La tarde de este sábado marca un punto de inflexión crítico en las labores de búsqueda y rescate en Venezuela. Se cumplen tres días completos desde que dos terremotos azotaran el territorio el pasado miércoles, lo que significa que la denominada ventana “dorada” de 72 horas ha llegado a su fin. Históricamente, este lapso de 48 a 72 horas es el periodo predominante para localizar a personas vivas bajo los escombros, ya que, tras este tiempo, las probabilidades de supervivencia disminuyen drásticamente debido a la falta de acceso a fuentes de agua.
A pesar de la severidad del plazo, la esperanza se mantiene entre los equipos de rescate. Diversos estudios sugieren que es posible hallar supervivientes durante los primeros cinco o seis días posteriores al siniestro. David Emmanuel Villa Tejeda, integrante del equipo mexicano de los Topos, destacó que, aunque el panorama es complejo, han enfrentado situaciones previas donde lograron extraer a personas con vida incluso diez días después del colapso.
En la capital, Caracas, Villa Tejeda describió la situación como "difícil". El rescatista explicó que la naturaleza de los sismos —dos eventos sucesivos con apenas un minuto de diferencia y de poca profundidad— provocó la caída de numerosas estructuras, incluyendo edificios muy altos, lo que complica significativamente la localización de sobrevivientes. No obstante, subrayó que la organización de las tareas ha mejorado. Para evitar riesgos adicionales por el peso de los escombros, que podrían provocar nuevos derrumbes, los equipos ahora operan en grupos reducidos de cuatro o cinco personas acompañados por canes de búsqueda.
El estado La Guaira se ha consolidado como la zona más afectada. Allí, el equipo de búsqueda y rescate urbano de Ecuador (USAR ECU), coordinado por el comandante Esteban Cárdenas Varela, jefe de los Bomberos de Quito, ha calificado la región como una "zona de desastre". El contingente ecuatoriano, compuesto por 46 rescatistas y dos canes, cuenta con el apoyo de dos aviones de la Fuerza Aérea Ecuatoriana y seis toneladas de equipamiento, incluyendo drones con sistemas de monitoreo térmico.
En La Guaira, los ecuatorianos han operado en sectores como La Guzmania y Caraballeda. En este último punto, el equipo tuvo conocimiento de una posible persona con vida, pero el acceso resultó imposible debido al colapso de puentes en la ruta. Cárdenas Varela informó que su equipo puede operar de manera ininterrumpida durante siete días antes de evaluar la necesidad de mayor apoyo con las autoridades locales.
Paralelamente, el equipo de rescate de El Salvador ha reportado resultados positivos. El rescatista Roberto Gavidia informó que su delegación se organizó en siete equipos simultáneos, apoyados por unidades caninas y drones. Entre sus logros destacan el rescate de Camila Sofía Medina Rivas, de 15 años, y su perro Chanel, quienes fueron hallados en el noveno piso de un edificio en Catia La Mar. Asimismo, rescataron a Nayarit Colmenares, de 39 años, quien se encontraba atrapada en un sexto piso. Además de las labores de rescate, El Salvador ha enviado nueve toneladas de medicamentos y personal de salud para reforzar los hospitales venezolanos, los cuales se encuentran desbordados y con una infraestructura previamente debilitada.
Por su parte, el Gobierno de Colombia desplegó al equipo USAR COL, compuesto por 63 rescatistas y cuatro binomios caninos, también en La Guaira, donde se concentra el mayor número de colapsos. La Cancillería colombiana confirmó el rescate exitoso de un niño de 11 años, quien fue extraído con vida tras seis horas de arduo trabajo. La misión colombiana tiene prevista una permanencia de 10 días en el país.
El balance oficial de la tragedia hasta el sábado por la tarde es devastador: más de 1.400 personas fallecidas y más de 3.200 heridas. Para atender la emergencia, se han desplegado más de 30.000 efectivos, incluyendo militares, policías, rescatistas, médicos, paramédicos y psicólogos.
Sin embargo, el peligro persiste. Loyce Pace, directora de la Cruz Roja para las Américas, alertó sobre la frecuencia de las réplicas, que se han vuelto constantes y generan temor tanto en la población como en los voluntarios. Estas réplicas dificultan el ingreso a las comunidades para evaluar daños y representan un riesgo letal para quienes intentan regresar a sus hogares, ya que existen edificios que continúan derrumbándose. Debido a esta inseguridad estructural, muchas personas permanecen durmiendo a la intemperie mientras se habilitan refugios temporales.


