La Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) ha presentado recientemente un mapa tridimensional del campo gravitatorio de la Tierra, una representación técnica elaborada a partir de una vasta recopilación de datos satelitales obtenidos durante un periodo de 15 años. La imagen ha generado una notable curiosidad debido a su apariencia irregular, la cual difiere significativamente de la representación esférica y perfecta con la que habitualmente se ilustra al planeta en los libros de texto y mapas convencionales.
Ante la sorpresa que causó la imagen, la agencia espacial estadounidense procedió a realizar una aclaración fundamental: el gráfico no es una fotografía del aspecto físico o la morfología superficial de la Tierra, sino que constituye una representación científica del denominado geoide. Esta superficie técnica es la herramienta que permite a los investigadores comprender y analizar cómo varía la intensidad de la gravedad en los distintos puntos geográficos del planeta.
En términos técnicos, el mapa representa el geoide como una superficie equipotencial. Esto significa que describe cómo se comportaría el nivel medio de los océanos si el agua permaneciera en un estado de completa inmovilidad, eliminando cualquier influencia externa como las mareas, los vientos o las corrientes marinas. Para poder construir esta representación, los científicos deben considerar la distribución de la masa en el interior de la Tierra, tomando en cuenta la ubicación de las rocas, el magma y los grandes volúmenes de agua subterránea.
Debido a que estos materiales internos no están distribuidos de manera uniforme por todo el globo, la fuerza de gravedad no es idéntica en todas las regiones. Para hacer que estas diferencias, que en condiciones normales serían imperceptibles para el ojo humano, resulten visibles en el modelo, los especialistas aplicaron una amplificación de la escala vertical entre 7.000 y 10.000 veces.
Michael Watkins, científico del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, explicó que estas variaciones en la distribución de los materiales internos generan lo que pueden denominarse "colinas" y "valles" dentro del campo gravitatorio terrestre. En el mapa, las zonas que poseen una mayor concentración de masa, como ocurre en la cordillera de los Andes y en el Himalaya, ejercen una atracción gravitatoria más intensa y se representan mediante tonos rojos. Por el contrario, aquellas regiones con una menor densidad, como ciertos sectores del océano Índico o la cuenca del río Congo, se visualizan en color azul.
La creación de este mapa fue posible gracias al desarrollo del modelo global GOCO06s. Este modelo integró más de 1.000 millones de observaciones capturadas por 19 satélites a lo largo de una década y media. El esfuerzo fue el resultado de una colaboración internacional donde se combinaron datos de la misión GOCE, perteneciente a la Agencia Espacial Europea (ESA), y del programa GRACE, impulsado conjuntamente por la NASA y el Centro Aeroespacial Alemán.
Un aspecto crucial detallado por Watkins es que el campo gravitatorio terrestre no es una estructura estática, sino que experimenta cambios mensuales. Estas fluctuaciones se deben principalmente al desplazamiento del agua sobre la superficie del planeta. Para monitorear este fenómeno, la misión GRACE utilizó dos satélites idénticos que volaban manteniendo una separación de aproximadamente 220 kilómetros, lo que permitió detectar variaciones extremadamente pequeñas en la gravedad y registrar el movimiento de agua en glaciares, lluvias, océanos y otros reservorios naturales.
Los datos revelan que la altura del geoide presenta variaciones significativas: desde unos 85 metros por encima del nivel medio del mar en Islandia, hasta aproximadamente 106 metros por debajo de dicho nivel en el sur de la India.
Finalmente, los investigadores subrayaron que esta información es fundamental para el avance de la ciencia ambiental. El modelo es clave para estudiar el ciclo hidrológico, monitorear la evolución del nivel del mar a largo plazo y vigilar las reservas de agua subterránea destinadas al riego agrícola. Asimismo, permite una comprensión más profunda sobre la redistribución del agua en la Tierra, dato esencial para el seguimiento del clima y los efectos ambientales temporales.
