La vida de Eugenia Errecarte May dio un giro radical que la llevó desde las aulas de un centro de primera infancia del INAU en Cerrito de la Victoria, Uruguay, hasta el corazón de Oviedo, Asturias, donde hoy lidera su propio emprendimiento gastronómico. Su historia es un relato de reinvención, resiliencia y un hilo conductor inquebrantable: su pasión por el club Defensor Sporting.
El vínculo de Eugenia con el equipo violeta comenzó a los ocho años. Criada en una familia con tradición peñarolense en Colonia, la niña buscaba su propio camino. Un domingo, tras presenciar un clásico marcado por la violencia, Eugenia decidió que no quería formar parte de ese entorno. Al siguiente fin de semana, al ver jugar a Defensor Sporting, quedó conquistada por la camiseta violeta, un sentimiento que la acompañó durante su infancia en Uruguay, su primera emigración a España en 2002 y su posterior regreso a Montevideo.
En la capital uruguaya, su vida giró en torno al Estadio Luis Franzini, donde no solo vivió la pasión del fútbol, sino que conoció a Ricardo, quien se convertiría en su esposo. Sin embargo, en los primeros meses de 2020, la realidad del país y el nacimiento de su hija, Juana, la llevaron a tomar una decisión drástica. Motivada por el deseo de brindar una vida mejor y mayor seguridad a su familia, Eugenia, Ricardo y la pequeña Juana emprendieron el viaje hacia Europa, regresando a la tierra de sus ancestros.
El inicio en España no fue sencillo. Tras una breve estancia en Alicante, la explosión de la pandemia de Covid-19 los obligó a trasladarse a Oviedo. En un contexto de incertidumbre, la familia enfrentó meses difíciles. Mientras Eugenia contaba con la nacionalidad italiana, Ricardo tuvo que lidiar con el cierre de las administraciones públicas, permaneciendo casi ocho meses sin empleo. Eugenia describe aquel periodo como una etapa de supervivencia, en la que aceptó cualquier trabajo disponible para salir adelante.
Su trayectoria laboral en Oviedo comenzó como teleoperadora y luego pasó a trabajar en un supermercado, donde desempeñó tareas en la pescadería, carnicería y fiambrería. No obstante, el desgaste físico del trabajo operativo terminó provocándole una lesión en el codo, lo que la llevó a reflexionar sobre su futuro profesional y la necesidad de volver a sus raíces.
Hija y nieta de panaderos de Colonia, Eugenia siempre estuvo rodeada de harina. Aunque la pastelería había sido un hobby, decidió profesionalizarse matriculándose en una academia semi-presencial en Barcelona. Tras graduarse, obtuvo su primera experiencia laboral en una pastelería en el pueblo de Conellana. A pesar de los comienzos humildes, donde gran parte de su tiempo se dedicaba a la limpieza y atención al cliente, Eugenia siguió perfeccionando su técnica.
El punto de inflexión llegó cuando obtuvo el segundo puesto en el concurso al Mejor Roscón de Reyes de Asturias, compitiendo contra 30 pasteleros, algunos de ellos reconocidos en la guía Repsol. Este logro le brindó la confianza necesaria para buscar la independencia profesional, sintiendo que había alcanzado un techo trabajando para terceros.
La oportunidad definitiva surgió cuando su jefa le propuso el traspaso de su local. Con el apoyo de la Cámara de Comercio de Oviedo y mediante una inversión de aproximadamente 40.000 euros —financiada a través de un préstamo para emprendedoras y el uso de su seguro de desempleo—, Eugenia adquirió el negocio. Así nació “Las Violetas”, una pastelería de autor ubicada en la calle Bermúdez de Castro que rinde homenaje a su club del corazón.
En la inauguración, Eugenia estuvo acompañada por su familia y un grupo de mujeres emprendedoras inmigrantes, consolidando una red de apoyo mutuo en Asturias. Actualmente, el negocio ha superado todas las expectativas. Además de sumar un premio a la mejor torta en el festival del arándano y el fruto rojo, la emprendedora se prepara para la temporada alta que comienza en septiembre con las fiestas de San Mateo y se extiende hasta Navidad.
Hoy, el producto estrella de “Las Violetas” son sus cookies inspiradas en la región asturiana. Entre ellas destaca la variedad “De la tierrina”, con sabores de sidra y manzana, además de opciones de avellanas, nubes y tres chocolates. Eugenia continúa expandiendo su propuesta, fusionando los sabores de dos continentes bajo la esencia violeta que marcó su vida desde la infancia.


