La transición hacia el nuevo gobierno se encuentra en un punto crítico de análisis público, donde las expectativas de la ciudadanía contrastan significativamente con las proyecciones internas del partido gobernante. Mientras que diversos trascendidos indican que es prácticamente un hecho que la presidencia del Consejo de Ministros recaiga en Luis Galarreta, quien fue electo como primer vicepresidente, los datos recogidos por la firma de encuestas Datum muestran una realidad distinta en la percepción ciudadana.
De acuerdo con el sondeo realizado por Datum, existe una marcada preferencia por un liderazgo en la jefatura del gabinete que no esté vinculado al partido fujimorista. Específicamente, el 61 por ciento de los encuestados manifestó su deseo de que el presidente del Consejo de Ministros sea alguien perteneciente a fuerzas políticas distintas a Fuerza Popular. En contraposición, solo un 25 por ciento de los consultados opina que dicha responsabilidad debería recaer en un integrante de la formación política de la presidenta electa.
Esta tendencia hacia la diversificación política no se limita únicamente al cargo de primer ministro, sino que se extiende a la conformación total del gabinete ministerial. Los resultados de la encuesta revelan que el 73 por ciento de la población considera que el equipo de ministros debe estar integrado por diversas fuerzas políticas o por figuras técnicas independientes. Al desglosar esta cifra, el 39 por ciento se inclina por una composición multipartidista, mientras que un 34 por ciento prefiere que el gabinete esté conformado por personas ajenas a cualquier organización partidaria.
Por el contrario, la opción de un gabinete compuesto exclusivamente por miembros del partido de la presidenta electa cuenta con un respaldo mínimo, alcanzando únicamente el 19 por ciento de las preferencias. Estas cifras sugieren una presión social considerable sobre la futura administración para alejarse de un modelo de gestión cerrado y partidista.
Según el análisis de diversos especialistas, estas inclinaciones ciudadanas hacia una menor participación de Fuerza Popular en el Ejecutivo confirman las advertencias emitidas por la mayoría de los analistas políticos. En este sentido, se sostiene que Keiko Fujimori se encuentra en una posición donde necesita demostrar credibilidad y ejecutar medidas concretas que hagan efectiva su promesa electoral de gobernar para todos los peruanos, independientemente de sus filiaciones políticas.
En cuanto a las expectativas comparativas, la opinión pública se encuentra dividida sobre si la nueva gestión representará una mejora respecto a la administración saliente. Un 42 por ciento de los encuestados cree que el nuevo gobierno será mejor que el del actual presidente, José María Balcázar. Sin embargo, un porcentaje ligeramente superior, el 45 por ciento, mantiene una visión menos optimista; dentro de este grupo, un 25 por ciento considera que el desempeño será igual al actual y un 20 por ciento opina que será peor.
Otro punto focal del sondeo fue la promesa de Keiko Fujimori de gobernar siguiendo la línea de su padre, Alberto Fujimori, quien lideró el país entre 1990 y 2000 mediante una política de mano dura. Sobre este punto, la sociedad muestra una polarización notable. Un 20 por ciento de los encuestados afirmó estar muy de acuerdo con este enfoque, mientras que un 29 por ciento manifestó estar algo de acuerdo. En el lado opuesto, un 27 por ciento señaló estar muy en desacuerdo y un 20 por ciento indicó estar algo en desacuerdo con la implementación de un estilo de gobierno similar al de la década de los noventa.
Finalmente, el sondeo indagó sobre la proyección de la situación general del país durante los cinco años que durará el mandato de Fujimori. En términos generales, predomina un sentimiento de optimismo moderado, ya que el 52 por ciento de los consultados estima que la situación del país mejorará, dividiéndose este grupo entre un 36 por ciento que cree que mejorará mucho y un 16 por ciento que cree que mejorará algo. No obstante, un 40 por ciento de la población es escéptica o pesimista: el 23 por ciento considera que la situación seguirá igual, el 10 por ciento cree que empeorará algo y un 7 por ciento sostiene que el país empeorará mucho.


