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Estados Unidos impone aranceles a 60 países para combatir el trabajo forzado

"El presidente Trump admite que décadas de persuasión moral no han erradicado el trabajo forzoso de las cadenas globales de suministro. Estados Unidos ha tenido una prohibición de importación de mano de obra forzada durante casi un siglo, y la aplica rigurosamente; ya es hora de que nuestros socios comerciales hagan lo mismo", ha explicado el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer.

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Estados Unidos impone aranceles a 60 países para combatir el trabajo forzado
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El gobierno de Donald Trump implementa nuevos aranceles a 60 países como medida punitiva contra las economías que no prohíben la importación de bienes producidos mediante trabajo forzado. Esta estrategia busca erradicar las violaciones a los derechos humanos en las cadenas de suministro globales, sustituyendo un impuesto temporal previo. Las tasas se dividirán en dos niveles: un 10 por ciento para países con legislaciones adecuadas, como México, Canadá y Reino Unido, y un 12,5 por ciento para quienes tengan normativas insuficientes. Economías como la Unión Europea, Japón y Corea enfrentarán cargos variables según el producto, marcando una nueva fase en la política comercial exterior de Estados Unidos.

El Gobierno de Estados Unidos, bajo el liderazgo del presidente Donald Trump, ha anunciado la implementación de una nueva serie de aranceles que afectarán a 60 países. Esta medida se ha fundamentado en una estrategia de sanción dirigida a aquellas economías que no han establecido prohibiciones estrictas contra la importación de bienes producidos mediante el uso de trabajo forzado. La entrada en vigor de estas tasas coincide con la expiración, a medianoche de este día, de un arancel global temporal del 10% que la administración estadounidense había impuesto durante un periodo de 150 días.

La justificación de esta medida ha sido detallada por Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos, quien señaló que el presidente Trump reconoce que el uso de la persuasión moral durante décadas no ha sido suficiente para erradicar la práctica del trabajo forzoso dentro de las cadenas globales de suministro. Greer subrayó que Estados Unidos ha mantenido una prohibición de importación de mano de obra forzada durante casi un siglo, aplicando dicha normativa con rigor. En este contexto, el representante comercial afirmó que es el momento de que los socios comerciales de la potencia norteamericana adopten medidas similares.

De acuerdo con las declaraciones de Greer, la implementación de estos aranceles tiene como objetivo corregir lo que se define como una violación de los Derechos Humanos y una práctica comercial de distorsión. Según la administración estadounidense, el fin último de esta política económica es mejorar el bienestar de los trabajadores a nivel mundial. Asimismo, el representante comercial expresó su optimismo respecto a aquellos socios comerciales que han actuado con celeridad para adoptar prohibiciones de importación de productos elaborados con trabajo forzado, manifestando su esperanza de que garanticen un cumplimiento efectivo de dichas normativas.

En cuanto a la estructura técnica de los aranceles, el Gobierno de Estados Unidos ha establecido dos niveles de tasas dependiendo de la legislación vigente en cada país. Los productos procedentes de naciones que hayan aprobado leyes adecuadas para combatir el trabajo forzado estarán sujetos a la tasa más baja, fijada en un 10%. Por el contrario, aquellos países que posean prohibiciones insuficientes en esta materia deberán enfrentar la tasa más alta, situada en el 12,5%.

Dentro del grupo de países que se beneficiarán de la tasa reducida del 10% se encuentran Argentina, Bangladesh, Camboya, Canadá, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, India, Indonesia, Jordania, Malasia, México, Pakistán, Sri Lanka, Trinidad y Tobago y el Reino Unido. Estos países han sido reconocidos por tener marcos legales alineados con las exigencias de la administración Trump en materia de trabajo forzado.

Por otro lado, el anuncio especifica un tratamiento diferenciado para ciertas economías. Para la Unión Europea, Taiwán, Japón, Corea y Suiza, se aplicará una tasa de entre el 10% y el 12,5% dependiendo de "ciertos productos" específicos. El resto de las economías que hayan sido objeto de "investigación" y que no cumplan con los estándares requeridos estarán sujetas directamente al arancel máximo del 12,5%.

Este nuevo escenario arancelario surge tras un complejo proceso legal en el interior de Estados Unidos. El pasado mes de febrero, el Tribunal Supremo de Estados Unidos anuló los aranceles recíprocos globales que habían sido impuestos bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA). Tras esta resolución judicial, el presidente Trump invocó una ley distinta para anunciar un nuevo arancel del 10% sobre la mayoría de las importaciones que ingresan al país, medida que posteriormente anunció que elevaría hasta el 15%. Esta nueva disposición sobre el trabajo forzado se inserta en este marco de reconfiguración de la política comercial exterior estadounidense.