El presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, declaró este sábado el estado de emergencia en todo el territorio nacional. La medida surge tras semanas de protestas masivas dirigidas contra el Gobierno, impulsadas por el incremento en el costo de vida y una presión económica que ha derivado en una crisis política creciente.
Las movilizaciones, que cuentan con el respaldo de diversos sindicatos de trabajadores y agricultores, exigen la renuncia inmediata de Paz. Durante los últimos 50 días, la economía del país se ha visto paralizada debido a bloqueos de carreteras, los cuales han provocado una grave escasez de suministros médicos, combustible y alimentos en diversas regiones. Según datos proporcionados por la Defensoría del Pueblo de Bolivia, se han registrado al menos 14 personas fallecidas en el periodo comprendido entre el 1 de mayo y el 15 de junio.
En un discurso dirigido a la nación, el mandatario justificó la implementación del estado de excepción como la herramienta necesaria para liberar las vías de comunicación del país. “Los bolivianos no pueden seguir siendo rehenes de bloqueos que les impiden trabajar, estudiar, recibir atención médica, abastecerse y llevar sustento a sus hogares”, afirmó Paz, señalando que esta decisión allana el camino para que la policía y las fuerzas armadas restablezcan el orden público.
El presidente Paz sostuvo que el objetivo primordial de esta medida es restablecer la normalidad en un contexto donde, a su juicio, existen grupos organizados que recurren a la violencia con el fin de paralizar el país. Cabe destacar que el mes pasado, el jefe de Estado firmó una ley que faculta la intervención de las fuerzas militares en conflictos internos. Aunque anteriormente había manifestado que el estado de emergencia sería la última opción tras el fracaso del diálogo, Paz aseguró que se han agotado todas las vías de negociación.
“Después de agotar todas las vías de diálogo, de llegar a acuerdos con quienes tenían demandas legítimas y de identificar claramente a quienes utilizaron la violencia para intentar desestabilizar a Bolivia, hemos tomado la decisión de decretar el estado de excepción en todo el territorio nacional”, explicó el mandatario durante su intervención del sábado.
Rodrigo Paz, de tendencia centrista, asumió la presidencia hace siete meses. Al llegar al poder, heredó la crisis económica más severa que ha enfrentado Bolivia en una generación, situación que impulsó el fin de casi dos décadas de gobiernos de izquierda. Su elección representó un cambio histórico para la nación sudamericana, la cual había sido gobernada de manera casi ininterrumpida desde el año 2006 por el Movimiento al Socialismo (MAS).
En el ámbito internacional, Paz ha trabajado para fortalecer los vínculos diplomáticos con Washington, relación que se había mantenido tensa desde 2009. En septiembre, el presidente dio a conocer planes para concretar un acuerdo de cooperación económica con funcionarios estadounidenses por un monto de 1.500 millones de dólares, destinado específicamente a garantizar el suministro de combustible en el país.
El apoyo de Estados Unidos ha sido explícito. El 4 de junio, el Departamento de Estado publicó un resumen de una conversación entre el secretario de Estado, Marco Rubio, y el presidente Paz. En dicha comunicación, se resaltó el compromiso de Estados Unidos de apoyar la democracia boliviana y la administración de Paz en la reconstrucción del país tras lo que calificaron como "20 años de políticas socialistas fallidas". Por su parte, el portavoz del Departamento de Estado, Tommy Pigott, indicó que Estados Unidos está intensificando la asistencia de emergencia y el apoyo logístico para ayudar a la población que sufre la escasez de alimentos y medicinas debido a los bloqueos.
Desde la ciudadanía, existen posturas divididas. David Pacheco, residente de La Paz, expresó a Reuters su respaldo a la medida. Según Pacheco, el estado de emergencia es una acción correcta debido a que los habitantes de la ciudad han sufrido hambre y precios elevados en productos de primera necesidad.
El origen de los disturbios actuales se remonta a mayo, cuando el gobierno de Paz recortó los subsidios al combustible, vigentes desde hace largo tiempo, con el objetivo de reducir el déficit fiscal. Actualmente, la economía boliviana enfrenta una falta de divisas, un desplome en las exportaciones de gas natural y una inflación que ha alcanzado su nivel más alto en 40 años. A la demanda de renuncia del presidente, los sindicatos han sumado exigencias de aumentos salariales y el fin de la escasez de dólares y combustible.


