Buenaventura se erige como una de las ciudades más emblemáticas ancladas en el litoral Pacífico colombiano. Por su ubicación estratégica y la esencia de sus habitantes, este puerto se ha caracterizado a través del tiempo como una fuente inagotable de talentos, virtudes y, fundamentalmente, de resiliencia. Fundada en el año 1540 por Juan de Ladrilleros, la ciudad ha evolucionado hasta convertirse en el principal puerto sobre el litoral Pacífico del país.
La importancia económica de Buenaventura es determinante para Colombia, ya que el 60% de los productos importados que se comercializan en el territorio nacional cruzan el canal de Panamá para ser descargados en sus muelles. Esta dinámica permite un crecimiento industrial, comercial y económico para la nación, un impacto que, en teoría, debería verse reflejado directamente en la calidad de vida y la economía de los porteños. Más allá de las cifras comerciales, Buenaventura ha sido un semillero de hombres y mujeres cuya capacidad innovadora e inteligencia se ha manifestado en la música, el folclor y diversas expresiones que resguardan la ancestralidad y la cultura del Pacífico.
En este contexto emerge la figura de Patricio Romano Petronio Álvarez, un bonaverense afrodescendiente cuya vida estuvo marcada por la música y el trabajo. Nacido en la isla de Cascajal, en el Valle del Cauca, su llegada al mundo ocurrió en 1914, coincidiendo con el inicio de la Primera Guerra Mundial y sucediendo dos años después del hundimiento del Titanic. Desde su infancia, Petronio alimentó el sueño de dedicarse a la música, convirtiéndola en su principal pasión.
Sin embargo, las dificultades económicas de su niñez lo llevaron a colaborar en el emprendimiento de su madre, doña Juana Francisca, vendiendo pan y empanadas de cambray, un alimento típico del Valle del Cauca. Fue en este periodo donde Petronio comenzó a mostrar virtudes excepcionales que captaron la atención del público. Para potenciar sus ventas, el niño utilizó la creatividad a través de una décima que recitaba en las calles: “Empanadas de cambray, para las viejas, aquí hay; el que no me las compre, déjelas ahí”. Esta copla tuvo un éxito inmediato, logrando que las ventas de las empanadas se dispararan.
Con el paso de los años, Petronio siguió la trayectoria laboral de su padre. Inició su vida profesional trabajando como “aguatero” y, posteriormente, ingresó a los talleres del ferrocarril. Su disciplina y capacidad lo llevaron a cumplir su meta de convertirse en maquinista de una locomotora conocida como La Palmera. A pesar de las exigencias de su oficio, el sonido del currulao y las expresiones musicales del Pacífico permanecían presentes en su interior. Durante sus momentos de descanso, Petronio deleitaba a sus compañeros de trabajo tocando la guitarra.
Su vida cotidiana estaba marcada por un contraste fascinante: mientras comandaba el tren y marcaba el paso hacia el horizonte, Petronio cargaba en una mano un estuche rústico con herramientas para reparar cualquier avería técnica de la locomotora, mientras que en la otra portaba su guitarra para hacer más amenos los trayectos sobre las líneas férreas. Durante mucho tiempo, el único público de sus interpretaciones fue el viento, que transportaba melodías que más tarde se reconocerían como piezas esenciales del folclor del Pacífico colombiano y registros de la identidad de una población afro que persistía en conservar sus raíces.
La capacidad de Petronio para la creación de versos y la improvisación fue una herencia de su madre, Juana Francisca Quintero Asprilla. Sus composiciones espontáneas se convirtieron en documentos sonoros que reflejaban los pálpitos y sentimientos de una comunidad que vivía en situación marginal. Entre sus obras más destacadas se encuentran temas como "Vespertina", "Bochinche en el cielo", "Coja la pareja", "Felisa", "Cali, ciudad sultana", "El Cauca" y "La caña de azúcar". No obstante, su canción más popular y emblemática es, sin duda, "Mi Buenaventura".
En su trayectoria musical, Petronio Álvarez exploró diversos géneros como los bambucos, merengues, huapangos, sones, abozaos y jugas, aunque fueron sus piezas al ritmo de currulao las que marcaron la pauta y definieron su estilo. En el ámbito personal, en 1942 conoció a Veneranda Arboleda Rodríguez, con quien contrajo matrimonio once años después en la iglesia de San Nicolás, en la ciudad de Cali.
El reconocimiento a su obra trascendió su vida. En 1997 se creó el Festival de Música del Pacífico, el cual fue nombrado en su honor como Festival Petronio Álvarez. Este evento cultural integra modalidades tradicionales como la marimba, la chirimía y el violín caucano, extendiendo la influencia del autor a los cuatro departamentos del Pacífico: Valle, Cauca, Chocó y Nariño. A pesar de esta relevancia, una parte considerable de su obra permanece inédita, y muchos artistas actuales muestran respeto y cautela al interpretarla, temiendo no estar a la altura del compromiso que representa este legado musical.


