El panorama político de América Latina está experimentando uno de los realineamientos más significativos de los últimos tiempos. El conteo provisional de la segunda vuelta electoral en Colombia, que otorga la victoria al candidato Abelardo de la Espriella —quien cuenta con el respaldo de Donald Trump—, se presenta como el síntoma más reciente de un cambio en la afinidad de la región hacia Estados Unidos.
De confirmarse este resultado en el escrutinio definitivo, De la Espriella se sumaría a una serie de victorias favorables a la política del mandatario estadounidense. En los últimos meses, se han registrado resultados similares: Nasry Asfura ganó en Honduras con apoyo explícito de la Casa Blanca, el oficialismo aliado de EE. UU. mantuvo el poder en Costa Rica y el ultraderechista José Antonio Kast venció a la izquierda en Chile.
Este nuevo orden se caracteriza por una política exterior más confrontativa, marcada por mecanismos coercitivos como la guerra arancelaria, la ofensiva migratoria y el despliegue militar en el Caribe. Según analistas, como Mónica Hirst de la Universidad del Estado de Río de Janeiro, la estrategia del movimiento MAGA (Make America Great Again) se mueve por impulsos, priorizando el bilateralismo sobre los marcos colectivos en un contexto de crisis del multilateralismo regional.
Un ejemplo tangible de esta tendencia es el "Escudo de las Américas", una alianza de seguridad impulsada por Washington que ya ha reunido a representantes de Argentina, Bolivia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Honduras, Panamá, Paraguay y República Dominicana.
Entre los aliados más destacados se encuentra Javier Milei en Argentina, quien mantiene una lealtad explícita hacia Trump. El gobierno argentino ha recibido un rescate financiero y la intervención del Tesoro de EE. UU. en el mercado local. A cambio, Argentina ha firmado acuerdos de patrullaje conjunto en el Atlántico Sur y ha avanzado en negociaciones para garantizar el acceso a minerales estratégicos como el litio, mientras Washington presiona para limitar la presencia de China en la zona.
En Centroamérica, Nayib Bukele en El Salvador se ha consolidado como un socio estratégico en la agenda migratoria, aceptando deportados en el Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT). Por su parte, en Panamá, el presidente José Raúl Mulino ha cedido ante presiones estadounidenses sobre el control del Canal, asumiendo la concesión de los puertos de Balboa y Cristóbal y desistiendo de renovar acuerdos con Beijing.
En el sur del continente, Daniel Noboa en Ecuador ha estrechado vínculos en materia de seguridad y lucha contra el narcotráfico, celebrando la designación de bandas criminales locales como organizaciones terroristas extranjeras. Santiago Peña en Paraguay también ha fortalecido la relación mediante el Acuerdo sobre el Estatuto de las Fuerzas (SOFA), que permite una mayor presencia militar estadounidense para ejercicios y asistencia.
El giro regional también alcanza a Bolivia con la llegada de Rodrigo Paz, quien rompió el alineamiento histórico con Cuba y Venezuela para acercarse a Washington, especialmente en la gestión de hidrocarburos y litio. En Guatemala, Bernardo Arévalo ha mantenido la cooperación migratoria, aumentando el número de vuelos de deportación.
No obstante, persisten focos de tensión y pragmatismo. Claudia Sheinbaum en México navega una compleja interdependencia comercial, intentando equilibrar la cooperación fronteriza con la defensa de la soberanía nacional. En Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva mantiene una relación pragmática pero distante con Trump, quien recientemente recibió a Flavio Bolsonaro, el principal opositor de Lula en la próxima contienda electoral.
En el Caribe, la situación es más crítica. Cuba, bajo Miguel Díaz-Canel, enfrenta un bloqueo petrolero y sanciones severas que han forzado la aprobación de reformas económicas. Nicaragua, liderada por Daniel Ortega y Rosario Murillo, se mantiene como uno de los principales adversarios ideológicos de la Casa Blanca. En contraste, Venezuela, bajo la gestión de Delcy Rodríguez tras la captura de Nicolás Maduro, ha optado por un camino de diálogo y normalización institucional para lograr el levantamiento parcial de sanciones.
Finalmente, el mapa regional espera definiciones clave. En Perú, Keiko Fujimori lidera el escrutinio electoral con una plataforma promercado alineada a Washington. Mientras tanto, la elección en Brasil se perfila como el último gran movimiento del año electoral que podría terminar de consolidar el predominio del bilateralismo impulsado desde la Casa Blanca en el subcontinente.


