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Martha Lillard: el adiós a la última paciente de pulmón de acero en Estados Unidos

La hermana de la última paciente de polio que usaba pulmón de acero en Estados Unidos habló con la BBC sobre la enfermedad.

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Martha Lillard: el adiós a la última paciente de pulmón de acero en Estados Unidos
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Martha Lillard, la última paciente de poliomielitis en Estados Unidos que utilizó un pulmón de acero, falleció a los 78 años dejando un legado de resiliencia. A pesar de depender del dispositivo durante más de siete décadas, Lillard desafió sus limitaciones físicas para convertirse en artista, conducir un vehículo adaptado y contraer matrimonio poco antes de su muerte. Su partida reactiva la alarma sobre la importancia de la vacunación frente a la polio. Su familia advierte que el olvido generacional y la creciente reticencia a las vacunas ponen en riesgo la salud pública, recordando que esta enfermedad puede causar parálisis irreversibles y discapacidades permanentes.

Martha Lillard, quien fue la última paciente de poliomielitis en Estados Unidos en utilizar un pulmón de acero, falleció a finales de junio a la edad de 78 años. Residente del estado de Oklahoma, Lillard dejó un legado de resiliencia y superación que su familia ha compartido recientemente con la BBC, destacando que, a pesar de las severas limitaciones físicas impuestas por su enfermedad, nunca permitió que su condición la frenara en su búsqueda de una vida plena.

La causa oficial de su fallecimiento ha sido atribuida al síndrome pospoliomielítico y a una insuficiencia pulmonar crónica. Sin embargo, su hermana menor, Cindy McVey, sostiene que la muerte de Martha estuvo ligada a los efectos persistentes de la covid-19. Lillard dependió durante aproximadamente 73 años de un pulmón de acero, un dispositivo metálico de gran tamaño que rodeaba su cuerpo durante varias horas cada día para permitirle respirar.

El funcionamiento de este dispositivo se basa en un sistema de presión negativa. Impulsado por un motor, el fuelle de la máquina extrae el aire del cilindro, creando así un vacío alrededor del cuerpo del paciente. Este vacío obliga a los pulmones a expandirse para captar aire y, posteriormente, al liberarse el aire, el proceso se invierte para que los pulmones se desinflen. Durante el pico de la poliomielitis en la década de 1950, decenas de miles de personas dependieron de esta tecnología para sobrevivir.

A diferencia de otros niños de su época, Lillard no sentía miedo hacia la máquina; por el contrario, según recuerda McVey, el dispositivo le proporcionaba nuevas energías y la hacía sentir mejor. La enfermedad llegó a su vida a mediados de los años 50, cuando tenía apenas cinco años. Martha recordaba haber escuchado hablar mucho sobre la polio y, un día, al despertar y notar que no podía levantar la cabeza de la almohada, supo inmediatamente que había contraído la enfermedad.

Tras pasar una temporada en el hospital, Lillard y su familia se enfocaron en una intensa recuperación que incluyó terapia ocupacional, fisioterapia y terapia acuática. El objetivo era conservar la mayor fuerza posible, logrando finalmente que Martha recuperara parcialmente la movilidad de sus piernas y de su brazo izquierdo. Su familia jugó un rol crucial en este proceso; su tío y su abuelo diseñaron un artilugio especial que permitía abrir el pulmón de acero, facilitando que Lillard pudiera entrar y salir del dispositivo por sí misma y vivir con mayor autonomía.

Esta determinación se extendió a otras áreas de su vida. Lillard logró conducir un vehículo gracias a una adaptación especial: el volante fue colocado sobre su falda y la palanca de las luces de giro se instaló en el piso, permitiéndole operar el coche a pesar de su movilidad limitada. Además, se destacó como una mujer intelectual y artista, dedicándose a la pintura de paisajes detallados y utilizando dispositivos como Alexa para satisfacer su curiosidad constante.

En el ámbito personal, Lillard mantuvo una relación sentimental durante más de 20 años con Baha Salh, quien residía en Egipto. Salh logró obtener un visado este año para mudarse a Estados Unidos, y la pareja contrajo matrimonio en febrero, poco antes del fallecimiento de Martha el 26 de junio.

El caso de Martha Lillard sirve como un recordatorio de la gravedad de la poliomielitis. Según la Organización Mundial de la Salud, una de cada 200 infecciones por polio provoca parálisis irreversible, y entre el 5% y el 10% de las personas con parálisis fallecen cuando los músculos respiratorios quedan inmovilizados. Aunque la vacuna estuvo disponible desde 1955 y la enfermedad fue erradicada en Estados Unidos en 1979 gracias a campañas nacionales, actualmente existe una creciente reticencia a la vacunación.

Este contexto ha generado preocupación en Cindy McVey, especialmente ante sugerencias de funcionarios de salud, como Kirk Milhoan, presidente del Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización (ACIP) de los CDC, quien planteó que las vacunas contra la polio podrían ser opcionales debido a que las condiciones sanitarias y los riesgos actuales son diferentes a los de la época. McVey, visiblemente afectada, advierte que la polio es una enfermedad que desfigura e incapacita, y teme que el olvido generacional sobre su gravedad lleve a más personas a no vacunar a sus hijos, poniendo en riesgo la salud pública.

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