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Sudamérica vira a la derecha: Brasil será la prueba definitiva para Lula en 2026

El panorama político en Sudamérica se tiñe de nuevos colores en 2026. Colombia y, probablemente, Perú se sumarán a lo ya ocurrido en Chile, con la victoria en elecciones de candidatos conservadores que reemplazarán a figuras vinculadas a la izquierda elegidas anteriormente. Esto hace inevitable preguntarse por la próxima contienda presidencial en el continente, precisamente la más grande en territorio y número de votantes: ¿será Brasil la excepción o la confirmación de esta ola de derecha?

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Sudamérica vira a la derecha: Brasil será la prueba definitiva para Lula en 2026
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Sudamérica experimenta un giro conservador hacia 2026, con victorias de la derecha en Chile y Colombia y una probable tendencia similar en Perú. Este cambio está impulsado por la demanda de seguridad y el modelo de mano dura de Nayib Bukele, sumado a la influencia de Estados Unidos mediante la Doctrina Donroe de Donald Trump y Marco Rubio. El foco ahora está en Brasil, donde Luiz Inácio Lula da Silva busca la reelección en un entorno regional adverso. Mientras la oposición brasileña adopta discursos conservadores, Lula intenta resistir la marea que ya ha impactado a Argentina y Bolivia. Las urnas de octubre definirán si Brasil es la excepción o la confirmación final de la ola de derecha en el continente.

El mapa político de Sudamérica atraviesa una transformación significativa rumbo a 2026, caracterizada por el ascenso de candidaturas conservadoras que desplazan a figuras vinculadas a la izquierda. Colombia y, con alta probabilidad, Perú, se suman a la tendencia ya consolidada en Chile, donde los sectores de derecha han logrado imponerse en las urnas. En este escenario, la atención se centra ahora en Brasil, la nación con mayor territorio y número de votantes del continente, planteando la interrogante de si el país será la excepción a esta tendencia o la confirmación de una ola regional de derecha.

El análisis de los contextos electorales recientes en Latinoamérica revela que los márgenes de victoria se han vuelto considerablemente más ajustados. En Colombia, por ejemplo, el candidato derechista Abelardo de la Espriella logró derrotar al senador de izquierda Iván Cepeda —quien contaba con el respaldo del presidente Gustavo Petro— por una diferencia menor a un punto porcentual. Una dinámica de incertidumbre similar se observa en Perú, donde se prevé que la conservadora Keiko Fujimori sea elegida presidenta tras tres intentos electorales, a pesar de que el candidato izquierdista Roberto Sánchez ha impugnado el escrutinio, cuyos resultados oficiales se esperan para el mes de julio.

En contraste con estas disputas cerradas, Chile presentó un panorama distinto con la victoria contundente de José Antonio Kast. El candidato ganó con facilidad y contó con el apoyo de la mayoría de sus contrincantes frente a Jeannette Jara, quien era la candidata respaldada por el expresidente de izquierda Gabriel Boric.

Un factor determinante en estas victorias ha sido el eje de la seguridad. Los candidatos ganadores han centrado sus campañas en la lucha contra la delincuencia, una preocupación que ha escalado no solo en países habituados a la violencia urbana como Colombia o Brasil, sino también en naciones donde el crimen no era una amenaza tan percibida hasta hace poco, como es el caso de Chile. El discurso de "mano dura" ha resultado sumamente efectivo; tanto De la Espriella como Kast utilizaron como referencia el modelo de megacárceles implementado por Nayib Bukele en El Salvador.

Esta influencia de Bukele ya ha saltado la frontera brasileña y es citada por quienes aspiran a la presidencia en 2026. Figuras de la oposición al gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, como el senador Flávio Bolsonaro —hijo del expresidente Jair Bolsonaro—, el exgobernador de Minas Gerais, Romeu Zema, y Renan Santos, representante de un partido nuevo con fuerte presencia en redes sociales, han recurrido al modelo salvadoreño en sus propuestas.

A este panorama interno se suma la influencia externa de Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump. A través del Departamento de Estado y el mando de Marco Rubio, se ha impulsado lo que analistas internacionales denominan la "Doctrina Donroe", una reinterpretación de la política exterior para retomar el liderazgo estadounidense en América, siguiendo los principios del presidente James Monroe del siglo XIX. En Colombia, Trump y Rubio buscaron obtener beneficios cuando la victoria de De la Espriella se perfiló como el resultado más probable entre la primera y la segunda vuelta.

En Brasil, la situación es más compleja. Las encuestas actuales muestran una ligera ventaja para la campaña de reelección de Lula, lo que ha llevado a Trump a mantener una postura pública ambigua. No obstante, Estados Unidos ha tomado medidas que incomodan al gobierno brasileño, como la designación de facciones criminales locales como organizaciones terroristas extranjeras. Mientras Flávio Bolsonaro y la oposición apoyaron la medida, Lula se manifestó en contra.

Los datos del instituto Datafolha reflejan una contradicción en la opinión pública brasileña: un 59 % de los encuestados está de acuerdo, total o parcialmente, con la designación estadounidense contra el crimen. Sin embargo, el 74 % se opone a que agentes de Estados Unidos realicen acciones contra facciones criminales sin el conocimiento previo del gobierno de Brasil.

La tensión diplomática se ha hecho evidente en las declaraciones de Marco Rubio, quien en una audiencia del Senado mencionó que América Latina se está alineando más con Estados Unidos, pero señaló excepciones claras: Cuba, Venezuela, Nicaragua, Colombia y Brasil, subrayando que el ciclo electoral brasileño ya ha comenzado. Lula respondió calificando a Rubio como un “latinoamericano frustrado”. A pesar de la retórica pública, el gobierno brasileño manifiesta preocupación privada por las estrategias digitales organizadas para influir en la opinión pública local.

Lula enfrenta este desafío con una ventaja estratégica sobre otros líderes de izquierda en la región: su propia candidatura a la reelección. Aunque su índice de aprobación actual es el más bajo de sus tres periodos en el Palacio de Planalto, el líder octogenario aún mantiene un atractivo significativo en diversos sectores sociales y regiones. Además, la historia electoral de Brasil muestra que los presidentes que buscan la reelección suelen mejorar su aprobación, tal como ocurrió con Bolsonaro en 2022 antes de su derrota.

El contexto regional es adverso para el líder del Partido de los Trabajadores, quien fue protagonista de la "ola rosa" de gobiernos de izquierda. El ascenso de Javier Milei en Argentina y de Rodrigo Paz en Bolivia representan hitos de este giro a la derecha. Por ello, las urnas de octubre en Brasil serán la prueba definitiva para determinar si la resistencia de Lula podrá frenar la ola conservadora que recorre el continente.

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