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Quema de gas en el oriente venezolano: un síntoma de ineficiencia institucional y pérdida económica

X e Instagram: @OmarAvilaVzla Varios artículos y noticias sobre el paisaje nocturno del oriente venezolano sobre la quema del gas, van haciendo ruido en los medios y redes de información generando una matriz de opinión sobre la ventaja del «aprovechamiento [...] The post Costo de los de viejos liderazgos, por Omar Ávila appeared first on TalCual .

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Quema de gas en el oriente venezolano: un síntoma de ineficiencia institucional y pérdida económica

El paisaje nocturno del oriente venezolano se ha convertido en el centro de un intenso debate en medios de comunicación y redes sociales debido a la persistente quema de gas. Lo que para algunos sectores podría interpretarse como un simple desajuste técnico o un pasivo ambiental, es analizado por Omar Ávila, secretario general nacional de Unidad Visión Venezuela, como una manifestación cruda de la contradicción económica que atraviesa el país. Según Ávila, este fenómeno visibiliza una profunda ineficiencia institucional y un aislamiento estructural frente a los mercados globales.

En un contexto nacional marcado por necesidades materiales agudas y salarios irrisorios, la existencia de antorchas de gas flaring no puede considerarse un hecho menor. Para el análisis de Unidad Visión Venezuela, este escenario plantea la urgencia de instalar una discusión sobre la gobernanza y el diseño de nuevas políticas públicas. El argumento central es que el país no requiere de soluciones basadas en ideologías, sino de liderazgos con capacidades técnicas para dirigir el Estado y superar la denominada «paradoja de la abundancia», situación en la cual coexisten ingentes recursos naturales con una precariedad social generalizada.

Desde el punto de vista técnico y económico, la destrucción del gas en la atmósfera representa, además del evidente daño ambiental, una pérdida neta de costo de oportunidad para la nación. El aprovechamiento rentista y la comprensión de la soberanía energética se ven comprometidos por esta práctica. Ante esta realidad, Ávila sostiene que cualquier debate sobre la incorporación de inversión privada no debe plantearse desde la retórica de la concesión discrecional, sino desde la urgencia de establecer un marco técnico de mitigación y compensación inmediata para el entorno humano y biológico a corto plazo.

Uno de los puntos críticos señalados es la incompatibilidad entre la arquitectura institucional vigente y los requerimientos del capital internacional. Los proyectos de infraestructura energética, por su naturaleza, exigen horizontes de estabilidad jurídica y predictibilidad de dos o tres décadas para poder amortizar las inversiones fijas. Sin embargo, las dinámicas legislativas recientes en Venezuela han mostrado una tendencia hacia la aceleración de normativas de control fiscal punitivo y una centralización institucional. Esta racionalidad de corto plazo, enfocada en la reacción táctica y la captura inmediata de rentas, choca directamente con la necesidad de estabilidad a largo plazo.

Esta brecha entre el plano formal-legal y la realidad material en el terreno eleva el riesgo país a niveles disuasorios. Al priorizar el control político sobre la claridad regulatoria, las instituciones venezolanas autoinfligen un aislamiento del mercado global. Esta situación reduce la capacidad de agencia del Estado, obligándolo a aceptar condiciones desfavorables en negociaciones asimétricas que, a su vez, perpetúan la opacidad en la gestión de los recursos.

Para resolver este «nudo gordiano», se propone una redefinición del concepto de soberanía. Para Unidad Visión Venezuela, la soberanía no debe entenderse únicamente como el control territorial pasivo o la presencia militar en áreas estratégicas del subsuelo. La tarea pendiente es la elección de liderazgos capaces de negociar en condiciones paritarias, que comprendan cómo materializar transferencias tecnológicas de vanguardia y que aseguren el bienestar de la base social en los nuevos pactos.

La propuesta concreta para revertir esta anomalía no pasa por la expansión del aparato burocrático, sino por una reingeniería del diseño contractual de las concesiones. Ávila sugiere abandonar el modelo tradicional de recaudación de regalías líquidas, las cuales son vulnerables a la opacidad distributiva, y transitar hacia un esquema de «Obras por Regalía Energética Directa» dentro de las Zonas Económicas Especiales.

Bajo este nuevo modelo, las licencias otorgadas a consorcios internacionales para capturar el gas asociado o instalar enclaves tecnológicos, como centros de datos modulares, estarían condicionadas contractualmente a la ejecución inmediata de planes de mitigación. Esto implicaría que las empresas operadoras deban construir y operar directamente infraestructuras críticas para la comunidad, tales como mini-redes eléctricas para hospitales locales, plantas potabilizadoras de agua y la reactivación de cadenas de frío para los productores agrícolas de la región.

En conclusión, el desafío científico e institucional del país radica en decidir si continuará disipando su futuro en las antorchas del Oriente o si articulará las reglas del juego necesarias para preservar la vida y reconstruir las capacidades de la sociedad venezolana a través de políticas públicas transparentes y auditadas mediante sistemas abiertos de datos.

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