La salud cognitiva de los adultos mayores es un tema que requiere una atención especializada y un enfoque libre de prejuicios. De acuerdo con especialistas del sector salud, es fundamental comprender que los síntomas presentados por las personas en edad avanzada no deben atribuirse automáticamente al proceso natural de envejecimiento. La realización de un diagnóstico oportuno es la herramienta principal para brindar una mejor calidad de vida tanto al paciente como a su núcleo familiar.
En muchos casos, existen manifestaciones que son ignoradas o minimizadas por el entorno cercano. El hecho de perder objetos constantemente, repetir las mismas preguntas de manera recurrente o presentar cambios repentinos en el comportamiento no son necesariamente consecuencias normales de la edad. Estas señales pueden ser alertas críticas de una demencia, una condición médica que afecta de manera progresiva la memoria, el pensamiento y la capacidad general para ejecutar actividades cotidianas que antes resultaban sencillas.
En el contexto asistencial, el Servicio de Geriatría del Hospital Nacional Dos de Mayo (HNDM), perteneciente al Ministerio de Salud (Minsa), ha registrado una demanda significativa de atención. Actualmente, este servicio atiende a un promedio de 100 pacientes cada mes. De este grupo, aproximadamente el 40 % presenta algún tipo de demencia o deterioro cognitivo, lo que evidencia la prevalencia de estas condiciones en la población adulta mayor que acude al nosocomio.
Para hacer frente a esta realidad, el Hospital Nacional Dos de Mayo ha implementado un equipo multidisciplinario especializado en la atención integral de los adultos mayores. Este equipo se encarga de proporcionar una evaluación exhaustiva, un diagnóstico preciso y el tratamiento oportuno, con el objetivo central de mejorar la funcionalidad y el bienestar de los pacientes y reducir la carga emocional y física de sus familias.
El Dr. William Solís, jefe del Servicio de Geriatría del HNDM, ha señalado una problemática común en la sociedad: la tendencia de las familias a normalizar los síntomas cognitivos. Existe la creencia generalizada de que los olvidos y la desorientación son parte natural del envejecimiento. Sin embargo, el especialista advierte que detrás de estas conductas podría estar desarrollándose una demencia, enfermedad que impacta directamente en la memoria, el razonamiento y la capacidad de las personas para desenvolverse de manera autónoma en su vida diaria.
Entre las primeras señales de alerta que deben ser observadas se encuentran los olvidos previos y repetitivos. Ejemplos claros de esto son la pérdida frecuente de objetos de uso cotidiano o la tendencia a realizar la misma pregunta varias veces en un corto periodo de tiempo. Asimismo, el Dr. Solís destaca que no solo se trata de fallos de memoria; también pueden presentarse cambios bruscos de conducta, tales como irritabilidad, conductas agresivas o síntomas depresivos, los cuales alteran severamente la calidad de vida del paciente y generan tensiones en el entorno familiar.
Un punto fundamental aclarado por el especialista es la terminología utilizada. El Dr. Solís precisó que el concepto de “demencia senil” es incorrecto, a pesar de que sigue siendo un término muy difundido en el lenguaje coloquial. Lo técnicamente correcto es hablar de demencia, ya que esta no es una sola enfermedad, sino un término general que engloba diferentes tipos de trastornos cognitivos. Entre ellos se encuentran el Alzheimer, la demencia vascular, la demencia por cuerpos de Lewy y la demencia frontotemporal, cada una de las cuales posee características particulares y evoluciones distintas.
Otro signo que frecuentemente pasa desapercibido es la alteración de los patrones de sueño. Se ha observado que algunas personas mayores pueden despertarse durante la madrugada con la convicción de que ya es hora de desayunar o de iniciar sus actividades habituales. En etapas más avanzadas de la enfermedad, los pacientes pueden presentar desorientación espacial y temporal, llegando incluso a tener dificultades para reconocer lugares conocidos o personas cercanas a ellos.
Respecto a la edad de aparición, si bien la demencia es más frecuente después de los 65 años, el Dr. Solís advierte que puede manifestarse antes, especialmente en personas que cuentan con antecedentes familiares de la enfermedad. En este sentido, el médico alertó sobre el peligro del "viejismo", definido como la tendencia a asumir que cualquier olvido o cambio conductual es consecuencia inevitable de la edad. Esta actitud prejuiciosa es peligrosa porque puede retrasar la búsqueda de ayuda profesional y, consecuentemente, postergar el inicio de un tratamiento oportuno.
Finalmente, es importante subrayar que, aunque la demencia no tiene una cura definitiva, la detección temprana es crucial. Un diagnóstico precoz permite controlar mejor los síntomas y ayuda a que el adulto mayor conserve su independencia durante más tiempo. Para complementar el tratamiento médico, se recomienda fomentar actividades que estimulen las capacidades cognitivas y funcionales, tales como la lectura, los ejercicios de memoria, el dibujo, la pintura y la actividad física, siempre adaptada a las posibilidades y limitaciones de cada paciente.


