El Central Portugalete, ubicado en San José de las Lajas, representa un capítulo extenso de la historia agrícola e industrial de Cuba. Sus inicios estuvieron marcados por la presencia de figuras literarias y la visión de Manuel Calvo, un natural de la villa de Portugalete, en Vizcaya, España, quien transformó la propiedad a lo largo de décadas.
Uno de los episodios más destacados ocurrió en noviembre de 1858, cuando el poeta José Zorrilla desembarcó en La Habana. Tras sufrir los síntomas del vómito negro, una enfermedad que ya había cobrado la vida de su acompañante Cipriano de las Cajigas, Zorrilla fue acogido por el empresario Manuel Calvo Aguirre. El escritor se trasladó al cafetal Portugalete, donde encontró el ambiente bucólico y la tranquilidad necesarios para recuperar su salud y retomar su labor literaria antes de regresar a México en marzo de 1859.
En aquella época, la plantación era joven y se accedía a ella a través de la carretera La Canoa o de Núñez. Zorrilla describió el lugar como una propiedad compuesta por una casa de madera y ladrillo, una fábrica de almidón de yuca y cultivos de café, plátanos, piñas y naranjos. Sin embargo, en 1872, Calvo decidió cambiar la orientación de su finca, transformando el cafetal en un ingenio azucarero.
La gestión de Calvo destacó por su rigor técnico. El científico Álvaro Reynoso visitó la propiedad entre 1884 y 1885, resaltando que el dueño dirigía personalmente todos los trabajos y enseñaba la ejecución de las operaciones. Calvo implementó un sistema de abono autosuficiente basado en capas de bagazo en los corrales de los bueyes, lo que permitía obtener fertilizantes de alta calidad mediante la fermentación. Gracias a este método, logró rendimientos significativos de caña por caballería, incluso en terrenos que no eran los más aptos para dicho cultivo.
El ingenio no solo producía azúcar, sino que contaba con un alambique para la fabricación de alcohol y fue el único lugar donde existió un pluviómetro hasta 1875. Además, se reportó la presencia de un árbol de hule, cuyas semillas eran comercializadas en La Habana.
La estabilidad de la propiedad se vio interrumpida el 4 de enero de 1895, cuando un incendio provocado consumió la casa principal y gran parte de las instalaciones. El responsable fue Manuel García, quien había exigido sumas de dinero a Calvo bajo la amenaza de incendiar la estancia. A pesar de las pérdidas, estimadas en 300 mil pesos, el ingeniero Pedro Biscay lideró la reconstrucción, dejando el ingenio listo para moler nuevamente en diciembre de ese año.
Durante la guerra de independencia, el Portugalete fue visto con recelo por las fuerzas mambises debido a las ideas antiliberales de Manuel Calvo. En enero de 1896, el General Máximo Gómez acampó en el vecino ingenio Santa Amelia y amenazó con destruir el Portugalete si no se retiraba la presencia militar española. La propiedad se salvó gracias a la intervención de Pedro Biscay, quien negoció la retirada del destacamento de guardias civiles y entregó armas y municiones al ejército libertador a cambio de salvoconductos para él y Calvo. A pesar de esto, las tropas de Gómez apodaron al lugar "España Chiquita", señalando la hostilidad latente de los empleados hacia la causa independentista.
Tras la muerte de Manuel Calvo en Cádiz en 1904, la propiedad pasó a Claudio López Brú, quien delegó la administración en Manuel Otaduy hasta 1930. Posteriormente, el control del central rotó entre la Compañía Agrícola de Cuatro Caminos S.A., dos bancos norteamericanos bajo la razón Portugalete Sugar Co. y, finalmente, la Compañía Propietaria del Central Portugalete S.A. hasta 1960.
En sus etapas finales de gestión privada, el central experimentó una expansión tecnológica. En 1943 se instaló una destilería y en 1955 una refinería. El año 1952 marcó su récord de producción con 58 893 toneladas de azúcar. Con activos cercanos a los dos millones y medio de pesos y una fuerza laboral de 1 500 trabajadores en zafra, fue reconocido en 1956 como la industria más productiva y diversificada de la zona.
Finalmente, el gobierno revolucionario nacionalizó el ingenio y lo renombró como Central Liberación. Sin embargo, en 1962 se decretó su paralización y desactivación. En el sitio se estableció la Empresa Agropecuaria Nazareno y, posteriormente, talleres de las FAR. A día de hoy, solo quedan algunas reliquias arquitectónicas que atestiguan el pasado de esta propiedad.


