La Facultad de Medicina de la Universidad Jiaotong de Shanghái ha puesto en marcha un grupo de trabajo para realizar una investigación exhaustiva sobre la muerte de una niña durante un ensayo clínico experimental de edición genética. El procedimiento fue liderado por un destacado experto en el Hospital Xinhua, institución afiliada a la universidad, y el caso ha despertado profundas preocupaciones sobre los estándares éticos y regulatorios en la industria biomédica de China.
La controversia salió a la luz tras un informe conjunto publicado por la revista estadounidense Science y la organización Retraction Watch. Según los detalles revelados, el ensayo clínico fue financiado en parte por los padres de la menor, quienes afirmaron haber pagado la suma de 860.000 dólares para el desarrollo del tratamiento. Los progenitores denunciaron que los médicos responsables no les advirtieron sobre la posibilidad de que el procedimiento pudiera provocar la muerte de su hija, quien padecía un defecto genético que causaba retrasos en el desarrollo.
La niña había sido diagnosticada con el síndrome de Snijders Blok-Campeau, una afección del neurodesarrollo poco común que puede generar déficits intelectuales y síntomas físicos graves. En busca de una solución, la familia contactó a Qiu Zilong, un neurocientífico reconocido del Instituto de Investigación Songjiang de la Universidad Jiaotong, experto en una técnica de vanguardia denominada edición de bases. Según el plan elaborado por Qiu, la niña se convertiría en la primera persona en el mundo en recibir una terapia de edición genética dirigida específicamente al cerebro.
A pesar de las garantías brindadas por el investigador, quien aseguró a la familia que no habría "ninguna catástrofe de seguridad", el desenlace fue trágico. El ensayo clínico fue aprobado por el comité de ética del hospital a principios de 2025, incluso antes de que se publicaran los resultados finales de estudios preclínicos en monos, los cuales fueron calificados como "poco convincentes" por un científico que revisó los datos para Science. Días después de recibir el tratamiento en marzo, la niña desarrolló fiebre alta y signos de daño renal, falleciendo poco después en la unidad de cuidados intensivos.
El comité de ética del Hospital Xinhua concluyó que la muerte estaba "definitivamente relacionada" con el tratamiento. Sin embargo, las consecuencias fueron mínimas: el departamento de salud del distrito de Shanghái impuso una multa de aproximadamente 3.600 dólares al hospital por fallos en la supervisión y por no registrar el ensayo en la base de datos nacional de investigaciones patrocinadas comercialmente. Además, la institución solicitó que uno de los médicos responsables, Yu Yongguo, recibiera asesoramiento psicológico verbal.
El escándalo se agravó cuando los padres descubrieron que la prestigiosa revista Nature había publicado un artículo de Qiu Zilong sobre la viabilidad de usar la edición genética para corregir la mutación responsable del trastorno de su hija. No obstante, el artículo omitía cualquier mención al ensayo clínico en humanos o al fallecimiento de la niña. Victoria Aranda, subdirectora de Nature, afirmó que la revista está investigando el manuscrito y que nunca fueron informados sobre el ensayo humano ni se les compartieron datos al respecto.
Este suceso ha reabierto el debate ético en China, recordando el escándalo de 2018 provocado por He Jiankui, quien fue encarcelado tras modificar genéticamente embriones humanos. Aunque el caso actual es diferente —ya que la terapia génica somática no se transmite a las generaciones futuras—, expertos como Joy Zhang, de la Universidad de Kent, consideran que este incidente es más preocupante debido a que involucra a científicos de renombre en una de las universidades más prestigiosas del país.
Yanzhong Huang, investigador del Consejo de Relaciones Exteriores de Estados Unidos, advirtió que este caso podría ser solo "la punta del iceberg" de deficiencias persistentes en transparencia y rendición de cuentas dentro del auge biomédico chino. El problema radica en el sistema regulatorio de "doble vía", que permite ensayos iniciados por investigadores con una supervisión mucho menor que los procesos de aprobación tradicionales.
Aunque Beijing implementó nuevas normas en mayo para cerrar lagunas legales y centralizar la supervisión de terapias avanzadas, este ensayo ocurrió en un momento de ambigüedad normativa. Mientras China busca competir globalmente con Estados Unidos —habiendo aumentado su cuota de ensayos clínicos mundiales del 1% en 2009 al 32% en 2025—, los desafíos regulatorios y éticos emergen como un obstáculo crítico para la legitimidad de su ciencia.


