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Abelardo de la Espriella gana la presidencia de Colombia en una elección polarizada

Abelardo de la Espriella es el nuevo presidente de Colombia. Según el preconteo, con 12 959 542 votos le sacó una estrecha ventaja de 245 000 votos a su rival, Iván Cepeda. Y en su discurso de victoria usó un tono radicalmente diferente al de campaña. Se comprometió a gobernar para todos los colombianos, incluyendo [...] La entrada Colombia: Un giro radical hacia una nueva derecha se publicó primero en Confidencial .

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Abelardo de la Espriella es el nuevo presidente de Colombia tras vencer a Iván Cepeda por un margen estrecho de 245 mil votos. Pese a una campaña agresiva y polarizante inspirada en el populismo de Donald Trump y el uso de inteligencia artificial, el mandatario electo sorprendió con un discurso institucional donde prometió gobernar para todos y respetar el equilibrio de poderes. Su triunfo refleja un castigo electoral al gobierno de Gustavo Petro y un anhelo ciudadano por el orden, la meritocracia y la seguridad. De la Espriella llega al poder como un outsider sin ataduras políticas, pero enfrenta el reto de liderar un país profundamente dividido y en crisis fiscal, donde su capacidad de gestión será puesta a prueba frente a una fuerte oposición.

Abelardo de la Espriella se ha consolidado como el nuevo presidente de Colombia tras obtener la victoria en la segunda vuelta presidencial. De acuerdo con los datos del preconteo, De la Espriella alcanzó un total de 12 959 542 votos, logrando así una ventaja estrecha de 245 000 votos sobre su contendiente, Iván Cepeda.

Tras confirmarse los resultados, el presidente electo pronunció un discurso de victoria en Barranquilla el 21 de junio de 2026, en el cual adoptó un tono notablemente distinto al empleado durante su etapa de campaña. En su intervención, De la Espriella se comprometió a gobernar para la totalidad de los colombianos, incluyendo a aquellos que no depositaron su voto en él. Asimismo, aseguró que no perseguirá a los opositores por sus diferencias ideológicas, respetará el equilibrio de poderes y evitará ofrecer soluciones milagrosas o engañosas a la ciudadanía.

Este giro hacia un tono institucional sorprendió a los analistas, dado que su campaña se caracterizó por ser profundamente polarizante, elemento que fue clave para convertirlo en un fenómeno electoral. Su triunfo altera las dinámicas políticas observadas en las últimas dos décadas en el país. A pesar de haber sido un actor cercano a sectores del poder durante su trayectoria como abogado, De la Espriella llega a la Casa de Nariño en calidad de "outsider", sin compromisos establecidos con los conglomerados económicos ni con los partidos políticos tradicionales.

El proceso de ascenso al poder de Abelardo evoca la victoria de Álvaro Uribe en 2002, aunque existen diferencias sustanciales. De la Espriella cuenta con menor experiencia en la administración del Estado que Uribe y posee un mandato más limitado debido a la pequeña diferencia de votos obtenida en el preconteo. No obstante, su falta de amarres con la clase política y económica le otorga una libertad de acción considerable, aunque esto reduce la predictibilidad de su futura gestión.

El éxito electoral de De la Espriella se basó en la convergencia de tres factores: el castigo electoral al gobierno de Gustavo Petro, la promesa de restablecer el orden y la ilusión de un sector que anhela un presidente comprometido con el mérito, la iniciativa privada y el retorno a los valores tradicionales. Para lograrlo, implementó una campaña moderna y disciplinada, inspirada en los métodos y símbolos de la ola de derecha populista internacional liderada por Donald Trump.

La estrategia fue eminentemente emocional, centrada en el marketing político y el espectáculo digital. De la Espriella se posicionó como el representante del rechazo al establecimiento y a los políticos tradicionales, llegando a convertirse en el candidato de facto del Centro Democrático, incluso contra la voluntad de Álvaro Uribe. La campaña utilizó herramientas avanzadas como la inteligencia artificial, empleada por influencers para estigmatizar a periodistas y contradictores. La estética de la campaña incluyó una liturgia patriótica, elementos militares, exhibiciones de lujo, el uso de chalecos antibalas sobre la ropa y una caja blindada.

En lugar de presentar un programa de política pública detallado —tarea que delegó en su fórmula vicepresidencial—, el candidato utilizó un lenguaje de amenaza existencial. Se presentó a sí mismo como el salvador de la patria frente al comunismo, el defensor del orden contra el caos y el narcoterrorismo, y el representante de los "ciudadanos buenos" frente a los "enemigos internos".

Esta narrativa resonó en un electorado conservador y religioso que percibió indolencia por parte del gobierno de Petro en temas de salud y seguridad. De la Espriella logró capitalizar la división social promovida por el actual mandatario y aprovechó la debilidad de los partidos tradicionales. Incluso mantuvo distancia de Álvaro Uribe; durante su disputa con Paloma Valencia, sus equipos de campaña utilizaron videos de IA para presentar al expresidente Uribe como un subordinado de Juan Manuel Santos, permitiendo que De la Espriella capturara el voto de derecha sin ser orgánicamente uribista.

El análisis de su base electoral revela que su victoria no se debe exclusivamente a un movimiento "abelardista" ferviente, sino a diversas motivaciones. Una parte del electorado votó para castigar a la izquierda, otra lo hizo por temor a la continuidad del Pacto Histórico debido a las crisis económica y de salud, y otros buscaron orden y seguridad. También hubo un apoyo significativo de sectores que se identifican con la masculinidad extrema y el rechazo al "wokismo", así como de empresarios y clases medias que anhelan reglas claras para la inversión y el fin de la corrupción.

Finalmente, la gran interrogante es si De la Espriella gobernará bajo las reglas institucionales que prometió en su discurso o si seguirá la línea radical de su campaña. Su estrecha ventaja electoral y la existencia de una oposición fuerte en el Congreso, las calles y las cortes, sumado a una crisis fiscal profunda, limitarán el margen para sus propuestas más extremas. El nuevo presidente asume el mando de un país dividido exactamente a la mitad.

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