La historia de Juan Pablo Colque es el relato de una apuesta personal contra las estructuras económicas. Nacido en el Cerro Bellavista de Valparaíso y formado como técnico electrónico en la Universidad Federico Santa María, Colque dedicó dos décadas de su vida a mantener un negocio de servicio técnico, reparaciones y ventas en su ciudad natal. Sin embargo, a pesar de su esfuerzo y de haber logrado expandirse a un local más grande, el emprendedor comenzó a sentir que había alcanzado un techo invisible.
Para Colque, la sensación de estancamiento no era producto de una falta de capacidad personal, sino de un entorno que percibía como limitante. En conversaciones con BioBioChile, el porteño fue enfático al señalar que, en aquel entonces, sentía que el sistema en Chile coartaba el crecimiento. Según su relato, el camino del emprendedor se veía obstaculizado por la presión de los bancos y las financieras, lo que le impedía alcanzar una estabilidad económica real o disfrutar de beneficios básicos, como las vacaciones.
Ante esta frustración, Colque formuló una tesis personal: necesitaba saber si el problema era el sistema o era él mismo. La única forma de comprobarlo, razonó, era salirse de su entorno y probar suerte en otro país. Así, en julio del año 2000, con apenas mil dólares en el bolsillo, una mochila, ropa de cambio y una toalla, aterrizó en el Aeropuerto John F. Kennedy de Nueva York. Su lógica era simple y tajante: si fracasaba en el extranjero, el problema era él; si prosperaba, entonces el sistema chileno era el responsable de su estancamiento.
Los inicios en Estados Unidos fueron crudos. Colque llegó sin contactos y sin dominar el idioma inglés, pasando su primera noche en las bancas del aeropuerto. Tras recibir orientación del personal de aseo, se trasladó al estado de Virginia, donde arrendó una pieza por 300 dólares mensuales. La desesperación apareció rápidamente; tras días de buscar empleo sin ser comprendido por la barrera idiomática y viendo cómo sus ahorros disminuían para cubrir gastos básicos de alimentación y transporte, el chileno estuvo a punto de regresar a su país en menos de tres días.
El punto de giro ocurrió gracias a la intervención de la mujer que le arrendaba la habitación, quien lo instó a buscar trabajo en el mall de Tyson’s Corner. Tras una jornada agotadora de búsqueda, Colque encontró un restaurante mexicano llamado "Baja South Western". El dueño resultó ser un compatriota chileno que, al verlo, lo contrató inmediatamente como mesero. Durante cuatro años, Colque trabajó intensamente en ese local, logrando ahorrar sumas considerables gracias al alto flujo de clientes.
Con el capital reunido, dio el salto al emprendimiento estadounidense comprando un pequeño restaurante en Bethesda, Maryland, por 65.000 dólares, el cual bautizó como "Valparaíso Eterno". No obstante, esta primera experiencia empresarial terminó en fracaso económico hacia el año 2011. Colque reconoce que la falta de experiencia y el haber sido víctima de robos lo llevaron a tocar fondo, al punto de tener que vivir durante dos meses en su automóvil, una Ford Explorer 2006, al no contar con dinero para pagar un alquiler.
Lejos de rendirse, Colque utilizó esa caída como una escuela. Tras regresar a trabajar como mesero en Nueva York y ahorrar durante otros cinco años, decidió abrir un nuevo local en el distrito de Queens: "La Roja de Todos". En este establecimiento, aplicó todas las lecciones aprendidas de sus errores previos. El negocio prosperó rápidamente, pero el éxito trajo un nuevo problema: el local era demasiado pequeño y la falta de estacionamiento hacía que perdiera clientes.
En 2016, el empresario realizó una inversión de 250.000 dólares para trasladar y expandir su restaurante a College Point, en Nueva York. Con un menú centrado en platos típicos como la cazuela, las empanadas y el pastel de choclo, logró consolidar una clientela fiel y atraer a figuras reconocidas como Nicolás Massú, Raquel Argandoña y los humoristas Fabrizio Copano y Diego Urrutia.
Hoy, mirando hacia atrás, Juan Pablo Colque reflexiona sobre la diferencia cultural en el trabajo. Mientras critica que en Chile algunos buscan sacar provecho a costa de otros, destaca que en Estados Unidos encontró una cultura orientada a hacer las cosas bien hechas. Su conclusión es que la rectitud y el esfuerzo a largo plazo son la clave del éxito, cerrando así el círculo de aquella tesis que lo llevó a dejar Valparaíso hace más de 25 años.


