ÚLTIMA HORA

Cobertura global las 24 hs. • sábado, 18 de julio de 2026 • Noticias actualizadas al minuto.

Menú

El tesoro olvidado de Huesca: El hidrógeno natural que podría revolucionar la energía en España

Llevamos años buscando fuentes de energía renovables y limpias. Las de siempre —el sol, el viento y el agua— tienen dos pegas conocidas: no producen de forma constante y almacenar su energía sigue siendo un quebradero de cabeza. Por eso, en los últimos años ha entrado con fuerza el hidrógeno en el radar, con toda

Audionoticia

Escucha el reporte completo

El tesoro olvidado de Huesca: El hidrógeno natural que podría revolucionar la energía en España

La búsqueda de fuentes de energía renovables y limpias ha centrado su atención durante años en el sol, el viento y el agua. Sin embargo, estas fuentes presentan limitaciones conocidas: la intermitencia en la producción y la complejidad técnica y económica del almacenamiento. En este escenario, el hidrógeno ha emergido como una alternativa prometedora, clasificado por colores según su origen: verde, gris, azul o turquesa. No obstante, todas estas variantes comparten un inconveniente fundamental: requieren un proceso de fabricación que demanda energía y dinero. Mientras que el hidrógeno verde, la opción más limpia, oscila actualmente entre los 4 y los 8 euros por kilo en Europa, el hidrógeno gris, de origen fósil, ronda los 2 euros.

En medio de esta lucha por abaratar costes, ha resurgido una alternativa que ha permanecido ignorada durante décadas: el hidrógeno natural, también denominado blanco o dorado. A diferencia de las versiones fabricadas, este gas se encuentra libre en el subsuelo, resultado de procesos geológicos espontáneos. Se produce cuando rocas ricas en hierro entran en contacto con agua a altas temperaturas, provocando que el hierro absorba el oxígeno del agua y libere hidrógeno. Este proceso, ocurrido durante millones de años, ha permitido que el gas se acumule en trampas subterráneas similares a las del gas natural.

España posee un antecedente crítico en esta materia que hoy se percibe como una oportunidad perdida. En 1963, la Empresa Nacional de Petróleos de Aragón (ENPASA), vinculada al Instituto Nacional de Industria del régimen franquista, perforó el pozo Monzón-1 en Huesca en busca de petróleo. A 3.600 metros de profundidad, bajo una capa de sal y en depósitos de areniscas, los técnicos no hallaron crudo, sino un gas incoloro e inodoro de gran pureza: hidrógeno. En aquel momento, sin un mercado existente, sin pilas de combustible ni una agenda de descarbonización, el hallazgo fue considerado un subproducto industrial sin valor. La decisión fue taponar el pozo y continuar la búsqueda de petróleo.

Sesenta y tres años después, aquel gas despreciado ha vuelto al primer plano. En 2020, la empresa Helios Aragón, dirigida por Ian Munro, obtuvo permisos de investigación tras rescatar los informes históricos del pozo Monzón-1. Las estimaciones actuales de la compañía son ambiciosas: se calcula un volumen recuperable de 1,1 millones de toneladas en el campo de Monzón y entre 5 y 10 millones en el conjunto de sus permisos. Se prevé una producción anual de entre 55.000 y 70.000 toneladas durante un periodo de 20 a 30 años. La inversión total para el desarrollo pleno se estima en 900 millones de euros, comenzando con 12 millones para el primer sondeo de confirmación, el Monzón-2.

El atractivo económico es disruptivo. El coste de producción estimado por Helios Aragón es de 0,60 euros por kilogramo, una cifra significativamente inferior tanto al hidrógeno verde como al gris. Además, el subsuelo de Monzón podría albergar helio, una materia prima crítica para la Unión Europea que actualmente solo produce Polonia en todo el continente y que es fundamental para la medicina y la tecnología.

A pesar del potencial, el proyecto se enfrenta a un complejo nudo legal. La Ley de Cambio Climático y Transición Energética de 2021 prohíbe nuevas exploraciones de hidrocarburos. El problema radica en que el hidrógeno natural no está definido explícitamente en la ley: no se clasifica como hidrocarburo ni como recurso propio. Esta ambigüedad ha generado conflictos con colectivos ecologistas y dilemas financieros para el municipio de Monzón, que cobraría entre 15 y 20 millones de euros anuales si se tramita como hidrocarburo, pero nada si se clasifica como recurso minero.

El contraste con Francia es notable. El país vecino reformó su código minero en 2022 para reconocer el hidrógeno nativo como recurso, concediendo ya permisos de exploración en los Pirineos Atlánticos. Mientras tanto, a nivel global, la fiebre del hidrógeno natural crece. De 10 empresas exploradoras en 2020, hoy existen cerca de cien. El ejemplo más tangible se encuentra en Bourakébougou, Mali, donde un pozo descubierto en 1987 genera electricidad para el pueblo con gas de un 98% de pureza y una presión que sugiere que el sistema se regenera continuamente. Otros focos de interés se han detectado en Baviera, Alemania, y en Nebraska, Estados Unidos.

Según el US Geological Survey, la corteza terrestre podría albergar unos 5,6 billones de toneladas de hidrógeno natural. Si se lograra aprovechar solo el 2% de ese total, sería suficiente para cubrir el consumo humano de este recurso durante 200 años. En España, el desenlace parece acercarse: la evaluación ambiental del pozo Monzón-2 entrará en su fase final de revisión a principios de 2026 y el Gobierno de Aragón ya ha concedido permisos de exploración a la minera SAMCA en diversas zonas del Somontano, el Cinca Medio y La Litera. El futuro energético de la región depende ahora de que la normativa legal se adapte a una realidad geológica que España ya conocía hace más de medio siglo.

Cobertura en Video