicio del mandato de Petro —cuando el dólar rozó los $5.000— también contribuyó al movimiento.
Por su parte, el analista Gregorio Gandini resalta que el diferencial de tasas de interés hace que las inversiones locales sean más atractivas, favoreciendo la entrada de capitales. No obstante, este fortalecimiento del peso plantea desafíos; con el dólar en la línea de los $3.100, se ponen en aprietos las ventas externas de productos como el café, las flores y el banano. Incluso la industria petrolera podría verse afectada al final del año, a pesar de que el Brent se mantiene cerca de los US$90 por barril.
La sostenibilidad de esta tendencia hacia el cierre de 2026 y durante 2027 dependerá de decisiones externas clave, principalmente de la Reserva Federal de Estados Unidos, la evolución de los precios del petróleo ante el conflicto en Medio Oriente y el comportamiento general del dólar en los mercados internacionales.


