A poco más de un año de las próximas elecciones nacionales, la relación entre el presidente Javier Milei y la vicepresidenta Victoria Villarruel ha vuelto a mostrar signos de un deterioro profundo. La tensión quedó expuesta de manera tangible en la víspera del 9 de Julio, durante el traslado a la provincia de Tucumán para las celebraciones del aniversario de la Independencia, donde el mandatario y su compañera de fórmula electoral viajaron en aviones separados.
El distanciamiento logístico fue evidente. Mientras que el presidente Javier Milei y su comitiva se desplazaron en un vuelo oficial, específicamente un Embraer ERJ-140LR perteneciente a la Fuerza Aérea, fuentes cercanas a la vicepresidenta confirmaron que Victoria Villarruel optó por realizar el viaje en un vuelo comercial. Este hecho se produce en un contexto de creciente fricción interna, que no solo se manifiesta en la logística de los viajes, sino también en fuertes discrepancias ideológicas y políticas.
Las diferencias quedaron al descubierto a través de un mensaje sugestivo publicado por Villarruel horas después de que el presidente anunciara la intención de implementar un proyecto de "shutdown" gubernamental, un mecanismo similar al que rige en los Estados Unidos. En una nota difundida por el diario La Gaceta de Tucumán poco antes de su llegada a la provincia, la presidenta de la Cámara alta escribió: "Difícilmente podamos hablar de una verdadera libertad si nuestra agenda legislativa se limita a subordinar el diseño de nuestro marco jurídico a normativas o intereses foráneos".
En el mismo escrito, la vicepresidenta realizó un paralelismo con los hechos de 1816, recordando que al firmar el acta de independencia, no solo se rompieron los vínculos con España, sino que se añadió una cláusula para ser independientes "de toda otra dominación extranjera". Villarruel sostuvo que en el siglo XXI Argentina enfrenta una encrucijada que reedita el dilema político de hace más de dos siglos, subrayando que la libertad se encarna en la soberanía concreta de la Nación sobre sus propias decisiones y sus recursos.
Este planteo de Villarruel parece ser una respuesta directa al anuncio realizado por Javier Milei el pasado martes en una entrevista radial con Neura. El presidente explicó que trabaja junto a parte de su gabinete en un proyecto de "government shutdown" como parte de una reforma integral de la Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina (BCRA). El objetivo central de esta medida sería prohibir explícitamente que el Banco Central emita dinero para financiar al Tesoro Nacional bajo cualquier circunstancia.
El funcionamiento del "shutdown" o apagón gubernamental implica la detención automática del Poder Ejecutivo cuando el Congreso no aprueba a tiempo las leyes de presupuesto general o una autorización transitoria de financiamiento. Para avanzar en el diseño técnico de esta propuesta, Milei mantuvo una reunión el martes en Olivos con Luis Caputo, Federico Sturzenegger y Santiago Bausili.
Otro punto de fricción visible en la nota de la vicepresidenta fue su postura sobre los recursos naturales. Villarruel afirmó que estos "no representan un botín de corto plazo para la especulación, sino el motor irrenunciable del arraigo federal, la industrialización y la grandeza nacional", un discurso que se aleja de la línea libertaria y se acerca a retóricas más comunes en sectores del peronismo o la izquierda.
La frialdad entre los dos máximos mandatarios se trasladó también a la agenda de actividades en Tucumán. Se espera que ambos participen en la Vigilia de la Independencia desde las 23 horas de este miércoles, aunque el presidente tiene previsto partir en las primeras horas de la madrugada. Por el contrario, Villarruel permanecerá en la provincia para asistir al acto principal por el 210° aniversario de la Independencia el jueves a las 9.30.
Se prevé que durante la vigilia se repita la dinámica observada en el acto por el Día de la Bandera en Rosario, donde Milei evitó cualquier contacto con su vicepresidenta. En aquella ocasión, Villarruel también mostró su distancia al no aplaudir el discurso presidencial, argumentando posteriormente que se trataba de un "acto patrio" y no de un "acto partidario" donde fuera necesario "aplaudir rabiosamente".

