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La rotación de la Tierra varía por causas naturales y obras humanas

Tanto los fenómenos naturales como algunas grandes obras de infraestructura pueden influir, de forma casi imperceptible, en la rotación del planeta.

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La rotación de la Tierra varía por causas naturales y obras humanas
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La rotación de la Tierra no es constante y se ve afectada tanto por fenómenos naturales como por la actividad humana. Un ejemplo sorprendente es la presa de las Tres Gargantas en China, cuya enorme acumulación de agua redistribuyó la masa terrestre y prolongó la duración del día en 0,6 microsegundos. A este impacto humano se suman la fuerza gravitatoria de la Luna y el deshielo de los polos provocado por el cambio climático, factores que ralentizan el giro del planeta. Según proyecciones de la NASA, este proceso es tan lento que el día solar tardaría unos 200 millones de años en alcanzar las 25 horas.

La rotación del planeta Tierra, aunque percibida como un proceso constante y uniforme, está sujeta a variaciones que, si bien son imperceptibles para los seres humanos en su vida cotidiana, han sido documentadas por la comunidad científica. Diversos estudios indican que la velocidad con la que el mundo gira sobre su propio eje no es invariable y puede experimentar pequeñas modificaciones a lo largo del tiempo. Estas alteraciones responden a una combinación de factores naturales y cambios significativos en la distribución de la masa terrestre.

Un punto de análisis relevante surgió en el año 2025, cuando se difundieron investigaciones centradas en el impacto de las grandes obras de infraestructura. Específicamente, los estudios señalaron que la Presa de las Tres Gargantas, ubicada en China, habría provocado una ligera alteración en la distribución de la masa del planeta. Este efecto se debe al enorme volumen de agua que la presa mantiene almacenado en un solo lugar, lo que modifica el equilibrio de la masa terrestre.

Según los análisis citados, esta redistribución de masa tuvo un impacto medible en la temporalidad: la duración de cada día se prolongó en aproximadamente 0,6 microsegundos. Aunque se trata de un cambio extremadamente pequeño, el hallazgo es fundamental para demostrar que la actividad humana, a través de construcciones a gran escala, puede influir en la dinámica rotacional de la Tierra.

Para comprender estos fenómenos, es necesario diferenciar entre las distintas formas de medir el tiempo. El sistema horario global establece que un día tiene exactamente 24 horas, pero los expertos aclaran que esta cifra es una convención basada en lo que se conoce como el día solar medio. De acuerdo con la información proporcionada por la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA), la órbita que la Tierra describe alrededor del Sol es elíptica y no perfectamente circular. Esta característica orbital provoca que la duración real del día presente ligeras variaciones.

Además del día solar, la ciencia emplea el concepto de día sideral. Esta medida se refiere al tiempo que tarda la Tierra en completar una rotación sobre su eje tomando como referencia las estrellas, y no el Sol. El periodo del día sideral es de aproximadamente 23 horas y 56 minutos. Esta diferencia técnica evidencia que existen múltiples maneras de cuantificar el tiempo dependiendo del marco de referencia utilizado.

Otro factor determinante en la velocidad de rotación es la interacción gravitatoria entre la Tierra y la Luna. La NASA explica que la misma fuerza gravitacional que mantiene al satélite natural en su órbita y que es responsable de la creación de las mareas ejerce un efecto de frenado sobre la rotación terrestre. Este proceso ocurre debido a que el movimiento constante de los océanos genera fricción con el lecho marino, lo que deriva en una pérdida gradual de energía y, en consecuencia, en una disminución casi imperceptible de la velocidad de giro del planeta.

Para hacer un seguimiento preciso de estos cambios, organismos especializados como el Observatorio Naval de Estados Unidos y la NASA realizan mediciones continuas de la velocidad de rotación. A partir de estos registros, los científicos han desarrollado proyecciones a largo plazo. Estas estimaciones sugieren que el día solar podría llegar a alcanzar una duración de 25 horas. No obstante, se trata de un proceso extremadamente lento que, según las teorías más aceptadas, requeriría alrededor de 200 millones de años para concretarse.

Finalmente, el impacto del cambio climático también juega un papel en este proceso. Estudios de la NASA, basados en más de 120 años de observaciones, concluyen que el deshielo de los glaciares y de los casquetes polares influye en la rotación. El desplazamiento de grandes cantidades de agua desde los polos hacia otras regiones ha estado relacionado con una desviación del eje de rotación de la Tierra de cerca de 10 metros, fenómeno que contribuye a ralentizar la velocidad con la que el planeta gira.

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