En medio de la devastación causada por un doble sismo que sacudió la costa venezolana, una historia de supervivencia y dolor emerge desde los refugios de La Guaira. Eliana García, una joven de 19 años, se enfrentó a un parto imprevisto y riesgoso mientras buscaba protección junto a su familia tras los potentes terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que golpearon la región el pasado 24 de junio.
Para García, el nacimiento de su primer hijo no debía ocurrir de manera natural. Debido a una pelvis estrecha, el cuerpo médico le había indicado que el parto debía ser mediante una cesárea, procedimiento que ya estaba programado para una semana después de la catástrofe. Sin embargo, la naturaleza y la tragedia aceleraron los tiempos. Mientras se resguardaba en un campo de béisbol, evitando las calles donde los edificios se desplomaban como piezas de un dominó, la joven sintió que el líquido amniótico se escapaba y que las contracciones comenzaban a manifestarse.
El escenario era caótico. El campo de béisbol se había convertido en el refugio improvisado de decenas de personas que huían de los derrumbes. En medio de la estampida, la familia de García logró rescatar una sola sábana, que fue extendida en el suelo para brindar un mínimo de protección a la madre primeriza. Según relató la joven a la agencia AFP, la sensación inicial fue confusa, describiéndola como ganas de orinar, hasta que el esfuerzo constante le hizo comprender que el bebé estaba en camino.
La madrugada del 25 de junio, el entorno era desolador. La ciudad costera, que usualmente celebraba las festividades de San Juan, se había transformado en un hervidero de gritos, llantos y desesperación. Socorristas escalaban ruinas para rescatar a personas atrapadas y motocicletas zigzagueaban entre los escombros. En este contexto, Julia Di Giuseppe, cuñada de Eliana, salió descalza y a oscuras en busca de ayuda médica, pero sus súplicas fueron ignoradas inicialmente por la magnitud de la emergencia.
La ayuda llegó de manera fortuita cuando Di Giuseppe encontró a una paramédica que, al igual que el resto de los ciudadanos, se encontraba buscando a sus propios familiares entre los escombros. Sin acceso a agua, sin guantes y contando únicamente con alcohol en gel, la profesional de la salud asistió el parto iluminada solo por las linternas de los teléfonos móviles que aún conservaban batería.
Rodeada por personas que, por unos instantes, olvidaron sus propias tragedias personales para apoyar a la joven, Eliana dio a luz entre las réplicas del sismo. El bebé, un varón que sorprendió a la familia ya que esperaban una niña, nació en silencio. Tras un momento de tensión, una salva de aplausos de los presentes pareció animarlo a llorar. Ante la falta de instrumental médico, la familia recurrió a la improvisación: los presentes se quitaron las ligas o "colitas" del cabello para amarrar el cordón umbilical en dos extremos, utilizando alcohol y unas tijeras de uñas para realizar el corte.
Tras el nacimiento, el traslado de Eliana y el recién nacido fue precario, siendo transportados primero en brazos, luego en una carreta motorizada y finalmente en una ambulancia hacia un hospital público. El centro asistencial, desbordado por la cantidad de heridos provenientes de los terremotos, brindó la atención necesaria, aunque se reportó la falta de vacunas para inmunizar al neonato.
Actualmente, la familia se encuentra reubicada en un colegio público que funciona como refugio en La Guaira, la zona más afectada por el sismo, el cual ya suma más de 3.600 víctimas mortales según cifras oficiales. Sin embargo, la alegría por la llegada del bebé está empañada por una tragedia familiar profunda. Julia Di Giuseppe confirmó el fallecimiento de dos sobrinas, de 14 y 11 años, cuyos cuerpos fueron hallados entre los escombros del edificio donde residían. Las niñas fueron reconocidas por su padre gracias a una pulsera plateada que llevaba la mayor. Además, la madre de las niñas —hermana de Eliana— y un sobrino permanecen desaparecidos.
El bebé ha sido nombrado Gael Jesús. Eliana había planeado llamarlo Daniel Eduardo si era varón, pero decidió optar por el nombre sugerido por su hermana desaparecida, como una manera simbólica de mantenerla presente en la vida de su hijo.

