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De la diabetes a las adicciones: El fenómeno del reposicionamiento de medicamentos

Pesquisadores descobrem cada vez mais novos usos para medicamentos contra obesidade, como ...

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De la diabetes a las adicciones: El fenómeno del reposicionamiento de medicamentos
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Los fármacos GLP-1, como Ozempic y Mounjaro, están trascendiendo su uso inicial contra la diabetes y la obesidad. A través del reposicionamiento de medicamentos, la ciencia explora ahora su eficacia para proteger el corazón y los riñones, combatir la apnea del sueño y reducir dependencias químicas, optimizando así tiempo y costos en el desarrollo de nuevas terapias. Esta práctica ya ha salvado millones de vidas durante la pandemia con la dexametasona o revolucionó la medicina con el Viagra. Sin embargo, los expertos advierten que la popularidad mediática no debe justificar el uso autónomo de estos fármacos, ya que el consumo sin supervisión médica conlleva riesgos que solo el tiempo y la observación clínica podrán determinar con certeza.

Investigadores han comenzado a descubrir una gama cada vez más amplia de aplicaciones para los medicamentos diseñados originalmente para combatir la obesidad y la diabetes, como el Mounjaro y el Ozempic. Estos fármacos, conocidos como agonistas del receptor de GLP-1 o popularmente denominados "canetas emagrecedoras", están siendo objeto de un proceso conocido en la ciencia como reposicionamiento de medicamentos.

Inicialmente desarrollados para el tratamiento de la diabetes tipo 2, estos fármacos ganaron notoriedad global como inductores de la pérdida de peso. Sin embargo, la evidencia científica actual sugiere que la semaglutida y la tirzepatida, comercializadas bajo nombres como Mounjaro, Ozempic, Wegovy y Zepbound, poseen beneficios que trascienden el control glucémico y la reducción de masa corporal. Entre los efectos positivos observados se encuentra la reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares, la protección de órganos vitales como los riñones y el hígado, y la disminución de la inflamación y el dolor. Además, se han identificado aplicaciones potenciales en el tratamiento de la apnea del sueño, la artritis y, notablemente, en la prevención de vicios y la dependencia química.

Desde una perspectiva científica, este fenómeno es un caso clásico de reposicionamiento de medicamentos, que consiste en hallar múltiples usos para un mismo fármaco. Aunque algunos sectores podrían interpretarlo como una estrategia comercial para maximizar beneficios sobre productos ya populares, para la comunidad médica representa una metodología eficaz en términos de costo y tiempo para salvar vidas, ya que evita el proceso prolongado de desarrollar una molécula desde cero.

Un ejemplo crítico de esta práctica ocurrió durante la crisis sanitaria de la pandemia de covid-19. Ante la emergencia, se recurrió a fármacos ya existentes como la dexametasona y el baricitinibe, ambos antiinflamatorios. La dexametasona, utilizada habitualmente contra el asma, la artritis, problemas renales, dermatológicos y casos de esclerosis múltiple, demostró ser vital; el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido informó en 2021 que este medicamento salvó 22 mil vidas en dicho país y aproximadamente un millón en todo el mundo. Por su parte, el baricitinibe, empleado para tratar la alopecia areata y la artrite reumatoide, fue clave para controlar las "tempestades de citocinas", situaciones donde el sistema inmunológico se hiperactiva y provoca una inflamación grave en los pacientes.

Este éxito impulsó a la Comisión Europea a planificar un mayor apoyo a la reutilización de medicamentos, especialmente en la búsqueda de tratamientos contra el cáncer. No obstante, los expertos advierten que estos hallazgos no deben tomarse como una recomendación para el uso autónomo de fármacos. El uso de agonistas de GLP-1 o cualquier otro medicamento para condiciones "off-label" (no aprobadas oficialmente) sin supervisión médica profesional conlleva riesgos significativos, algunos de los cuales apenas comienzan a ser comprendidos a medida que aumenta su consumo masivo.

La versatilidad de los GLP-1 se explica, en parte, por la interconexión del cuerpo humano. Al ayudar a perder peso y reducir comportamientos adictivos, se disminuye indirectamente el riesgo de diabetes tipo 2 —vinculada a menudo con estilos de vida como el comer en exceso—, lo que a su vez reduce la sobrecarga general en los órganos del cuerpo.

La historia de la medicina está llena de estos casos. El raloxifeno, creado para la osteoporosis, demostró reducir en un 76% el riesgo de cáncer de mama invasivo en mujeres posmenopáusicas, logrando la aprobación de la FDA para este fin. La talidomida, tristemente conocida en los años 50 por causar defectos congénitos, fue reposicionada décadas después para tratar el mieloma múltiple en combinación con dexametasona. Incluso la vacuna BCG contra la tuberculosis ha mostrado capacidad para regular el azúcar en sangre en personas con diabetes tipo 1. El caso más emblemático es el sildenafil (Viagra), desarrollado originalmente para la angina y enfermedades cardiovasculares, que terminó siendo famoso por tratar la disfunción eréctil.

Finalmente, la historia también deja una advertencia. En 1998, la doctora Abi Berger señaló que el sueño de cualquier farmacéutica es tener un producto cuya propaganda mediática elimine la necesidad de marketing. El caso actual de los GLP-1 parece repetir este patrón. Sin embargo, el ejemplo del sildenafil recuerda que la propaganda puede opacar riesgos; estudios recientes vincularon este fármaco con arritmias cardíacas. De igual manera, los verdaderos pros y contras del reposicionamiento de los agonistas de GLP-1 solo podrán determinarse con total certeza tras muchos años de observación.

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