Alan Greenspan, una de las figuras económicas más influyentes de las últimas décadas y expresidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, falleció el pasado lunes a los 100 años. La noticia fue comunicada por su esposa durante 29 años, Andrea Mitchell, corresponsal de NBC News, quien informó que su muerte se produjo debido a complicaciones derivadas de la enfermedad de Parkinson.
En un emotivo mensaje, Mitchell destacó la faceta personal del economista, describiéndolo como el hombre que moldeó su vida desde su primera cita en 1984. Asimismo, resaltó que Greenspan poseía una “exuberancia irracional” por diversas pasiones, incluyendo el béisbol, el tenis, el golf, la música —especialmente el jazz— y el equipo de los Washington Commanders. Mitchell recordó a su esposo por su brillantez y bondad, afirmando que haber sido su compañera de vida fue la mayor alegría de su existencia.
Greenspan lideró la Reserva Federal durante un extenso periodo de 18 años y medio, desde agosto de 1987 hasta enero de 2006. Bajo su gestión, Estados Unidos experimentó una etapa caracterizada por el crecimiento económico, una baja inflación y una prosperidad generalizada. Durante gran parte de su mandato, fue visto con una mezcla de reverencia y asombro, siendo apodado por inversores, economistas y gobiernos de todo el mundo como el “Oráculo” y el “Maestro”. Sus intervenciones públicas eran analizadas palabra por palabra debido al enorme impacto que tenían en los mercados globales.
Uno de sus momentos más emblemáticos ocurrió el 5 de diciembre de 1996, cuando advirtió sobre una posible “exuberancia irracional” en los mercados bursátiles. Esta frase, que se convirtió en su marca registrada, sacudió a Wall Street y ejemplificó su estilo de comunicación: críptico, prudente y plenamente consciente del poder de sus palabras.
Sin embargo, el legado de Greenspan quedó profundamente marcado por la crisis financiera de 2008. Aunque el colapso estalló dos años después de que él dejara el banco central, muchos críticos le atribuyeron la responsabilidad debido a sus políticas de “dinero barato” y su confianza excesiva en mercados financieros con escasa supervisión. El desplome del mercado inmobiliario estadounidense provocó pérdidas masivas en fondos de pensiones y bancos, dejando a millones de personas en situaciones de deuda impagable y ejecuciones hipotecarias. Esta crisis se extendió globalmente, afectando severamente a Europa y obligando a China a implementar un paquete de estímulo masivo.
Con el tiempo, el propio Greenspan reconoció haber cometido un error fundamental al asumir que las instituciones financieras, pilares de la economía, podían autorregularse. También se le cuestionó por haber bloqueado, junto a funcionarios de la administración de Bill Clinton, los intentos de Brooksley Born, reguladora de materias primas, de imponer supervisión federal al mercado de derivados extrabursátiles. Esta falta de salvaguardias, según la Comisión de Investigación de la Crisis Financiera, permitió que firmas como AIG acumularan riesgos excesivos, requiriendo posteriormente un rescate de 180.000 millones de dólares con fondos públicos.
En el plano personal y formativo, Greenspan fue un prodigio de las matemáticas nacido en Washington Heights, Manhattan. Tuvo una temprana vocación musical que lo llevó a estudiar en Juilliard, aunque posteriormente abandonó los estudios académicos musicales para trabajar como profesional. Durante su adolescencia tocó el clarinete y el saxofón junto al jazzista Stan Getz. Posteriormente, obtuvo un doctorado en economía por la Universidad de Nueva York y dirigió una consultora económica durante casi tres décadas.
Su trayectoria estuvo ligada a figuras prominentes. En los años 50 se acercó a la filósofa libertaria Ayn Rand, quien lo apodó “el Enterrador” por su carácter reservado y su vestimenta oscura. Rand lo acompañó cuando juró como asesor económico del presidente Gerald Ford en 1974. Más tarde, en 1987, fue elegido por el presidente Ronald Reagan para dirigir la Reserva Federal.
Su primera gran prueba fue el “lunes negro” del 19 de octubre de 1987, cuando el Dow Jones sufrió una caída del 22,6% en un solo día. Greenspan logró restaurar la calma asegurando que la Fed proveería la liquidez necesaria para estabilizar el sistema financiero. Posteriormente, entre 1997 y 1998, gestionó la crisis financiera asiática, coordinando préstamos de emergencia para Tailandia y ayudando a Corea del Sur a evitar el colapso.
Su gestión es recordada por presidir la expansión económica más larga de la historia de Estados Unidos hasta ese momento, desde marzo de 1991 hasta marzo de 2001. Durante este tiempo, la inflación se mantuvo contenida y el desempleo bajó del 4%. Greenspan atribuía este fenómeno a los avances tecnológicos que hacían la economía más eficiente.
Famoso por su obsesión con los datos, Greenspan analizaba desde la producción de acero hasta la carga de vagones ferroviarios. Tenía la costumbre de pasar dos horas diarias en la bañera leyendo estadísticas y memorandos internos. En su vida privada, antes de casarse con Mitchell, mantuvo una relación con la periodista Barbara Walters.
Tras retirarse de la Fed en 2006, continuó activo a través de su consultora, Greenspan Associates, la escritura de libros y conferencias. En 2013, en su obra "The Map and the Territory", defendió su actuación argumentando que los modelos económicos no estaban preparados para captar la toma irracional de riesgos que alimenta las burbujas. Finalmente, mantuvo su compromiso con la independencia de la Reserva Federal, firmando en enero de 2026 una declaración junto a otros exfuncionarios criticando las presiones de la administración de Donald Trump contra Jerome Powell.

