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Nikopol: La ciudad ucraniana que sobrevive al "safari humano" de los drones rusos

En los últimos meses, los avistamientos de drones en Nikopol han aumentado de dos o tres al día a unos tres por hora, tanto de día como de noche.

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Nikopol: La ciudad ucraniana que sobrevive al "safari humano" de los drones rusos
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En Nikopol, Ucrania, la población civil vive un terror cotidiano descrito como un safari humano debido al uso de drones FPV rusos que persiguen personas indiscriminadamente. Esta guerra psicológica ha provocado la emigración de la mitad de sus habitantes y la paralización de servicios esenciales, convirtiendo la ciudad en un escenario de ataques letales contra no combatientes. Para sobrevivir, los residentes han implementado medidas desesperadas que van desde la instalación de redes de pesca aéreas hasta el uso de detectores de frecuencia y alertas comunitarias vía Zello y radio. A pesar del asedio constante y la devastación de la infraestructura, la comunidad resiste adaptando la tecnología para ganar minutos vitales de supervivencia.

En el sur de Ucrania, la ciudad de Nikopol se ha convertido en un escenario de terror cotidiano que rara vez acapara los titulares internacionales, quedando a menudo eclipsada por la tensión en la central nuclear de Zaporiyia. Sin embargo, para quienes residen en esta localidad, la guerra tiene un rostro muy específico y letal: los drones de corto alcance. Situada en la primera línea de la invasión rusa, Nikopol se encuentra a tan solo tres kilómetros de las posiciones militares rusas, separadas únicamente por el río Dniéper, lo que expone a la población civil a ataques casi diarios.

La naturaleza de estos ataques ha llevado a los residentes a describir la situación como un “safari humano”. No se trata únicamente de objetivos estratégicos; drones FPV (de vista en primera persona) son utilizados para perseguir a civiles. Las autoridades locales han documentado casos escalofriantes, como el de una mujer de 87 años en silla de ruedas que fue atacada por un pequeño dron, un incidente que terminó con la vida de tres personas, incluida la anciana y su hijo. Otro ataque similar en abril acabó con la vida de cuatro personas que se encontraban en un autobús urbano, reflejando un patrón de agresión contra no combatientes que también se ha observado en Jersón y Kramatorsk.

Esta presión constante ha transformado radicalmente la vida en Nikopol. Oleksandr Varytsev, poeta y director de una organización benéfica que asiste a personas mayores y discapacitadas, describe un estado de miedo persistente. Según Varytsev, la frecuencia de los avistamientos de drones ha escalado drásticamente, pasando de dos o tres al día a aproximadamente tres por hora, operando tanto en horario diurno como nocturno. Esta realidad ha forzado el cierre de escuelas y jardines de infancia, así como la suspensión recurrente de servicios esenciales como el correo nacional y el transporte público.

El impacto demográfico es evidente. Antes de la invasión a gran escala, Nikopol contaba con unos 100.000 habitantes y era reconocida por su producción de fresas. Actualmente, las autoridades estiman que la mitad de la población ha emigrado. Oleksii Kirillov, quien ha trabajado en el transporte de mercancías durante más de dos décadas, señala que la ciudad se vacía mientras él ha tenido que redirigir sus esfuerzos hacia la facilitación de evacuaciones.

Para sobrevivir, los ciudadanos han implementado medidas de adaptación creativas y tecnológicas. Las calles de la ciudad están ahora cubiertas por redes de pesca aéreas diseñadas para atrapar los drones FPV antes de que alcancen a las personas. Paralelamente, se han adoptado herramientas de detección. Dispositivos llamados “Chuykas”, fabricados por la empresa ucraniana BlueBird Tech, emiten un pitido al detectar frecuencias de radio analógicas. Aunque Carmine Clemente, profesor de sistemas de radar en la Universidad de Strathclyde, advierte que estos dispositivos no detectan drones con señales digitales o de fibra óptica, reconoce que proporcionan minutos vitales para que un civil pueda abandonar un autobús y buscar refugio.

La comunicación comunitaria se ha vuelto la principal línea de defensa. Debido al alto costo de los detectores (unos 500 dólares), muchas empresas de transporte, como la de Mykola Koshelev, utilizan la aplicación Zello para alertar sobre enjambres de drones, especialmente entre las 7 y las 9 de la mañana. En zonas sin internet, se recurre a radios portátiles. Incluso la emisora RadioNikopol ha integrado una función de reporte rápido en su aplicación, interrumpiendo la programación musical inmediatamente cada vez que se detecta una amenaza.

La guerra de drones también ha devastado la infraestructura ferroviaria. Según datos oficiales, se han registrado más de 5.000 ataques contra los ferrocarriles ucranianos desde 2022. Igor Zachepilov, un maquinista, relata que los trenes de pasajeros son blanco frecuente de persecuciones, obligando a los civiles a evacuar hacia campos abiertos, que paradójicamente se consideran más seguros que permanecer dentro de los vagones.

Expertos como Kateryna Bondar, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), sugieren que Rusia utiliza estas regiones para entrenar a sus pilotos de drones o para ejecutar campañas de guerra psicológica. Mientras tanto, la agilidad de la industria ucraniana para desarrollar soluciones en ciclos de pocos meses está siendo observada por aliados occidentales como un referente de defensa moderna. A pesar del peligro y la pérdida de amigos y familiares, muchos residentes, como Kirillov, se niegan a abandonar su hogar, buscando ahora fondos para adquirir detectores y resistir en su ciudad.

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