El Instituto Meteorológico Nacional (IMN) ha actualizado su pronóstico climático para Costa Rica, advirtiendo que el fortalecimiento del fenómeno de El Niño alterará significativamente el comportamiento de la segunda mitad de la estación lluviosa. De acuerdo con la nueva proyección, el país se encamina hacia un panorama mucho más seco, representando un deterioro respecto a las previsiones divulgadas hace apenas un mes.
La especialista de la Unidad de Climatología del IMN, Karina Hernández, señaló en entrevista con El Observador que existe una clara intensificación de El Niño. Según la experta, todas las señales indican que el fenómeno se mantendrá fuerte y que, eventualmente, podría alcanzar una intensidad "muy fuerte" hacia finales del presente año. Esta tendencia no solo afectará los próximos meses, sino que podría prolongar su influencia sobre el territorio nacional hasta abril de 2027.
El impacto más crítico se concentrará en la región del Pacífico Norte, que se perfila como la zona más afectada por la escasez de precipitaciones. Para el mes de julio, el IMN estima un déficit de lluvias cercano al 70%. Esta situación de escasez persistirá en el trimestre comprendido entre agosto y octubre, donde se espera que la reducción de las lluvias ronde el 60%.
Otras regiones también experimentarán disminuciones considerables en sus niveles de precipitación. El Pacífico Central, el Pacífico Sur y el Valle Central registrarían déficits cercanos al 50% durante el mes de julio, descendiendo a un déficit de alrededor del 40% durante el trimestre siguiente. En contraste, el Caribe y el sector oriental de la Zona Norte serán las excepciones, manteniendo niveles de lluvia normales o incluso superiores al promedio.
Karina Hernández enfatizó que estas condiciones deficitarias provocarán que el país mantenga una sequía meteorológica durante lo que resta del año. Uno de los puntos más preocupantes es la alteración de la canícula, el periodo seco que ocurre a mitad de la estación lluviosa. Para este año, este periodo comenzó antes de lo habitual, específicamente a finales de junio, y se prevé que se extienda durante todo el mes de agosto.
La especialista advirtió que esta canícula no solo será extensa, sino también intensa, lo que se traduce en un mayor número de días consecutivos con escasas lluvias. Esta situación es especialmente inusual para las regiones del Pacífico y el Valle Central, donde normalmente las precipitaciones son más constantes durante la estación lluviosa.
A la reducción de las lluvias se sumará un incremento en las temperaturas medias en todo el territorio nacional. El IMN prevé que el ambiente sea más cálido, siendo nuevamente el Pacífico Norte la zona más impactada, con temperaturas que podrían situarse entre 1,5 °C y 2 °C por encima del promedio. En el Valle Central, el Pacífico Sur y el Pacífico Central, el aumento oscilaría entre 0,5 °C y 1,5 °C.
Hernández advirtió que un incremento de dos grados en la temperatura media es considerable, y que, si se analizan las temperaturas máximas, el aumento podría ser todavía mayor. Incluso la vertiente del Caribe experimentará un incremento de entre medio grado y 1 °C por encima de lo normal. La experta explicó que la mala distribución de la lluvia reduce la cobertura nubosa, permitiendo que la radiación solar ingrese con mayor facilidad, lo que eleva las temperaturas ambientales.
Desde el punto de vista técnico, El Niño se produce por el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial. Este proceso modifica la circulación atmosférica y altera los patrones globales de lluvia. En Costa Rica, esto suele resultar en menos lluvias para el Pacífico y el Valle Central, mientras que el Caribe recibe más precipitaciones.
Actualmente, el fenómeno muestra señales de fortalecimiento tanto en la superficie como en capas profundas del océano. La intensidad actual es superior a los 1,5 grados en el Pacífico ecuatorial, y se espera que siga incrementando hasta superar los 2 grados a finales de año. Como referencia, el evento de El Niño del año 2015 alcanzó los 2,8 °C, y el IMN prevé que este año los rangos podrían rondar cifras similares.
Finalmente, el pronóstico indica que el fenómeno podría debilitarse a inicios del próximo año, pero volvería a ganar intensidad hacia marzo y abril, manteniendo su afectación sobre Costa Rica hasta abril de 2027. Ante este escenario, los expertos hacen un llamado a la población y a los sectores productivos para prepararse para una segunda mitad de año marcada por la sequía, una canícula prolongada y temperaturas superiores a lo normal.


