Un reciente y exhaustivo análisis de ADN ha permitido resolver un enigma que persistió durante siglos sobre las causas del fallecimiento de dos destacados miembros de la familia Médici, quienes fueron los gobernantes de Florencia durante el Renacimiento. El estudio científico ha confirmado que tanto Giovanni como Francesco I de Médici se encontraban infectados con malaria al momento de morir, lo que permite descartar definitivamente la teoría que sugería que habían sido víctimas de un envenenamiento.
Los resultados de esta investigación, que han sido publicados en la revista especializada iScience y difundidos por Live Science, se basan en el análisis minucioso de los restos óseos de los dos nobles. El primer sujeto de estudio fue el cardenal Giovanni de Médici, quien falleció en el año 1562 cuando tenía apenas 19 años. El segundo fue el gran duque Francesco I de Médici, quien murió en 1587 a los 46 años, falleciendo en circunstancias similares a las de su esposa.
El equipo de investigadores logró detectar en los restos la presencia de ADN del ‘Plasmodium falciparum’, un parásito reconocido por ser el causante de la variante más letal de la malaria. Este hallazgo proporciona una base biológica sólida para entender el fin de la vida de estos dos influyentes personajes de la historia europea.
Para contextualizar estos resultados, el estudio señala que la familia Médici, una de las dinastías más poderosas e influyentes de Europa durante la era del Renacimiento, solía frecuentar diversas villas situadas en zonas costeras y pantanosas de la región de la Toscana. Estas áreas geográficas eran focos donde la malaria era endémica, manteniéndose así hasta el siglo XX. Esta exposición constante a entornos propicios para la proliferación del mosquito transmisor explica la vulnerabilidad de los gobernantes ante la enfermedad.
Además de la evidencia genética, los hallazgos científicos coinciden plenamente con los registros documentales de la época. Los informes médicos de la corte describieron que tanto Giovanni como Francesco I padecían lo que se denominaba "fiebre terciana", un síntoma clásico y característico de la malaria, lo que valida la coherencia entre la medicina del siglo XVI y la ciencia genómica actual.
Uno de los puntos más relevantes de este descubrimiento es la resolución de una disputa narrativa que duró siglos. La muerte casi simultánea de Francesco I y su esposa había alimentado persistentes rumores sobre un posible crimen. Se especulaba que el cardenal Ferdinando, hermano de Francesco, podría haber utilizado arsénico para eliminar a los esposos en medio de una prolongada y tensa disputa familiar. Sin embargo, los autores de la investigación sostienen que la evidencia genética es contundente y respalda una causa de muerte natural vinculada a la infección por malaria.
Más allá de resolver el misterio familiar, el estudio ha aportado datos de valor para la ciencia médica. En el caso de Giovanni, los investigadores identificaron una cepa de ‘Plasmodium falciparum’ que era previamente desconocida, la cual presentaba dos mutaciones únicas. Este descubrimiento es fundamental, ya que podría ofrecer nuevas pistas sobre cómo evolucionó y se expandió la malaria a través del continente europeo a lo largo de la historia.
Los científicos han indicado que esta variante específica encontrada en el cardenal parece estar estrechamente vinculada con otras cepas antiguas que han sido halladas en diversas regiones de Europa. De este modo, el análisis de los restos de los Médici no solo cierra un capítulo de intriga dinástica, sino que contribuye al conocimiento global sobre la trayectoria evolutiva de este parásito letal.


