Durante dos semanas consecutivas, la vida de Pricher Marín se tiñó completamente de negro. Desde el momento en que los terremotos azotaron Venezuela el pasado 24 de junio, la mujer decidió que ninguna prenda de otro color formaría parte de su vestimenta, convirtiendo su ropa en un reflejo externo del duelo y la angustia que atravesaba su corazón. Sin embargo, este miércoles, Marín tomó la decisión de romper ese ciclo de luto para acudir a una cita cargada de gratitud en el Aeropuerto Internacional Juan Santamaría.
La ciudadana venezolana, quien ha hecho de Costa Rica su hogar desde hace 12 años, eligió vestir una camisa de color claro para recibir a los 16 integrantes de la Cruz Roja costarricense que regresaban al país tras haber participado activamente en las labores de rescate en La Guaira, Venezuela. Acompañada por su esposo, Claudio Barreto, Pricher acudió al aeropuerto no en busca de atención mediática ni fotografías, sino con el único propósito de expresar un agradecimiento sincero a quienes cruzaron el continente para intentar salvar vidas.
A pesar del cambio en su vestimenta, Marín fue enfática al señalar que el uso de colores claros no implica que el dolor haya desaparecido. Con la voz entrecortada por la emoción, relató que los primeros días tras la noticia fueron sumamente difíciles y que el sentimiento de duelo sigue presente. Para ella, el cambio de ropa fue un acto simbólico para reconocer la labor de los rescatistas, aunque el peso de la tragedia continúe acompañándola.
La tragedia en La Guaira ha golpeado directamente a su círculo familiar. Aunque Pricher y su familia inmediata sobrevivieron, varios de sus primos perdieron sus viviendas debido a la magnitud de los sismos que destruyeron gran parte de la zona. Actualmente, estos familiares se encuentran en una situación precaria, viviendo dentro de sus vehículos al no tener un techo donde refugiarse. Según describió Marín, aunque sus parientes están estables, no se encuentran bien, subrayando que Venezuela atraviesa un duelo nacional que impulsó el deseo de la pareja de asistir al aeropuerto.
Vivir la catástrofe desde la distancia ha representado para Pricher una lucha constante entre la impotencia y la angustia. A pesar de manifestar que Costa Rica ha sido un país generoso que les abrió las puertas "divinamente", recalcó que Venezuela sigue siendo una parte fundamental de su identidad y de su cotidianidad, manteniendo llamadas diarias y un vínculo inquebrantable con su familia y su tierra. El impacto emocional fue tal que Marín, quien se desempeña como docente, se vio obligada a dejar de impartir clases durante varios días, ya que sentía que su estado anímico no le permitía brindar la atención adecuada a sus alumnos.
Por su parte, Claudio Barreto, esposo de Pricher, posee una perspectiva profundamente marcada por la experiencia. Antes de emigrar a Costa Rica, Barreto fue rescatista voluntario en Venezuela y participó en las labores de atención durante la tragedia de Vargas en 1999, una de las catástrofes naturales más devastadoras en la historia de ese país. Para él, observar la devastación actual de La Guaira ha sido como experimentar un "deja vu", reviviendo una historia de dolor que lamentablemente se repite.
Ante la frustración de no poder estar físicamente en la zona de desastre trabajando junto a sus compatriotas, Barreto intentó brindar apoyo desde Costa Rica enviando recursos económicos a grupos voluntarios de rescate para facilitar su movilización inmediata. El exrescatista explicó que, con el paso de los días, la esperanza de hallar sobrevivientes disminuye drásticamente, ya que la mayoría de las estructuras han sido revisadas. En la actualidad, las labores se han centrado principalmente en la recuperación de cuerpos para que las familias puedan despedirse de sus seres queridos.
Barreto expresó su preocupación por el futuro de la zona afectada, asegurando que la reconstrucción tardará años. Destacó la desesperante situación de familias que carecen incluso de los recursos básicos para recuperar los cuerpos de sus difuntos, lo que hace que la posibilidad de reconstruir una vivienda sea un objetivo lejano y complejo.
Para Pricher Marín y Claudio Barreto, esperar durante horas el regreso de los cruzrojistas fue la manera de canalizar su dolor y transformarlo en gratitud. Para ellos, el hecho de que un grupo de costarricenses se haya movilizado hasta Venezuela en medio de la tragedia devolvió una chispa de esperanza en un momento de profunda oscuridad nacional.

