Durante el periodo de la emergencia sanitaria provocada por la pandemia de Covid-19, los servicios de salud en la República Dominicana, al igual que en diversas partes del mundo, concentraron la totalidad de sus esfuerzos y recursos en la detección y el manejo del virus. Esta priorización tuvo como consecuencia directa una reducción significativa en la búsqueda activa de otras enfermedades, lo que a su vez generó una variación notable en el comportamiento y el registro de afecciones que anteriormente se encontraban bajo control.
Ante la interrogante sobre si existió un resurgimiento real de enfermedades tras el fin de la fase crítica de la pandemia, el viceministro de Salud Colectiva del Ministerio de Salud Pública, Eladio Pérez, ha sido enfático al responder que no se trata de un resurgimiento. Según el funcionario, el incremento observado en los casos de ciertas patologías, como es el caso de la tuberculosis, no se debe a una propagación descontrolada nueva, sino que responde en gran medida a la interrupción de los servicios rutinarios durante la crisis y a la posterior recuperación del sistema sanitario, que ahora cuenta con una mayor capacidad diagnóstica.
Esta situación no fue un fenómeno aislado del país. Al inicio de la pandemia, la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS) ya habían emitido advertencias sobre este riesgo. El organismo señaló que al menos 28 países de la región de Las Américas se vieron obligados a reorganizar o interrumpir sus servicios de salud de rutina. Esta medida afectó gravemente la atención de pacientes que padecían enfermedades transmisibles y afecciones crónicas, incluyendo el cáncer, la diabetes y diversas patologías cardiovasculares.
En la República Dominicana, el impacto de esta reorganización se reflejó claramente en las estadísticas oficiales. Datos proporcionados por la Dirección de Epidemiología (Diepi) muestran que varias enfermedades registraron una disminución significativa de casos en el año 2020, cuando se compara con el año 2019, previo al inicio de la emergencia sanitaria.
El dengue es uno de los ejemplos más evidentes de esta tendencia. En 2019, se registraron 20,281 casos, cifra que descendió drásticamente a 3,943 casos en 2020, periodo en el cual se reportaron 36 fallecimientos. Otros indicadores siguieron un patrón similar: la malaria bajó de 1,271 a 816 casos; la leptospirosis disminuyó de 386 a 207; y el tétanos en diversas edades pasó de 40 a 22 casos. Incluso las muertes infantiles mostraron una reducción, bajando de 3,080 en 2019 a 2,408 en 2020.
El viceministro Pérez explicó que estas cifras no necesariamente indican que las enfermedades desaparecieron, sino que se redujo la denominada "búsqueda activa de casos". Esta labor fundamental consiste en el despliegue de personal de salud en las comunidades para realizar levantamientos de personas con síntomas febriles o diarreicos, permitiendo determinar el tipo de enfermedad y anticiparse a posibles brotes. Al detenerse estas brigadas, muchos pacientes no fueron detectados ni registrados.
La tuberculosis fue una de las enfermedades más afectadas por esta reducción de servicios. El funcionario señaló que durante la pandemia muchas personas retrasaron sus consultas médicas y los centros de salud priorizaron la atención del Covid-19, lo que generó un subregistro temporal de la enfermedad. Esta falta de datos en el pasado influye ahora en la percepción actual de un aumento de casos.
Las estadísticas del Servicio Nacional de Salud (SNS) respaldan esta evolución. En 2019 se notificaron 3,923 casos de tuberculosis, cifra que bajó a 2,854 en 2020. Para el año 2021, se observó un incremento alcanzando los 3,590 casos, manteniéndose aún por debajo de los niveles prepandemia. Sin embargo, en el registro más reciente, correspondiente al año 2025, se cerró con un total de 4,472 contagios.
No obstante, Pérez aclaró que este incremento está estrechamente vinculado a la modernización de las herramientas de detección. El viceministro destacó que en la gestión actual se han instalado más de 40 equipos GeneXpert a nivel nacional, los cuales permiten detectar la tuberculosis con mayor precisión y rapidez. Según el funcionario, si no se cuenta con los medios de diagnóstico adecuados, la enfermedad simplemente no aparece en las estadísticas oficiales.
Este fortalecimiento de la Red Nacional de Laboratorios, sumado a una vigilancia epidemiológica más robusta y al acceso a pruebas moleculares, ha permitido que el sistema de salud detecte a más pacientes y pueda iniciar los tratamientos de manera oportuna.
En relación con la lepra, el viceministro aseguró que la República Dominicana mantiene el control de esta enfermedad, registrando niveles de baja endemicidad. Aunque se observó un ligero aumento en la detección tras la pandemia, Pérez reiteró que esto fue consecuencia de la reactivación de los servicios de salud y no de un brote nuevo. Actualmente, los indicadores se mantienen por debajo de un caso por cada 100,000 habitantes.
Para las autoridades sanitarias, la experiencia del Covid-19 dejó una lección fundamental: la interrupción de los servicios básicos de salud impacta directamente en la capacidad de control de múltiples enfermedades. El viceministro concluyó que, aunque el sistema sufrió un impacto severo, también emergió fortalecido, contando hoy con una vigilancia más sensible y una capacidad diagnóstica superior, instando a la población a analizar los datos actuales en su contexto para evitar interpretaciones alarmistas.


