Portugal se enfrenta a una emergencia climática crítica en el norte del país. Un incendio forestal de grandes proporciones en la zona de Vouzela ha arrasado más de 10.000 hectáreas de terreno desde el pasado jueves, movilizando un despliegue masivo de recursos para intentar contener las llamas.
Hasta el momento, los servicios de emergencia han confirmado que hay al menos nueve personas heridas. Para combatir el avance del fuego, unos 1.100 bomberos trabajan intensamente este sábado en el terreno, enfrentándose a condiciones ambientales extremadamente adversas.
La magnitud del siniestro llevó al gobierno portugués a solicitar refuerzos internacionales a través del Mecanismo Europeo de Protección Civil. En respuesta a esta solicitud, una unidad militar española se ha incorporado a las labores de extinción, sumándose también el apoyo de aviones adicionales especializados en el combate de incendios forestales.
El país atraviesa una intensa ola de calor que dificulta significativamente las tareas de control. Debido a un clima caluroso y seco, con temperaturas que podrían alcanzar localmente los 44 grados centígrados, el servicio meteorológico ha declarado la alerta roja en 13 de los 18 distritos de Portugal.
Esta situación se enmarca en un contexto climático alarmante: Portugal ha registrado este año su verano más caluroso desde 1931. La península ibérica es una de las regiones más expuestas a los efectos del cambio climático, lo que se traduce en sequías prolongadas y olas de calor cada vez más frecuentes. Estos primeros grandes incendios del verano traen consigo el recuerdo de los devastadores fuegos de 2017, que resultaron en la pérdida de más de cien vidas humanas.
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