El líder supremo de Corea del Norte, Kim Jong-un, ha reafirmado su determinación de continuar el desarrollo de fuerzas nucleares y capacidades de defensa con una ambición clara: alcanzar un nivel tecnológico y militar que permita superar los estándares mundiales. Esta directriz fue el eje central de una sesión clave celebrada recientemente en el país asiático, donde se delinearon las prioridades estratégicas del régimen para enfrentar el actual panorama geopolítico.
De acuerdo con la información proporcionada este martes por la agencia estatal KCNA, estas instrucciones fueron el resultado de la Segunda Reunión Plenaria del 9º Comité Central del Partido de los Trabajadores, la cual se llevó a cabo entre el sábado y el lunes. Durante este encuentro, Kim Jong-un ordenó que se siga aumentando, de manera exhaustiva, propia y sin interrupciones, el conjunto de activos de defensa nacional. El objetivo explícito es lograr una capacidad militar que no solo sea disuasoria, sino que sea capaz de superar la potencia de cualquier otra fuerza en el mundo.
En el marco de esta expansión militar, el líder norcoreano puso especial énfasis en la marina y la infraestructura defensiva. Kim pidió acelerar los trabajos de construcción de un crucero estratégico lanzamisiles de 10.000 toneladas, un proyecto que había sido aprobado previamente el pasado 4 de abril. Además de este buque de gran calado, el mandatario subrayó la necesidad imperativa de completar cualitativamente las obras de fortificación en la frontera sur y de levantar nuevas bases destinadas a sus flotas navales.
La justificación para este incremento en el armamento y la fortificación territorial radica en la percepción del régimen sobre el entorno global. En la reunión plenaria se reconoció que la expansión progresiva de las fuerzas nucleares y el ejercicio pleno de la posición de Corea del Norte como Estado poseedor de armas nucleares constituyen la mejor estrategia para hacer frente a una situación militar y política internacional que describieron como "impredecible" y que se complica de múltiples maneras.
En el ámbito de la política exterior, el discurso de Kim Jong-un mantuvo un tono severo, especialmente hacia Corea del Sur, a la que volvió a definir como el "Estado más hostil". El líder norcoreano señaló directamente a Seúl y Washington, acusándolos de agravar deliberadamente las tensiones en la región mediante la realización de maniobras militares conjuntas y la celebración de sesiones del Grupo Consultivo Nuclear (GCN).
Un punto crítico de fricción mencionado es la evolución de los informes del GCN. Seúl y Washington reincorporaron la desnuclearización de Corea del Norte en el informe de la última reunión del grupo, celebrada el 12 de junio. Este hecho es particularmente relevante para el régimen de Pionyang, ya que en el comunicado de la sesión del año anterior, por primera vez, se habían omitido las menciones al desarme y al régimen norcoreano.
Las críticas de Kim no se limitaron a sus vecinos inmediatos y a Estados Unidos. El líder también arremetió contra Japón, al cual acusó de estar transformándose en un "Estado de guerra". Asimismo, el discurso incluyó referencias al conflicto bélico entre Kiev y Moscú, mencionando un supuesto "neonazismo ucraniano". Estas declaraciones se producen en un contexto donde Corea del Norte ha brindado apoyo al gobierno ruso con el despliegue de soldados.
Finalmente, aunque el informe de la agencia KCNA no mencionó explícitamente a la República Popular China, Kim Jong-un hizo un llamado a fortalecer el "frente aliado con las fuerzas antiimperialistas e independientes". Esta declaración se produce poco después de que el presidente chino, Xi Jinping, planteara durante su visita a Pionyang este mes la posibilidad de ampliar los intercambios en asuntos militares entre ambas naciones.


