¿Una provocación o un trámite rutinario? El paso de un buque militar británico por aguas argentinas ha encendido las alarmas en el Congreso y la diplomacia trasandina.
El patrullero HMS Medway zarpó el pasado 4 de julio desde las Islas Malvinas con destino a Punta Arenas, Chile, para realizar tareas de reaprovisionamiento. El conflicto surge porque, según las autoridades argentinas, la embarcación cruzó aguas de jurisdicción nacional frente a Santa Cruz y Tierra del Fuego sin cumplir la notificación formal y previa de 48 horas que exige el Acuerdo de Madrid II de 1990.
Por su parte, la diplomacia británica sostiene una versión opuesta. Aseguran que sí hubo comunicación y que se trató de una travesía logística rutinaria en apoyo a las operaciones del British Antarctic Survey.
Mientras tanto, en Argentina crece la tensión interna. Existen trascendidos sobre divisiones en la Cancillería, donde el ministro Pablo Quirno se resistiría a presentar una nota de protesta formal para no tensar el vínculo bilateral, especialmente ante una posible visita del presidente Javier Milei a Londres a finales de año. Esta situación ha provocado que diputados de Unión por la Patria presenten pedidos de informes para aclarar si el Gobierno tuvo conocimiento previo del tránsito.
El episodio también escaló al plano regional. El senador chileno Alejandro Kusanovic respondió a los cuestionamientos de su par argentina, Cristina López, reafirmando que Chile apoya la soberanía argentina sobre las Malvinas, aunque recordó que Argentina apoyó en la década pasada la demanda marítima de Bolivia, yendo en contra del interés de Chile.
El caso reabre el debate sobre la soberanía y la gestión diplomática actual frente al Reino Unido.
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