El Sistema Privado de Pensiones (SPP) en el Perú cuenta actualmente con una base de más de 10 millones de afiliados activos, según las cifras proporcionadas por la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS). A pesar de este volumen masivo de usuarios, los datos más recientes revelan una problemática estructural en la capacidad de ahorro de los trabajadores: los cotizantes efectivos, definidos como aquellos que realizan sus aportes de manera consistente, representan apenas cerca del 41% del total.
Esta estadística implica que solo poco más de 4 de cada 10 afiliados logran mantener la regularidad en sus aportes previsionales. De acuerdo con el análisis de la situación, este fenómeno se encuentra estrechamente vinculado a la inestabilidad laboral que impera en el mercado, así como al constante flujo de trabajadores que ingresan y salen de la formalidad laboral, lo que genera interrupciones en el flujo de capital hacia sus cuentas individuales de jubilación.
La inconsistencia en los aportes no es un detalle menor; por el contrario, puede generar un efecto considerable y frecuentemente subestimado en el monto total del fondo que cada afiliado logra acumular a lo largo de su trayectoria profesional. En un esquema de capitalización individual como el del SPP, la arquitectura del ahorro no depende exclusivamente de la cantidad de dinero depositada, sino fundamentalmente del momento en que se realiza el aporte y la continuidad con la que se mantiene dicha acción.
Al respecto, Jorge González, gerente de recaudación en Prima AFP, explica que el tiempo es el factor determinante en la construcción de una pensión. Según el especialista, un aporte realizado a los 25 años de edad tiene la ventaja de contar con cuatro décadas para capitalizar rentabilidad. En contraste, el mismo monto aportado a los 45 años solo dispone de la mitad del tiempo para generar los mismos rendimientos. Por esta razón, una laguna previsional no representa únicamente la pérdida del dinero que se dejó de aportar, sino que implica la pérdida de toda la rentabilidad compuesta que ese capital habría podido generar a través del tiempo.
Para ilustrar este impacto, González plantea un escenario comparativo entre dos afiliados que poseen la misma edad y perciben los mismos ingresos. El primer perfil es el de un trabajador que aporta de manera continua durante toda su vida laboral. El segundo perfil corresponde a un trabajador que realiza sus aportes de forma intermitente, presentando lagunas frecuentes en su historial de cotizaciones.
El resultado de esta comparativa es revelador: aunque ambos aporten la misma cantidad mensual cada vez que cotizan, el afiliado constante no solo logra acumular un capital mayor, sino que mantiene una cantidad más elevada de recursos invertidos durante un periodo más prolongado. Esta diferencia en la gestión del tiempo y la constancia puede traducirse en un fondo sustancialmente distinto al momento de alcanzar la edad de jubilación.
Además de la acumulación de capital, el especialista señala que mantener aportes constantes es una estrategia fundamental para reducir el riesgo asociado a las fluctuaciones del mercado. La regularidad permite construir el ahorro previsional de una forma más estable, mitigando el impacto de los diferentes ciclos económicos.
Finalmente, ante la posibilidad de enfrentar periodos de desempleo, se recomienda que las personas continúen realizando aportes en calidad de trabajadores independientes, ajustándose a sus posibilidades económicas y tomando siempre en cuenta la Remuneración Mínima Vital. Esta acción busca preservar los beneficios vinculados a la continuidad de los aportes, destacando especialmente las coberturas que ofrece el Sistema Privado de Pensiones en casos de fallecimiento, invalidez y el pago de gastos de sepelio.


