En un testimonio que conmueve por su fuerza y esperanza, Belkys Josefina Barreto García, una mujer de 60 años, relató la angustiante experiencia de haber permanecido atrapada durante 86 horas bajo los escombros de un edificio colapsado en Venezuela. El derrumbe fue consecuencia de una serie de terremotos que afectaron la región, dejando a la mujer sepultada en la localidad de Caraballeda, ubicada en el estado de La Guaira.
El rescate de Barreto García se ha convertido en un símbolo de supervivencia, ya que pasó casi cuatro días enteros en condiciones extremas antes de que los equipos de emergencia lograran localizarla y extraerla con vida. Según los detalles proporcionados por CNN, la mujer describió el entorno en el que se encontraba como un espacio de oscuridad absoluta, donde la desorientación y el miedo eran constantes compañeros.
Al recordar aquellas horas, Belkys Josefina enfatizó que el entorno era totalmente oscuro. “Todo estaba negro (…) Ni siquiera podía ver mis manos“, relató la sobreviviente, describiendo la sensación de claustrofobia al encontrarse atrapada entre dos paredes de concreto y escombros que le impedían cualquier visibilidad o movimiento significativo.
A pesar de la precariedad de su situación, la mujer aseguró que en ningún momento permitió que la desesperación la venciera, manteniendo una fe inquebrantable que fue fundamental para su resistencia psicológica. Barreto García explicó que se mantuvo rezando constantemente, buscando apoyo espiritual para soportar el aislamiento y el dolor. En sus palabras, recurrió a la oración pidiendo ayuda específicamente al Espíritu Santo para que los rescatistas pudieran encontrar su ubicación exacta.
Además de la fe, la sobreviviente implementó una estrategia activa para alertar a quienes buscaban víctimas entre las ruinas. Utilizando un trozo de metal que encontró a su alcance, comenzó a golpear las piedras rítmicamente. Este método de comunicación rudimentario, pero efectivo, fue la herramienta que permitió que los equipos de rescate detectaran que había alguien con vida bajo las capas de concreto.
El momento del contacto fue decisivo. Cuando Belkys comenzó a percibir que las voces y los sonidos de los rescatistas estaban cada vez más cerca de su posición, pasó de los golpes metálicos a los gritos desesperados. “¡Estoy aquí, estoy viva!”, exclamaba la mujer, asegurando su presencia hasta que finalmente el equipo de emergencia logró ubicar el punto exacto de su encierro.
El proceso de extracción fue complejo debido a la naturaleza del derrumbe. Barreto García explicó que no hubo una salida despejada, sino que tuvo que ser rescatada a través de una pequeña abertura que los especialistas lograron abrir. El esfuerzo físico y la estrechez del espacio hicieron que la salida fuera lenta y dificultosa. “Salí de espaldas. Salí poco a poco con mucha dificultad, como un bebé que está naciendo“, describió la mujer, comparando la experiencia con un nuevo nacimiento.
El clímax emocional ocurrió en el instante preciso en que la luz del día volvió a tocar su rostro. Tras 86 horas de oscuridad total, el impacto visual fue abrumador. “Vi la luz, literalmente vi la luz. Y fue entonces cuando empecé a llorar. Renací“, afirmó emocionada, subrayando que aquel momento representó para ella el inicio de una nueva vida.
En cuanto a su estado de salud, los reportes indican que, a pesar del prolongado tiempo que pasó sepultada y las condiciones adversas, Belkys Josefina se encuentra en buenas condiciones generales. No obstante, el derrumbe dejó secuelas físicas inmediatas, incluyendo una lesión en una de sus piernas y diversos moretones en su cuerpo producto del impacto y la presión de los escombros.
Finalmente, el rescate también puso de relieve la solidaridad internacional. A través de redes sociales, se destacó el papel fundamental de los equipos de rescate provenientes de El Salvador, quienes enviaron un contingente de 300 especialistas para apoyar las labores de búsqueda y salvamento en Venezuela. A través de un mensaje dirigido al presidente Nayib Bukele, se expresó el profundo agradecimiento de los venezolanos por este "gesto de hermandad", calificando a los rescatistas salvadoreños como gente maravillosa.


