Una serie de mensajes contradictorios entre la Jefatura de Gabinete y la conducción del bloque oficialista en el Senado ha generado un clima de confusión y malestar interno en el Gobierno Nacional. El conflicto se disparó el pasado martes, cuando Manuel Adorni publicó un tuit a las 20 horas manifestando su disposición para presentarse el próximo 2 de julio ante el Honorable Senado de la Nación con el fin de brindar el informe de gestión que establece la Constitución Nacional.
Esta declaración pública chocó frontalmente con las afirmaciones previas de Patricia Bullrich. Minutos antes de la publicación de Adorni, la jefa del bloque de La Libertad Avanza (LLA) había dejado en claro que el jefe de Gabinete no asistiría a la Cámara Alta. Consultada por el diario Clarín antes de que el funcionario se expresara en redes sociales, Bullrich ratificó su postura, argumentando que la presentación no tendría sentido ya que se convertiría en una "interpelación de hecho" y representaría un desgaste innecesario. La exministra de Seguridad aseguró que existía un acuerdo previo para que Adorni no asistiera, habiendo coordinado esta decisión con la Jefatura de Gabinete y con Karina Milei.
La aclaración de Adorni ha generado desconcierto tanto en el oficialismo como en la oposición. Colaboradores cercanos al funcionario intentaron matizar la situación, señalando que la decisión final recae en la Cámara Alta y que Manuel simplemente se puso a disposición del cuerpo legislativo, quedando a la espera de que el Senado acepte o rechace su carta. Por su parte, jefes de bloque que participaron en la reunión de labor parlamentaria indicaron que, si algún senador pidiera una moción para votar que Adorni brinde el informe obligatorio según el artículo 101 de la Constitución, la cuestión podría resolverse con una mayoría simple.
Sin embargo, el episodio ha dejado al descubierto profundas fisuras en la mesa política del Gobierno. Fuentes cercanas a dicho espacio manifestaron su enojo con Adorni, señalando que su accionar interrumpió la implementación del nuevo equipo de comunicación liderado por el flamante vocero Alejandro Ravier y el secretario Fabián Fernández. Desde el entorno del poder mileísta criticaron la falta de inteligencia en la estrategia del funcionario, afirmando que mientras el equipo busca cambiar la agenda pública, Adorni los conduce nuevamente hacia el mismo foco de conflicto.
En el seno del entorno de Bullrich, la reacción es de incredulidad y molestia. Consideran que el tuit del jefe de Gabinete arruinó la estrategia de "sacarlo de escena" para evitar que fuera "masacrado" en el recinto. Simultáneamente, en la Casa Rosada existe una mirada desconfiada hacia la exministra de Seguridad, sugiriendo que sus declaraciones públicas solo sirvieron para aumentar la presión sobre Adorni y "enterrarlo más".
Desde el bloque del PRO, la postura es crítica. Martín Goerling adelantó que el partido pedirá que Adorni sea interpelado en la sesión del 2 de julio, recordando que ya presentaron un proyecto de interpelación que se encuentra en la orden del día. Goerling fue tajante hace una semana al afirmar que Adorni debería dar un paso al costado y que el Presidente debería pedirle la renuncia, acusándolo de haber mentido a todos. No obstante, el PRO mantiene una posición ambivalente, ya que aunque cuestionan al funcionario, han manifestado que no desean prestarse al "show del kirchnerismo".
La posibilidad de lograr una interpelación formal enfrenta un obstáculo técnico: requiere una mayoría de dos tercios para evitar el paso por comisión. En este escenario, el rol de tres gobernadores aliados —Gustavo Sáenz (Salta), Raúl Jalil (Catamarca) y Osvaldo Jaldo (Tucumán)— resulta determinante. Estos mandatarios, referidos en el PJ como "peronistas con peluca", habrían mantenido reuniones con el ministro de Economía Luis Caputo y Diego Santilli para gestionar fondos frescos. Según fuentes legislativas, estos gobernadores se resisten a apoyar la interpelación para evitar que el Presidente pueda victimizarse políticamente.
En paralelo a estas tensiones, la relación entre el Presidente y Mauricio Macri también ha mostrado signos de deterioro. El mandatario provocó al expresidente en un discurso en la Fundación Faro, donde recordó que Macri ostenta el "récord de defaultear en pesos", complicando aún más la articulación política en un momento de máxima fragilidad legislativa.

