Tras el funeral del ayatolá Alí Jamenei, el gobierno de Irán ha intensificado su retórica de venganza. El pasado 14 de julio de 2026, durante la primera sesión presencial del parlamento iraní desde el inicio de la guerra, más de 180 legisladores ondearon banderas rojas exigiendo represalias públicas.
Esta postura es respaldada por medios estatales. El diario conservador Hamshahri publicó una lista titulada “La represalia es inevitable”, que incluye a 13 figuras políticas y militares occidentales, entre ellos ministros de Asuntos Exteriores y de Defensa, el comandante del CENTCOM y el canciller alemán Friedrich Merz.
Para el investigador Moein Khazaeli, estas amenazas funcionan como una estrategia de guerra psicológica y disuasión. Según Khazaeli, el régimen busca proyectar fuerza para ocultar un aparato militar y de seguridad debilitado, sugiriendo incluso que podrían recurrir a métodos terroristas ante la presión internacional.
Por su parte, el activista Reza Alijani señala que las ceremonias de duelo han sido instrumentalizadas para legitimar la continuación del conflicto y desviar la atención de los reveses militares. Este enfoque ha sido reforzado por el nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei, quien ha priorizado la represalia sobre la reconciliación o la reconstrucción tras meses de guerra.
La retórica agresiva no solo se dirige a gobiernos, sino también a periodistas, activistas y disidentes iraníes en el exilio. Un ejemplo reciente fue la reacción de la televisión estatal y canales de Telegram progubernamentales ante la muerte del senador estadounidense Lindsey Graham, quien había impulsado la política de “máxima presión” contra Irán; su fallecimiento fue recibido con expresiones de satisfacción y felicitaciones.
Siguenos en Noticias lat para más noticias.


