El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha impuesto una condición determinante para la aprobación del pacto de cooperación nuclear civil que Washington negocia actualmente con Arabia Saudita. A través de una publicación en su red social Truth Social, el mandatario estadounidense señaló que la rúbrica final de este acuerdo está totalmente condicionada a que el reino árabe normalice sus relaciones con Israel mediante la adhesión a los Acuerdos de Abraham.
Según detalló Trump, el acuerdo de energía nuclear civil en cuestión se limita exclusivamente a usos no militares, similares a los programas que ya operan en Irán, los Emiratos Árabes Unidos y otros países. El presidente enfatizó que, bajo los términos de este pacto, no habrá enriquecimiento de material nuclear. No obstante, la vinculación de este beneficio técnico y energético a la normalización diplomática con Israel ha generado incertidumbre sobre el destino final de la negociación.
Los Acuerdos de Abraham, impulsados durante el primer mandato de Trump entre 2017 y 2021, permitieron que países de mayoría musulmana como los Emiratos Árabes Unidos y Barhéin, y posteriormente Sudán y Marruecos, establecieran relaciones oficiales con Israel. La expansión de este plan ha sido una prioridad para la administración de Trump desde su regreso a la Casa Blanca en enero del año pasado.
Esta nueva exigencia impuesta al príncipe heredero Mohammed bin Salman introduce una complicación geopolítica significativa. Arabia Saudita ha mantenido la postura de que cualquier acercamiento a los Acuerdos de Abraham debe estar vinculado a un cambio en la posición de Israel respecto a la creación de un Estado palestino. Esta condición choca frontalmente con la visión del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, para quien dicha opción no es viable.
El contexto de estas negociaciones es especialmente crítico, ya que se desarrolla en medio de una guerra que Estados Unidos mantiene con Irán desde hace casi cinco meses. La Casa Blanca ha justificado sus acciones militares argumentando la necesidad de evitar que el régimen de los ayatollahs utilice su programa nuclear para desarrollar armamento. En este escenario, la oficina de Netanyahu manifestó que la acción militar conjunta entre Estados Unidos e Israel contra Irán ha creado la posibilidad de ampliar el "círculo de paz", calificando la posible adhesión saudita a los Acuerdos de Abraham como un "salto histórico hacia la paz en Medio Oriente", bajo la premisa de lograr la "paz a través de la fuerza".
Desde la Casa Blanca, la vocera Karoline Leavitt afirmó que la administración continuará el diálogo con los saudíes para finalizar el acuerdo nuclear y espera que el reino se una a los Acuerdos de Abraham en un futuro cercano. Sin embargo, el pacto ha despertado fuertes alarmas sobre la proliferación nuclear en la región. El acuerdo tendría una vigencia de 30 años y contempla la participación de empresas estadounidenses en el desarrollo del programa saudí.
En Israel, diversas figuras políticas han expresado su rechazo. El ex primer ministro Naftali Bennett calificó el acuerdo como un "grave fracaso estratégico" que pone en peligro la seguridad israelí, advirtiendo que el enriquecimiento nuclear en territorio saudita podría desencadenar una carrera armamentística regional. En una línea similar, el exministro de Defensa Avigdor Lieberman alertó que el programa civil culminaría en la creación de armas nucleares, por lo que solicitó al Congreso de Estados Unidos intervenir para frenar el pacto. Por el contrario, el ministro de Economía e Industria, Nir Barkat, señaló que si los fines son estrictamente pacíficos y energéticos, Israel podría gestionarlo.
A nivel legislativo en Estados Unidos, el proyecto enfrenta una resistencia considerable tanto de demócratas como de republicanos. El senador Ed Markey criticó el denominado "acuerdo 123", sosteniendo que podría habilitar la proliferación nuclear en Arabia Saudita. Por su parte, el secretario de Estado, Marco Rubio, defendió la estrategia argumentando que es preferible que los aliados desarrollen sus programas nucleares civiles con Estados Unidos para garantizar la influencia sobre la dirección del programa y la existencia de salvaguardias.
Una de las mayores preocupaciones entre expertos y legisladores es la versión del pacto que omitiría el Protocolo Adicional del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Este instrumento es fundamental para ampliar las inspecciones internacionales y fortalecer la verificación de que los programas civiles no se desvíen hacia fines militares. Pese a estas advertencias, el secretario de Energía, Chris Wright, quien firmó el acuerdo con el príncipe Abdulaziz bin Salman, desestimó los temores de proliferación, insistiendo en que el convenio responde a intereses económicos y estratégicos de la Casa Blanca.

