El mercado global de energía ha dejado en evidencia la fragilidad de las predicciones de los analistas más respetados de la industria. Durante los últimos meses, diversos expertos y medios de comunicación anticiparon un escenario catastrófico en el que los precios del petróleo alcanzarían los 150 o incluso los 200 dólares por barril, impulsados por el cierre del Estrecho de Ormuz. Sin embargo, la realidad fue muy distinta: el crudo Brent nunca superó los 115 dólares y el petróleo estadounidense se mantuvo por debajo de los 113 dólares.
El shock de suministro fue calificado como el mayor de la historia, resultando en un corte de aproximadamente 13 millones de barriles por día, lo que representa una quinta parte del suministro mundial. Según estimaciones de JPMorgan, la economía global perdió un total de 1.600 millones de barriles de suministro entre los meses de febrero y agosto. A pesar de esta magnitud, los precios de la gasolina y el diésel no lograron superar sus máximos registrados en 2022.
La razón detrás de este fenómeno radica en la flexibilidad del capitalismo y la complejidad del mercado. Peter Taylor, jefe de estrategia de materias primas en Macquarie Group, señala que los mercados suelen resolver los problemas de manera más eficiente de lo que se anticipa. Varios factores críticos actuaron como amortiguadores para evitar que los precios se dispararan.
En primer lugar, el mundo inició el conflicto con una reserva considerable de 407 millones de barriles de petróleo utilizable, según JPMorgan. A esto se sumó una liberación récord de 400 millones de barriles provenientes de las reservas estratégicas de la Agencia Internacional de Energía (AIE). Asimismo, la decisión del presidente Donald Trump de levantar las sanciones al petróleo ruso e iraní inyectó cientos de millones de barriles adicionales al mercado, contribuyendo a que los precios cayeran abruptamente tras el acuerdo con Irán.
Otro factor sorprendente fue el flujo de petróleo "furtivo". Natasha Kaneva, jefa de estrategia global de materias primas de JPMorgan, destacó que aproximadamente 2 millones de barriles por día lograron salir del golfo Pérsico a través de barcos que apagaron sus transpondedores para evitar la detección, desafiando la narrativa del cierre total del estrecho.
Por el lado de la demanda, ocurrió un fenómeno que pocos predijeron: una caída sustancial en el consumo. JPMorgan estima que las consecuencias de la guerra de Irán destruyeron la demanda de 800 millones de barriles. China fue la protagonista de este descenso, reduciendo su demanda en 2,6 millones de barriles diarios debido a un cambio masivo hacia plantas de energía a carbón y en un millón de barriles adicionales gracias a la transición hacia vehículos eléctricos, según la AIE.
Kaneva subraya que esta distinción es vital: mientras que la caída de las reservas suele disparar los precios debido a la competencia entre refinerías, la caída de la demanda tiende a desplomarlos.
Además, la producción aumentó en regiones como Brasil y Venezuela, mientras que Estados Unidos actuó como proveedor de último recurso, mitigando la escasez de diésel en Australia y la crisis de combustible para aviones en Europa.
Hacia el futuro, existe la expectativa de que el mercado reciba más oferta de la necesaria. La AIE prevé un excedente mundial de unos 5 millones de barriles por día el próximo año. Se espera que Arabia Saudita incremente su producción para impulsar su recuperación económica y que los Emiratos Árabes Unidos, tras su salida de la OPEP, aumenten significativamente su volumen de crudo.
No obstante, persisten riesgos operativos. Los inventarios en Cushing, Oklahoma, cayeron por debajo de los 19 millones de barriles, el nivel más bajo desde 2014, situándose por debajo de los niveles de estrés operativo. Alan Gelder, de Wood Mackenzie, advierte que aunque la producción previa a la guerra podría regresar en un 90% en seis meses, volver a la normalidad total tomará mucho más tiempo. Además, China y otros países necesitarán reabastecer sus inventarios, lo que podría sostener la demanda hasta el año 2027, limitando el margen de caída de los precios a partir de ahora.


