Ante la intensidad del calor que ha azotado a la capital francesa en las últimas semanas, París ha habilitado la apertura de tres zonas diseñadas para nadar en el río Sena. Esta medida llega en un momento crítico para la ciudad, que recientemente registró el día más caluroso de su historia con temperaturas que alcanzaron los 40 grados Celsius a finales de junio. Con la previsión de una tercera ola de calor para la próxima semana, la posibilidad de sumergirse en las aguas del río se presenta como una necesidad para muchos.
A partir de este sábado, tanto turistas como parisinos podrán disfrutar de baños refrescantes por segundo verano consecutivo. Esta acción marca la superación de una prohibición que estuvo vigente durante más de un siglo, transformando una restricción antigua en lo que comienza a percibirse como una nueva tradición estival en la ciudad. Además, la apertura de esta temporada coincide con la conmemoración de los 250 años de amistad entre Francia y Estados Unidos, ofreciendo a los visitantes estadounidenses una oportunidad simbólica de celebrar el 4 de julio sumergiéndose en el Sena.
La relación de París con su río ha sido larga y compleja. Aunque hoy se percibe como una novedad, la práctica de nadar en el Sena comenzó en el siglo XVII de forma informal, con personas que se bañaban desnudas desde las orillas. Esta costumbre fue prohibida en 1716 por razones de decoro público, pero fue sustituida en el siglo XVIII por los llamados baños flotantes: embarcaciones de fondo plano con lonas y escaleras interiores que permitían nadar en áreas delimitadas y seguras.
Durante el siglo XIX, la natación en el Sena evolucionó hacia una actividad social y deportiva. Establecimientos exclusivos como la Piscine Deligny ofrecían clases de natación, cafeterías y restaurantes, llegando incluso a ser sede de competencias en los Juegos Olímpicos de París de 1900. Sin embargo, esta época dorada terminó a principios del siglo XX. Debido a una serie de accidentes y ahogamientos relacionados con el tráfico fluvial, el Gobierno de Francia impuso una prohibición total de nadar en el río en 1923.
A pesar de la prohibición, la Piscine Deligny sobrevivió al convertirse en una piscina flotante con agua filtrada, separada del cauce del río, hasta que se hundió misteriosamente en 1993. No obstante, la verdadera razón del fin de la tradición no fueron las normas, sino la contaminación catastrófica. Para la década de 1970, el Sena funcionaba prácticamente como un colector de aguas residuales, vertiendo más de la mitad de los desechos de la región sin tratamiento, lo que dejó al río biológicamente muerto y con solo tres especies de peces resistentes.
La recuperación del río estuvo marcada por promesas políticas. En 1988, el entonces alcalde Jacques Chirac prometió nadar en el Sena en tres años para demostrar su limpieza, promesa que repitió en 1990 pero que nunca cumplió. Esta situación persistió hasta 2016, cuando la alcaldesa Anne Hidalgo retomó el objetivo como parte de la candidatura para los Juegos Olímpicos de 2024. El proyecto requirió una inversión de más de 1.000 millones de euros y una obra de ingeniería masiva para modernizar el tratamiento de aguas residuales y conectar miles de viviendas a la red de alcantarillado.
La pieza fundamental de este sistema es el depósito de Austerlitz, un cilindro de hormigón subterráneo de 50 metros de diámetro y 30 metros de profundidad. Con capacidad para 50.000 metros cúbicos de agua de lluvia, este depósito evita que el exceso de aguas pluviales y residuales se vierta directamente al Sena durante lluvias intensas, bombeándolas gradualmente hacia plantas de tratamiento. Gracias a esto, los desbordamientos de aguas residuales se han reducido de 15 a aproximadamente dos por año.
Para este verano, la ciudad ofrece tres zonas gratuitas: Bras Marie, ubicada bajo el puente Louis-Philippe cerca de Notre-Dame; Grenelle, que ofrece vistas a la Torre Eiffel y a una réplica de la Estatua de la Libertad; y Bercy, la zona más extensa, ideal para el entrenamiento, con una piscina de 67 metros frente a la Biblioteca Nacional de Francia.
A pesar de los avances, las autoridades advierten que la experiencia difiere de las playas mediterráneas. El agua presenta un tono caqui, pueden aparecer residuos flotantes y el olor no siempre es agradable. Además, se implementa un sistema de banderas: verde para baño permitido, amarilla para precaución y roja para prohibición, esta última activada por condiciones meteorológicas o detección de bacterias como la E. coli mediante pruebas diarias. Aunque el sistema no es perfecto y la bandera roja ha sido frecuente en periodos críticos, el impulso continúa, destacando que la zona de Grenelle albergará próximamente pruebas del Campeonato Europeo de Natación, la primera vez que París organiza dicha competencia desde 1931.


