Cuatro meses después de su fallecimiento al inicio del conflicto bélico entre Irán, Estados Unidos e Israel, el régimen iraní organiza un homenaje al líder supremo Alí Jamenei. Se trata de un funeral con una duración de una semana que se desarrollará en cinco ciudades repartidas entre dos países, y en el que se prevé la asistencia de millones de personas. A pesar de las severas dificultades económicas acumuladas durante décadas y el coste de una guerra contra dos de las potencias militares más fuertes del mundo, Teherán ha decidido no escatimar en gastos para llevar a cabo una ceremonia cargada de simbolismo religioso.
Las autoridades han implementado uno de los mayores despliegues logísticos en la historia de la República Islámica. Para gestionar la llegada de los millones de peregrinos que viajarán a lugares sagrados de Irán e Iraq, se ha movilizado a una amplia gama de sectores, incluyendo funcionarios públicos, universidades, sindicatos, bomberos, soldados, trabajadores humanitarios y grupos religiosos de duelo. En el vecino Iraq, donde predomina la mayoría chiíta, también se espera la concurrencia de millones de personas para rendir tributo al ayatola.
Este evento ha sido precedido por más de diez días de una intensa cobertura mediática en Irán, con la difusión de documentales y canciones de homenaje que han desplazado las noticias sobre las conversaciones diplomáticas con Estados Unidos. El objetivo de tal despliegue es enviar un mensaje de resiliencia al mundo y a sus adversarios, demostrando que el régimen no solo sobrevivió a una guerra existencial, sino que busca inmortalizar a Jamenei como un símbolo de resistencia. Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del parlamento y líder de las negociaciones con Washington, describió el evento como una "hazaña épica" destinada a mostrar la grandeza del espíritu de la nación iraní.
El calendario de la ceremonia posee un simbolismo deliberado. El velatorio coincidirá con el 250 aniversario de la Independencia de Estados Unidos y se desarrollará durante el mes islámico de Muharram, periodo asociado en el Islam chiíta con el luto y el martirio, específicamente el del Imam Hussein, figura con quien Jamenei remonta su linaje. Jamenei, quien gobernó durante 37 años con una postura de resistencia hacia Occidente, fue eliminado el 28 de febrero, el primer día de la guerra.
El funeral se ha estructurado como un desfile que recorrerá tres ciudades iraníes y dos santuarios en Iraq. La procesión comenzará el sábado a las 6:00 horas en la Mezquita Imam Jomeini de Teherán. Para mitigar el calor de julio, se han instalado 6.000 aspersores de agua. La capital, de 17 millones de habitantes, enfrentará un operativo de tráfico masivo: los aeropuertos cerrarán, se prohibirá la circulación de vehículos privados cerca de la ruta y se habilitarán 700 aparcamientos. Además, la fuerza paramilitar Basij proveerá cincuenta millones de panes para los asistentes, mientras que la Media Luna Roja ha movilizado 2.500 ambulancias, 21 helicópteros y 100 drones.
Tras la estancia en Teherán, el cuerpo será trasladado a la ciudad santa de Qom y posteriormente volará hacia Nayaf y Karbala en Iraq, antes de su sepultura definitiva en el santuario del Imam Reza en Mashhad. Este traslado transnacional busca reforzar la imagen de la República Islámica como una fuerza revolucionaria sin fronteras.
Un punto crítico de la ceremonia es la posible aparición pública de Mojtaba Jamenei, el nuevo líder supremo e hijo del fallecido. Mojtaba, quien también perdió a su madre y esposa en el mismo ataque, sufrió fracturas y laceraciones faciales y ha permanecido oculto desde febrero, comunicándose solo mediante escritos. Su presencia sería fundamental para consolidar su legitimidad, mientras que su ausencia podría alimentar dudas sobre su estado de salud y el mando real del país.
En el ámbito internacional, la asistencia de líderes mundiales será limitada. Aunque Irán espera a ocho jefes de Estado y doce presidentes de Parlamento, entre los confirmados destacan el presidente de Georgia, Mikheil Kavelashvili, el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, y el vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia, Dmitry Medvedev. Los funcionarios occidentales han sido excluidos de la invitación.
Finalmente, mientras el Gobierno intenta proyectar una imagen de unidad y poder, persiste la indiferencia en sectores de la población. Algunos residentes de Teherán han reportado dificultades cotidianas, como largas colas para obtener combustible, y señalan que muchos ciudadanos han preferido aprovechar los días festivos para irse de vacaciones en lugar de asistir al funeral.

