Benjamin Wong, profesor de secundaria en Singapur, ha encontrado la tranquilidad a 2.500 metros de altura. Para alguien acostumbrado a la humedad y a las temperaturas que superan habitualmente los 27 °C de su ciudad-Estado, las vacaciones de verano representan un desafío: encontrar un lugar donde el calor no sea sofocante. Este año, Wong ha optado por un refugio de montaña en Yunnan, al suroeste de China, donde ciudades como Dali y Lijiang pueden registrar temperaturas nocturnas de unos 15 °C.
Para Wong, la elección es una cuestión de supervivencia y comodidad. Tras experimentar la imprevisibilidad del clima en Europa, donde teme volar 13 horas para encontrarse con olas de calor superiores a las de Singapur, ha decidido priorizar destinos frescos. Esta decisión personal es el reflejo de una tendencia global que los expertos en viajes han denominado “coolcations” o vacaciones frescas.
El fenómeno no es casual. Según la Organización Meteorológica Mundial, el continente asiático se está calentando al doble de velocidad que el resto del mundo. En Japón, el incremento de las temperaturas ha llevado a la creación del término “kokusho-bi”, que se traduce como “día de calor cruel”. El verano pasado, Japón registró sus cinco días más calurosos y un máximo histórico de 41,8 °C, coincidiendo con un récord de visitantes internacionales.
La crisis climática también ha impactado severamente a Europa. El mes pasado, Francia sufrió una “cúpula de calor” con temperaturas que alcanzaron los 40 °C, lo que llevó a las autoridades de París a solicitar que no se vendiera alcohol durante el festival Fête de la Musique para evitar deshidrataciones y golpes de calor. De igual manera, España, el Reino Unido y Suiza registraron máximas históricas, obligando a restringir horarios o cerrar atracciones al aire libre.
Ante este escenario, la industria turística se está adaptando. La plataforma Get Your Guide ha reportado un aumento del 30 % en las reservas de actividades nocturnas, con un incremento del 70 % específicamente en el mercado asiático. Las experiencias ahora se concentran entre las 17:00 y las 21:00 horas, incluyendo recorridos nocturnos por el santuario Fushimi Inari en Kioto, paseos al atardecer por el río Mekong en Tailandia o tours de fantasmas en Seúl.
Takao Nishina, responsable de Get Your Guide para Japón y Corea del Sur, señala que muchos viajeros, especialmente los primerizos, están dispuestos a soportar el calor extremo para completar sus itinerarios. Por ello, la empresa trabaja en trasladar actividades, como las clases de cocina, a espacios cerrados o programar visitas guiadas en estadios de sumo durante las horas de mayor insolación.
Otros viajeros, como Brian Yung, profesional del marketing de Hong Kong, han adoptado las “coolcations” de forma inconsciente. Yung ha sustituido las grandes metrópolis como Tokio y Osaka por regiones montañosas más pequeñas como Yamagata, además de visitar Finlandia, Dinamarca y Canadá para escapar de la humedad.
Esta migración de turistas está beneficiando a regiones que anteriormente no eran el foco principal del verano. Raymond Rastegar, profesor de hostelería en la Universidad Griffith de Australia, indica que lugares como la Isla Sur de Nueva Zelanda, Mongolia, Kazajistán, Tasmania y la isla japonesa de Hokkaido están experimentando un auge turístico. Mongolia, por ejemplo, reportó un aumento del 33 % de visitantes en el primer semestre de 2026, mientras que Tasmania registró en 2025 su temporada invernal más concurrida con 250.000 visitantes.
Sin embargo, el cambio climático también trae complicaciones operativas. Namgyal Sherpa, director ejecutivo de Sherpa Hospitality Group en Nepal, advierte que la variabilidad climática y los cambios en los patrones de los tifones están transformando la planificación. Ahora, hoteles como el Shinta Mani Mustang deben realizar evaluaciones de riesgo constantes, ya que algunas rutas de senderismo quedan inaccesibles por la crecida de los ríos.
Finalmente, Rastegar advierte sobre el “turismo de última oportunidad”, donde los viajeros visitan lugares amenazados por la erosión o el blanqueamiento de corales, como las Maldivas o la Gran Barrera de Coral, antes de que desaparezcan. Para los expertos, el cambio climático ya no es un problema de unos pocos destinos aislados, sino una realidad global que obliga a todas las regiones a integrar la gestión climática en sus estrategias de competitividad turística.


