La industria vitivinícola atraviesa actualmente un periodo complejo, marcado por una crisis que afecta tanto los niveles de producción como el ritmo de consumo. En este escenario, la provincia de Mendoza ha identificado en el vino a granel una unidad de negocio estratégica, no solo para dar salida a los excedentes de stock, sino también como una herramienta de autorregulación fundamental para estabilizar el sector. Esta modalidad de comercialización está permitiendo que las exportaciones crezcan, que los precios se vuelvan más competitivos y que mejoren los ingresos de divisas, con perspectivas optimistas impulsadas por acuerdos comerciales internacionales.
Para fortalecer este posicionamiento, este miércoles concluyó en la provincia la Vinexpo Explorer Edición Vino a Granel. El evento, que se desarrolló durante tres días, tuvo como objetivo principal situar a Mendoza en el mapa global del mercado de graneles. La feria fue organizada conjuntamente por Vinexposium, el Gobierno de Mendoza y ProMendoza, logrando reunir a 50 empresas exportadoras argentinas y a 25 importadores provenientes de diversos países.
En el marco de este encuentro, José Bartolucci, presidente de la Cámara Argentina de Vinos a Granel y unidad ejecutora de la Coviar para la promoción del producto, destacó la importancia de este crecimiento. Según Bartolucci, el incremento de las exportaciones es un factor positivo ya que permite retirar vino del mercado interno, lo cual beneficia a toda la cadena productiva. En un contexto donde la demanda interna ya no mantiene los niveles previos, el impulso a las ventas externas se presenta como la oportunidad ideal para equilibrar la relación entre la oferta y la demanda actual del sector.
Los datos respaldan esta tendencia. Según el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), durante los primeros cinco meses del año se registró un incremento del 15% en los volúmenes totales de exportación de vino. Este crecimiento está fuertemente sustentado por las ventas de vino a granel, que representan ya un tercio de todas las exportaciones argentinas. En términos cuantitativos, se vendieron 28 millones de litros de vino a granel en este periodo, lo que supone un aumento del 61% en cantidad respecto al mismo periodo del 2025.
En cuanto a la composición de estas ventas, el 70% corresponde a vinos varietales y el 30% a vinos sin mención de varietal. El crecimiento fue impulsado principalmente por los vinos blancos en esta modalidad, que experimentaron un aumento extraordinario del 273,5%, mientras que los vinos tintos crecieron un 32,2%.
Este volumen de ventas se tradujo en un ingreso de 21,6 millones de dólares FOB, lo que representa un incremento cercano al 25%. Un factor determinante en este resultado fue la baja de los precios del vino argentino en el exterior, lo que aumentó su competitividad internacional; el precio promedio por litro descendió de 98 centavos de dólar a 76 centavos.
Esta realidad contrasta con la situación de los vinos embotellados, cuyas exportaciones se mantuvieron estancadas en los primeros cinco meses y mostraron una caída en la comparación de mayo a mayo. Asimismo, el mercado interno muestra un crecimiento escaso: a pesar de contar con una cosecha superior, las ventas solo crecieron un punto porcentual en el primer cuatrimestre y el consumo per cápita ha sufrido una caída.
Bartolucci señaló que el vino a granel representa hoy el 34% del vino comercializado desde Argentina. Si bien el objetivo ideal es vender más vino embotellado, recordó que los principales productores mundiales, como Francia, España e Italia, operan en el comercio internacional con un porcentaje de vino a granel que oscila entre el 35% y el 38%. El presidente de la Cámara enfatizó que el vino a granel no es un producto de descarte o "lo que sobra", sino que cada vino es único y puede adaptarse a cualquier mercado.
Para el resto del año, la meta es continuar expandiendo el mercado. Aunque no se espera volver a los niveles de 2020, cuando se exportaron cerca de 200 millones de litros, el objetivo es duplicar lo exportado el año pasado para alcanzar un volumen de entre 80 y 90 millones de litros. Esta unidad de negocios es vista como una vía razonable para aportar divisas y reducir los stocks antes de la próxima cosecha.
En el plano arancelario, el sector ha visto beneficiada su rentabilidad gracias al acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea. Se ha implementado una reducción arancelaria del 20%, pasando de un pago de 9,9 euros por hectolitro a 7,92 euros para ingresar a Europa. Se prevé una nueva reducción del 20% el 1 de enero de 2027, con la meta de que el arancel llegue a cero en cuatro años, lo que abrirá nuevas oportunidades de negocio.
No obstante, los bodegueros señalan que aún quedan desafíos pendientes para mejorar la competitividad. Un punto crítico es la necesidad de alcanzar un acuerdo, aunque sea por cupos, con China, donde el vino argentino paga actualmente un arancel del 20%, mientras que competidores como Chile pagan cero.
Finalmente, el sector solicita al Gobierno nacional avances en la reducción de impuestos, argumentando que la carga tributaria en la cadena vitivinícola es muy elevada. En lugar de recurrir a devaluaciones, los empresarios sugieren corregir distorsiones como el impuesto al débito y crédito bancario y proveer financiamiento adecuado mediante créditos de largo plazo, esenciales para la sostenibilidad de la vitivinicultura.


