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Más allá del alcohol: Los hábitos cotidianos que ponen en riesgo la salud del hígado

Más allá del alcohol: los hábitos cotidianos de alimentación y automedicación que ponen en riesgo tu hígado y las claves para protegerlo, según experto.

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Más allá del alcohol: Los hábitos cotidianos que ponen en riesgo la salud del hígado

El hígado es uno de los órganos más vitales y complejos del cuerpo humano, desempeñando funciones que resultan esenciales para la supervivencia y el equilibrio del organismo. Entre sus tareas principales se encuentran la participación activa en el metabolismo de los nutrientes, la producción de proteínas fundamentales, el almacenamiento de vitaminas y la capacidad de procesar y neutralizar sustancias que podrían resultar tóxicas para el sistema. Sin embargo, a pesar de su capacidad de resistencia, existen diversos hábitos y factores ambientales que pueden comprometer seriamente su funcionamiento y elevar el riesgo de desarrollar patologías hepáticas.

Sobre este tema, el cirujano hepático británico Gareth Morris-Stiff ha señalado que, si bien el consumo excesivo de alcohol es ampliamente reconocido como un peligro, no es el único factor que deteriora la salud de este órgano. El especialista advierte que existen otros elementos relacionados con la alimentación, el uso de ciertos medicamentos y la exposición a factores ambientales que pueden provocar daños significativos en el hígado.

Uno de los puntos más críticos destacados por Morris-Stiff es la relación entre la dieta moderna y la salud hepática. El consumo frecuente de alimentos ultraprocesados representa un riesgo considerable, especialmente cuando estos productos forman parte de una dieta caracterizada por un exceso de calorías, grasas poco saludables y azúcares añadidos. De acuerdo con la evidencia científica, este patrón alimenticio no solo favorece el sobrepeso, sino que impulsa la acumulación de grasa en el hígado. Este proceso es uno de los mecanismos principales que conducen al desarrollo de la enfermedad por hígado graso de origen metabólico.

En contraposición a los riesgos de los procesados, el cirujano enfatiza que una alimentación basada en alimentos frescos, tales como frutas, verduras y cereales integrales, contribuye de manera efectiva a reducir el riesgo de padecer estas afecciones. Asimismo, hace un llamado de atención especial sobre la ingesta elevada de azúcares añadidos, haciendo hincapié en las bebidas azucaradas y aquellos productos con un alto contenido de fructosa. Los estudios indican que el consumo excesivo de estos componentes, particularmente cuando se combina con una vida sedentaria y un superávit calórico, potencia la acumulación de grasa hepática.

A pesar de la emergencia de nuevos factores de riesgo metabólicos, el experto recuerda que el consumo prolongado y excesivo de alcohol sigue siendo una de las causas primordiales de daño hepático. Por ello, reducir o evitar totalmente la ingesta de bebidas alcohólicas continúa siendo una de las recomendaciones preventivas más determinantes y efectivas para proteger el órgano.

Otro aspecto alarmante mencionado por Morris-Stiff es la práctica de la automedicación y el uso indiscriminado de suplementos alimenticios. Existe una creencia común de que los productos naturales son inherentemente inofensivos; sin embargo, el especialista advierte que ciertos preparados herbales, vitaminas consumidas en dosis elevadas o productos naturales pueden provocar lesiones hepáticas graves o interactuar negativamente con medicamentos que el paciente ya esté utilizando de forma habitual.

Incluso fármacos de uso común y ampliamente distribuidos, como el paracetamol, pueden convertirse en un peligro para el hígado si se consumen en dosis superiores a las recomendadas o bajo circunstancias específicas de salud. Esto refuerza la necesidad de seguir estrictamente las indicaciones médicas y evitar la autogestión de fármacos.

Respecto a las bebidas denominadas "light", el cirujano aclara que, aunque son factores que merecen atención, la evidencia científica actual no ha demostrado que los edulcorantes autorizados provoquen daño hepático por sí mismos en personas sanas, siempre que se consuman dentro de los límites establecidos. El problema real para el hígado no reside necesariamente en el edulcorante, sino en el exceso global de calorías, grasas insalubres y azúcares que caracterizan la dieta general.

Finalmente, el especialista advierte sobre la vulnerabilidad de las mujeres tras la menopausia. Debido a los cambios hormonales propios de esta etapa y a otros factores vinculados al envejecimiento, aumenta la frecuencia de enfermedades metabólicas, incluido el hígado graso. Por esta razón, se recomienda que las mujeres, especialmente aquellas con antecedentes de hipertensión, diabetes u obesidad, mantengan controles médicos periódicos y adopten hábitos de vida saludables.

En conclusión, los especialistas coinciden en que la protección de la salud hepática requiere un enfoque integral. Las medidas con mayor respaldo científico incluyen mantener un peso saludable, realizar actividad física regular, limitar el alcohol, llevar una dieta equilibrada, evitar la automedicación y consultar siempre a un profesional de la salud antes de iniciar cualquier tratamiento con suplementos o productos herbales.

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