El 26 de julio de 1952, a las 20.25 horas, María Eva Duarte de Perón falleció a los 33 años como víctima de un cáncer de cuello uterino. Su partida provocó una conmoción total en la sociedad argentina, desencadenando un proceso de duelo colectivo cuya magnitud fue incomparable a la de cualquier otro acontecimiento similar en la historia del país. En su breve pero intenso paso por la conducción política, Evita transformó la sociedad argentina, excediendo el rol tradicional de primera dama para forjar un liderazgo que desafió las restricciones impuestas a las mujeres de la época.
Uno de los legados más tangibles de su gestión fue la Ley de Sufragio Femenino de 1947, que estableció el derecho de las mujeres a elegir y ser elegidas, un reclamo que ya había sido impulsado durante décadas por figuras como Alicia Moreau de Justo y Julieta Lanteri. Como voz y rostro de la acción social del proyecto peronista, fue reconocida por las grandes mayorías como la “abanderada de los humildes”, representando un compromiso absoluto con los derechos del pueblo trabajador.
El velatorio de Eva Perón se extendió durante 16 días, periodo en el cual se estima que cerca de dos millones de personas se volcaron a las calles de Buenos Aires para despedirla. En una primera etapa, el cuerpo fue expuesto en el Ministerio de Trabajo y Previsión, organismo central de su labor política y social; posteriormente, fue trasladado al Congreso Nacional para continuar con las ceremonias.
Desde una perspectiva historiográfica, este episodio ha sido interpretado no solo como un hecho político, sino como un fenómeno social y cultural. Para diversos sectores populares, Evita representó una figura protectora, convirtiendo la admiración en una devoción con mística religiosa. Para el movimiento peronista, su muerte significó la pérdida de un puente emocional fundamental entre el presidente Perón y los trabajadores, marcando el nacimiento de un mito político permanente.
La repercusión de este suceso alcanzó cada rincón del país, incluyendo la ciudad de Gualeguaychú. Archivos periodísticos de la época revelan un detalle singular: el escritor Jorge Luis Borges, conocido opositor al peronismo, se encontraba brindando una conferencia titulada “El escritor y nuestro tiempo” en el Instituto Magnasco cuando se recibió la noticia del fallecimiento. La visita de Borges, quien había aceptado la invitación por su vínculo de amistad con el abogado y escritor local Pablo Daneri, quedó opacada en los diarios del día siguiente por la noticia nacional.
El 27 de julio de 1952, el diario local El Argentino tituló en su portada: “A las 20,25 de ayer falleció M. Eva D. de Perón”. El medio dedicó la mayor parte de su espacio a la noticia, acompañándola con una foto de Evita y una reseña de su trayectoria. En su mensaje editorial, el diario informó que, ante lo irreparable, el pueblo lloraba su muerte y que en Gualeguaychú se habían suspendido las actividades no esenciales, cerrando sus puertas cines, bares y clubes.
La adhesión al duelo nacional en Gualeguaychú fue masiva y transversal. A través de la sección “Adhesiones al Duelo Provocado por el Deceso de Eva Perón”, diversas instituciones manifestaron su pesar. Entre las primeras figuras en enviar sus condolencias al presidente de la República se encontraron el Jockey Club Gualeguaychú, la Liga Departamental de Fútbol y el Sindicato de Trabajadores del Frigorífico Gualeguaychú S.A. Este último gremio solicitó que los lugares de trabajo y el local sindical fueran enlutados con crespón durante 80 días, además de organizar una procesión con antorchas simultánea a la de Capital Federal.
Por su parte, el Gobierno de Entre Ríos y la Municipalidad de Gualeguaychú implementaron medidas estrictas de duelo. El Ejecutivo local suspendió las actividades administrativas del Municipio por dos días, colocó crespones de luto por treinta días y dispuso que la emisora municipal transmitiera exclusivamente comunicados de circunstancia y música sacra durante un mes. Asimismo, se suspendieron todos los espectáculos públicos, lo que llevó al Teatro Gualeguaychú a cancelar sus funciones y devolver el importe de las entradas.
Otras entidades vigentes hoy en día, como la Sociedad Rural Gualeguaychú, el Club Recreo Argentino, el Tiro Federal, el Instituto Magnasco, el Centro de Empleados de Comercio y Anexos, y los clubes Racing, Neptunia y Defensores del Oeste, junto a la Asociación Musical Gualeguaychú, también suspendieron sus actividades o cerraron sus puertas. Mientras tanto, las iglesias San José y Santa Teresita colmaban su capacidad con misas diarias.
Para el 29 de julio, las notas sociales describían calles desiertas y caravanas de personas en hondo recogimiento que desfilaban ante los túmulos levantados en las iglesias y en la sede del Sindicato del Frigorífico. Aquella despedida, multitudinaria y eterna, quedó registrada como un suceso sin precedentes en el sentimiento colectivo de la población.


