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Jay Clayton asume la dirección de Inteligencia Nacional en una oficina debilitada y marcada por recortes

Jay Clayton asume su nuevo cargo heredando una oficina debilitada, cuya autoridad y relevancia se encuentran en un mínimo histórico.

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Jay Clayton asume la dirección de Inteligencia Nacional en una oficina debilitada y marcada por recortes
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Jay Clayton ha sido confirmado como el nuevo director de Inteligencia Nacional de Estados Unidos en una votación ajustada del Senado. Clayton asume el mando de una oficina que atraviesa una crisis de relevancia histórica, marcada por una moral hundida y una drástica reducción de personal impulsada por la administración de Donald Trump en su lucha contra el Estado profundo. Con una experiencia limitada en inteligencia y un perfil centrado en el derecho corporativo, el nuevo director llega a un escenario donde el director de la CIA, John Ratcliffe, ejerce el verdadero poder como asesor principal del presidente. Clayton enfrenta ahora el desafío crítico de decidir si reconstruirá la organización con el talento remanente o si simplemente supervisará su camino hacia la obsolescencia total.

Jay Clayton ha sido confirmado este martes por la noche como el nuevo director de Inteligencia Nacional de los Estados Unidos, tras recibir una votación de 51 votos a favor y 47 en contra. Clayton, el elegido por el presidente Donald Trump para liderar la comunidad de inteligencia estadounidense, llega a un puesto donde hereda una oficina cuya autoridad y relevancia se encuentran, según el análisis, en un mínimo histórico.

El nuevo director sucede a Bill Pulte, un ejecutivo del sector inmobiliario con un perfil combativo y controvertido que carecía de experiencia en seguridad nacional. Pulte había sido nombrado por Trump como director interino durante un periodo de 40 días. Aunque existían temores entre los críticos de que Pulte utilizara su acceso a información clasificada para perseguir a enemigos políticos del presidente —preocupaciones que algunos senadores señalaron como un motor para la rápida confirmación de Clayton—, tales temores no se materializaron durante su breve gestión.

No obstante, la gestión de Pulte dejó una marca profunda al acelerar drásticos recortes de personal ordenados por Trump. Mientras que los críticos sostienen que estas reducciones obstaculizarían el funcionamiento de la comunidad de inteligencia, existe un consenso bipartidista sobre el hecho de que la Oficina del Director de Inteligencia Nacional (ODNI) se había vuelto demasiado grande y sobredimensionada. Incluso algunos republicanos de la Comisión de Inteligencia del Senado, inicialmente preocupados por la falta de experiencia de Pulte, expresaron satisfacción con su labor para reducir el exceso de personal.

Clayton, cuya trayectoria profesional se ha centrado en el derecho corporativo y que se desempeñó como fiscal federal bajo el mandato de Trump, enfrenta ahora el reto de trazar el rumbo de una organización que ya presentaba dificultades antes de que el presidente y sus aliados la señalaran como un objetivo principal en su lucha contra el denominado “Estado profundo”. Algunos funcionarios, tanto actuales como anteriores, sugieren que Clayton podría terminar supervisando la obsolescencia de la oficina. Mike Casey, exdirector de la oficina de contrainteligencia de la ODNI y exdirector de personal demócrata en la Comisión de Inteligencia del Senado, afirmó que la organización “se está hundiendo lentamente” y que, en lugar de replantear sus funciones, simplemente se ha dedicado a despedir gente.

La experiencia de Clayton en inteligencia es limitada, aunque ha tratado temas relacionados durante el segundo mandato de Trump como fiscal federal del Distrito Sur de Nueva York, procesando casos de terrorismo. Además, el panorama de poder interno indica que el director de la CIA, John Ratcliffe, ya ejerce en la práctica como el principal asesor de inteligencia del presidente. Ratcliffe, quien recomendó a Clayton para el cargo, parece destinado a conservar su posición como la voz predominante de la administración en esta materia.

La disparidad de poder entre la CIA y la ODNI quedó evidenciada recientemente en un debate sobre la publicación de documentos clasificados sobre la injerencia extranjera en las elecciones de 2020. Según fuentes familiarizadas, Pulte y Ratcliffe mantuvieron una discusión acalorada sobre el alcance de las censuras en dichos documentos. Aunque Pulte defendió la publicación de una mayor parte del texto, terminó cediendo ante la autoridad de Ratcliffe. Este episodio ha llevado a figuras como Mike Casey a cuestionar por qué Clayton aceptó el puesto, sugiriendo que la ODNI podría ser ahora más pequeña y tener menos trabajo real que la fiscalía del Distrito Sur de Nueva York.

Desde la Casa Blanca, el portavoz Davis Ingle defendió la labor de Bill Pulte, calificándolo como un patriota que realizó un excelente trabajo. Asimismo, aseguró que Clayton proporcionará información de inteligencia oportuna, independiente y confiable para mantener a los estadounidenses a salvo.

El contexto de estos cambios es la persistente queja del presidente Trump hacia la comunidad de inteligencia, a la que acusa de haberlo socavado durante su primer mandato mediante el “engaño de Rusia”. Trump asumió el cargo prometiendo someter a esta estructura. En esa línea, republicanos destacados como Tom Cotton, presidente de la Comisión de Inteligencia del Senado, han manifestado su deseo de que la ODNI se reduzca aún más.

La situación interna de la agencia es crítica. La moral del personal se describe como “terrible”, con empleados que viven con miedo a nuevas rondas de recortes. El Consejo Nacional de Inteligencia sufre una grave escasez de personal y la inestabilidad ha dificultado la contratación de oficiales cedidos por otras agencias. Pulte anunció recientemente una quinta ronda de despidos, afirmando en la red social X que se ha eliminado aproximadamente el 30% del personal. Previamente, Tulsi Gabbard había planeado una reducción del 40% de una plantilla que rondaba las 2.000 personas.

A pesar de la crisis, la ODNI mantiene funciones esenciales, como el establecimiento de estándares de seguridad para salas clasificadas y la capacidad de combinar inteligencia nacional y extranjera para identificar amenazas. No obstante, su futuro es incierto. Clayton, quien fue recibido inicialmente con optimismo por algunos demócratas debido a su experiencia legal, generó escepticismo tras su audiencia de confirmación al evitar confirmar si Joe Biden había “ganado” las elecciones de 2020, limitándose a decir que había sido “certificado”.

Finalmente, Clayton asume la dirección en un entorno donde sus predecesores, Gabbard y Pulte, mantenían una visión hostil hacia la agencia y desconfiaban del personal general. Ahora, el nuevo director deberá decidir cuál será el propósito real de la ODNI: si aprovechar el talento remanente para reconstruirla o si la organización terminará siendo eliminada en su forma actual.

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