Durante una década, Alicia Wolf vivió atrapada en un ciclo de desorientación y confusión médica. Todo comenzó hace diez años, cuando la entonces diseñadora de relojes de 30 años regresó de un viaje al exterior sintiéndose mareada. Aunque inicialmente se atribuyó al desfase horario y a un resfrío, los síntomas nunca desaparecieron. A pesar de visitar a ocho especialistas, incluyendo neurólogos y otorrinolaringólogos, su condición empeoró, desarrollando una sensibilidad extrema al sonido y a la luz que hacía insoportable mirar una pantalla de computadora.
Tras meses de recibir diagnósticos erróneos que sugerían ansiedad o depresión, Wolf finalmente encontró la respuesta a su malestar: migraña vestibular. Esta afección es una forma poco comprendida de migraña que se caracteriza principalmente por el desequilibrio, los mareos y el vértigo, pero que presenta una particularidad crítica: normalmente ocurre sin la presencia de dolor de cabeza. Esta ausencia de dolor es precisamente lo que lleva a muchos médicos a descartar la migraña, complicando significativamente el proceso de diagnóstico.
Según un estudio de 2018, se estima que casi el 3% de los estadounidenses padecen esta condición, aunque Jeffrey Sharon, profesor asociado de otorrinolaringología de la Universidad de California en San Francisco, sugiere que esta cifra podría ser una subestimación. Sharon describe la migraña vestibular como "la enfermedad más común de la que nunca oíste hablar", señalando que el sistema vestibular ha sido, en general, un rincón olvidado de la medicina.
Desde una perspectiva clínica, los expertos definen la migraña vestibular como un trastorno del procesamiento sensorial. Durante un episodio, una actividad cerebral anormal activa el nervio trigémino, el cual libera moléculas denominadas péptidos relacionados con el gen de la calcitonina (C.G.R.P.). Estas moléculas inflaman los vasos sanguíneos cercanos y sensibilizan el nervio, lo que vuelve al sistema nervioso hipersensible a estímulos cotidianos como la luz, los olores o los sonidos. En el caso de la migraña vestibular, esta hipersensibilidad afecta principalmente al sistema vestibular ubicado en el oído interno, el cual es responsable de coordinar el equilibrio, la postura y los movimientos oculares.
El diagnóstico de esta patología es complejo debido a que se encuentra en una "zona gris" entre la neurología y la otología. Con frecuencia se confunde con el mareo postural-perceptivo persistente o la enfermedad de Ménière. De hecho, la migraña vestibular careció de criterios diagnósticos formales hasta el año 2012. Cynthia Ryan, de la Vestibular Disorders Association, advierte que, aunque los especialistas ya están familiarizados con ella, muchos médicos de atención primaria aún no lo están, lo que obliga a los pacientes a visitar múltiples profesionales antes de obtener un diagnóstico certero.
En cuanto a los factores de riesgo, el estudio de 2018 asocia una mayor probabilidad de padecerla con ser mujer, tener menos de 40 años, contar con antecedentes de traumatismos craneales o sufrir de ansiedad y depresión. Margaret Aron, de la Universidad de Columbia Británica, destaca que incluso quienes tuvieron migrañas en la adolescencia y creen haberlas superado siguen siendo susceptibles, ya que el cerebro mantiene esa vulnerabilidad. Los desencadenantes más comunes identificados son la falta de sueño, el estrés y la inflamación.
El tratamiento de la migraña vestibular no sigue un protocolo único, sino que es multidisciplinario e individualizado. Algunos médicos recurren a betabloqueantes, mientras que otros sugieren suplementos como magnesio, vitamina B2 y CoQ10. En el caso de Alicia Wolf, su tratamiento incluyó timolol y lorazepam, además de cambios drásticos en su estilo de vida, como eliminar la cafeína, el alcohol y abandonar un empleo de alto estrés. Gracias a este enfoque, Wolf se encuentra actualmente en remisión.
Los avances recientes en la investigación están arrojando luz sobre la patología. Jeffrey Sharon y Jason Allen descubrieron que la ínsula, el centro cerebral que integra información sensorial con procesos emocionales y cognitivos, presenta hiperactividad en los pacientes con migraña vestibular. Asimismo, el descubrimiento del C.G.R.P. ha permitido el desarrollo de fármacos inhibidores, como el galcanezumab (Emgality) y el Ubrelvy, que han mostrado eficacia en la reducción de los mareos en algunos pacientes, aunque los expertos señalan que los resultados varían y que los triptanes tradicionales tienen poco efecto en esta variante de la migraña.


