El próximo 21 de junio, Colombia llevará a cabo una de las elecciones más importantes de su historia reciente. La segunda vuelta de los comicios presidenciales pondrá frente a frente a dos figuras políticas que representan visiones totalmente opuestas sobre la gestión del Estado, la seguridad nacional y la organización de la sociedad: el senador de izquierda y defensor de los derechos humanos, Iván Cepeda, y el abogado y empresario de ultraderecha, Abelardo de la Espriella.
Para diversos observadores internacionales, este proceso electoral trasciende la simple sucesión del actual presidente, Gustavo Petro. Se considera que los resultados decidirán si el país mantiene la trayectoria emprendida en los últimos años, caracterizada por reformas sociales y negociaciones con grupos armados, o si, por el contrario, gira hacia un camino más conservador con un enfoque centralizado en la seguridad. En este sentido, Sabine Kurtenbach, presidenta interina del Instituto GIGA de Hamburgo, ha calificado estos comicios como "elecciones que marcarán el rumbo".
Colombia atraviesa actualmente una fase de transformaciones políticas profundas. En 2022, el país vivió un precedente con la victoria de Gustavo Petro, el primer candidato de izquierda en ganar la presidencia. Su administración se basó en promesas de reformas sociales, una mayor inclusión de los sectores más desfavorecidos, la implementación del acuerdo de paz con las FARC y una nueva estrategia para el manejo de los grupos armados.
Sin embargo, el balance de dicha gestión es calificado como mixto. Viviana García Pinzón, investigadora del Instituto Arnold Bergstraesser de Friburgo, señala que si bien ha habido avances en la restitución de tierras, la inclusión social y la lucha contra la pobreza, diversas reformas clave han fracasado o se han implementado solo parcialmente. García Pinzón es especialmente crítica con la política de "paz total", argumentando que no ha logrado sus objetivos ni ha reducido la violencia contra la población civil de manera decisiva. Por su parte, Kurtenbach sostiene que Petro presentó una agenda progresista y transformadora, pero que "prometió mucho y cumplió muy poco", especialmente en la ejecución de la política de paz, lo que ha generado decepción e ira incluso entre sus propios seguidores. De este modo, la elección se percibe también como un juicio sobre el legado político de Petro.
En el bando de la izquierda se encuentra Iván Cepeda, de 63 años. A diferencia de Petro, Cepeda no proviene de un movimiento guerrillero, sino que ha centrado su carrera en la defensa de los derechos humanos y se ha movido siempre en espacios institucionales y legales. Su compromiso con la superación de la violencia política es profundo, marcado personalmente por el asesinato de su padre, el senador Manuel Cepeda Vargas, en 1994. Cepeda ha sido partícipe activo en las conversaciones de paz con el ELN y las FARC.
Su plataforma electoral propone dar continuidad a los ejes principales de Petro: el impulso de políticas sociales, la aplicación del acuerdo de paz, la negociación con grupos armados y una transformación socio-ecológica que priorice el abandono de los combustibles fósiles. No obstante, su principal desafío en campaña es la percepción de los votantes; aunque es visto como un candidato competente, Kurtenbach señala que carece de carisma y le resulta difícil despertar emociones en el electorado.
En el extremo opuesto se ubica Abelardo de la Espriella. El abogado y empresario, quien no figuraba prominentemente en el radar político antes de la campaña, lidera actualmente las encuestas. Su perfil es comparado por analistas como García Pinzón con la nueva derecha de figuras como Donald Trump, Nayib Bukele y Javier Milei. Aunque no es un político de carrera tradicional, posee vínculos estrechos con las élites políticas y económicas.
La estrategia de De la Espriella se apoya fuertemente en las redes sociales, una puesta en escena impactante y mensajes directos. Sus promesas incluyen un Estado más ágil, el fortalecimiento del sector privado y una lucha sin concesiones contra los grupos armados. Cuenta con el respaldo explícito de líderes como Donald Trump, Javier Milei y el presidente de Ecuador, Daniel Noboa. Para sus seguidores, encarna un modelo de éxito basado en la fuerza, la prosperidad y la familia tradicional, aunque García Pinzón advierte que su propuesta podría derivar en rasgos autoritarios, representando una derecha desconocida hasta ahora en Colombia.
El tema central de la contienda es la seguridad. A pesar del acuerdo de 2016, el país sigue enfrentando violencia, tráfico de drogas y presencia de grupos armados. Mientras Cepeda apuesta por la vía de la negociación, De la Espriella propone una política de "mano dura", anunciando el fin de las conversaciones con las guerrillas y la adopción de modelos de seguridad similares al de Bukele en El Salvador.
Esta divergencia genera preocupación entre los expertos. Kurtenbach advierte que terminar abruptamente los esfuerzos de paz podría desencadenar un "nuevo ciclo de violencia", ya que los problemas estructurales persisten. Asimismo, García Pinzón teme que intentar resolver los conflictos únicamente por la vía militar agrave la polarización y extienda la violencia a toda la sociedad.
El impacto de estas elecciones se extiende a toda América Latina. En términos de política exterior, una victoria de De la Espriella, alineado con la línea de Trump, desplazaría el equilibrio regional hacia la derecha. En cambio, un triunfo de Cepeda implicaría una mayor cooperación con los gobiernos de izquierda de Brasil y México, manteniendo la vía negociada para los conflictos.
Actualmente, ambos candidatos se encuentran en un empate técnico. El resultado final dependerá, según los expertos, de la capacidad de movilización de sus respectivas bases electorales en un país marcado por la desigualdad social, un sistema de partidos fragmentado y una polarización creciente.


