La ciudad de La Paz y la urbe de El Alto experimentaron un momento de alivio durante la noche de este miércoles, tras el inicio de la venta de combustible en diversas estaciones de servicio. Esta medida llegó después de que numerosos conductores soportaran esperas extenuantes, algunos de los cuales permanecieron hasta cuatro días en fila, viéndose obligados a pernoctar en los alrededores de los surtidores para asegurar su turno de abastecimiento.
La llegada de los camiones cisterna a las estaciones de servicio se produjo de manera sorpresiva, permitiendo que se iniciara la distribución del carburante. Esta situación generó una reacción inmediata en los conductores, quienes vieron cómo las largas filas comenzaron a reducirse rápidamente mientras se procedía al llenado de los tanques, mitigando momentáneamente la tensión acumulada en las últimas jornadas.
Sin embargo, el flujo de combustible estuvo seriamente comprometido durante las horas de la tarde. Los campesinos movilizados, quienes mantienen un cerco sobre la ciudad de La Paz que ya se extiende por más de 40 días, habían lanzado una advertencia clara: impedirían el paso de cualquier vehículo, incluyendo los camiones cisterna. Esta postura radical surgió como respuesta a la aprehensión de su máximo dirigente, Vicente Salazar, lo que elevó la incertidumbre sobre la disponibilidad de energía para el transporte en la región.
A pesar de las amenazas, la dinámica de las movilizaciones permitió un respiro nocturno. Tal como ha sucedido en días previos, los manifestantes se retiraron de los alrededores de la planta de Senkata durante la noche, abriendo así el paso para que las cisternas pudieran salir y dirigirse a los puntos de venta. Este patrón de bloqueos diurnos y aperturas nocturnas ha marcado la pauta de la crisis logística en la zona.
El impacto de la escasez varía significativamente entre las dos ciudades. En El Alto, aunque el 80% del parque automotor utiliza Gas Natural Vehicular (GNV), el combustible líquido sigue siendo indispensable, ya que los vehículos requieren gasolina para el funcionamiento inicial de sus máquinas. Por esta razón, se registraron filas considerables en los surtidores alteños. En contraste, la situación en La Paz es más crítica, dado que el 90% de los vehículos dependen exclusivamente de la gasolina, lo que provocó que las filas en algunos sectores alcanzaran una extensión mínima de diez cuadras.
A pesar del despacho actual, el panorama a mediano plazo es preocupante. La distribución desde la planta de Senkata corre el riesgo de paralizarse totalmente debido a que las carreteras principales se encuentran bloqueadas. Esta situación impide que el combustible llegue desde los puertos hacia el interior del país. Hasta el momento, la ciudad ha podido sobrevivir gracias a lo que llega a través de los ductos; sin embargo, se ha confirmado que ya no están arribando cisternas provenientes del puerto de Arica ni desde Santa Cruz.
La crisis ha alcanzado incluso a las fuerzas del orden. Este miércoles se evidenció la gravedad de la escasez en la zona de Sopocachi, donde se observó una larga hilera de camionetas de la Policía Nacional esperando gasolina. A pesar de contar con una fila preferencial diseñada para vehículos de emergencia y seguridad, los efectivos policiales no lograban conseguir el combustible necesario para operar sus unidades.
En medio de este escenario, existe una contradicción evidente entre la realidad en las calles y la versión oficial. Mientras los ciudadanos reportan filas kilométricas y días de espera, la empresa estatal YPFB ha manifestado que el abastecimiento se desarrolla con normalidad. Paralelamente, la institución atraviesa una crisis interna, ya que el caso de la denominada "gasolina desestabilizada" ha alcanzado a tres gerentes de la entidad.


