El conselleiro de Sanidade, Antonio Gómez Caamaño, ha manifestado su profunda preocupación por el impacto que las sucesivas jornadas de huelga de los médicos están teniendo sobre el sistema sanitario. Según las declaraciones recogidas este viernes, la concatenación de estos paros, motivados por el rechazo a la reforma del estatuto marco, está provocando lo que el titular de la sanidad gallega ha calificado como una «auténtica sangría en las listas de espera de todas las comunidades autónomas».
Para evaluar la situación actual, Gómez Caamaño mantuvo una reunión matutina con el gerente del Servizo Galego de Saúde (Sergas), Luis León. El objetivo del encuentro fue analizar minuciosamente los efectos del último día de esta tanda de paros recurrentes, una medida de protesta impulsada contra la reforma promovida por el Gobierno central y que cuenta con la oposición de diversos sindicatos del sector médico.
En cuanto a los datos concretos de la incidencia de la huelga en el territorio gallego, se ha registrado un porcentaje del 18,1% en el cómputo global de la sanidad pública. No obstante, este impacto no ha sido uniforme en todos los niveles asistenciales. La repercusión ha sido significativamente mayor en los grandes hospitales urbanos, donde la incidencia alcanzó el 24,2%, mientras que en los hospitales comarcales la cifra se situó en el 13,1%. Por el contrario, la Atención Primaria ha sido el sector menos afectado, con una participación en la huelga que se ha mantenido por debajo del tres por ciento.
A pesar de estas variaciones porcentuales, el conselleiro ha puesto el foco en el volumen de servicios suspendidos. Gómez Caamaño ha detallado que cada día de huelga durante esta semana ha supuesto la suspensión de aproximadamente 150 cirugías y de 5.000 consultas de atención hospitalaria. A estas cifras se suman más de 1.000 consultas suspendidas en los centros de Primaria y el aplazamiento de cerca de 1.200 pruebas diagnósticas por cada jornada de paro.
El balance global es aún más alarmante para la administración regional. El conselleiro ha resumido que, desde el inicio de estas movilizaciones en el mes de diciembre, se han visto suspendidos aproximadamente 270.000 actos asistenciales. Ante este escenario, el titular de Sanidade ha admitido que las listas de espera «están aumentando sin ninguna duda» a raíz de estas protestas, aunque no ha proporcionado cifras exactas sobre el incremento total.
Esta situación ha llevado a Gómez Caamaño a lanzar un nuevo llamamiento al Gobierno central. El conselleiro sostiene que el Ministerio de Sanidad no tiene interés en solucionar el conflicto, denunciando una «parálisis absoluta» en las negociaciones con las organizaciones que convocan los paros. En sus declaraciones, ha exigido «un poco de sensibilidad con todos los pacientes que hay detrás de esas suspensiones» y ha expresado su inquietud ante la posibilidad de que se convoque una huelga indefinida una vez finalizado el periodo estival.
En la otra parte del conflicto, la ministra de Sanidad, Mónica García, ha mantenido una postura diferente. Tras concluir este viernes la última jornada de huelga antes del verano, la ministra ha insistido en que el Gobierno «ha hecho su trabajo» mediante la aprobación del Estatuto marco. Según García, esta medida mejora claramente las condiciones laborales del sistema nacional de salud.
La ministra explicó que el Estatuto marco recoge, dentro de las competencias estatales, todas las reivindicaciones y malestares legítimos de los profesionales. El objetivo, según ha señalado en la sede del ministerio, es poner límites y armonizar las condiciones para que un profesional que trabaje en Galicia tenga las mismas condiciones que otro en comunidades como Murcia, Madrid o Barcelona.
Finalmente, Mónica García ha reiterado que corresponde a las comunidades autónomas materializar dichas condiciones laborales. Ha recordado que varias comunidades ya han alcanzado pactos con los sindicatos médicos para implementar mejoras, citando como ejemplo la eliminación de las guardias de 24 horas. Pese a ello, el conflicto permanece enquistado y los seis sindicatos convocantes han advertido que la situación podría derivar en un paro indefinido durante el otoño.


