Raquel Peña ha liderado el acto de firma del denominado “Pacto por una Mejor Ciudad”, una acción coordinada que tiene como objetivo central impulsar una visión de futuro para la ciudad de Santiago. Esta formalización se enmarca dentro de una iniciativa más amplia titulada "Santiago Ciudad Viva 2035", la cual propone un camino trazado hacia el año 2035 para redefinir el crecimiento y la gestión del entorno urbano.
El núcleo de esta propuesta se centra en alcanzar un desarrollo urbano que sea, simultáneamente, sostenible e inclusivo. A través del "Pacto por una Mejor Ciudad", se busca establecer las bases para que el crecimiento de la urbe no sea azaroso, sino que responda a una planificación estratégica que considere la sostenibilidad como eje transversal. El concepto de desarrollo sostenible aplicado a este proyecto implica la búsqueda de un equilibrio que permita el progreso de la ciudad sin comprometer los recursos ni la calidad de vida de las generaciones venideras, asegurando que la expansión urbana sea viable a largo plazo.
De manera complementaria, la visión de inclusividad planteada en la iniciativa "Santiago Ciudad Viva 2035" sugiere que el desarrollo de la ciudad debe beneficiar a todos sus habitantes por igual. Un entorno inclusivo es aquel que elimina barreras y permite que diversos sectores de la población tengan acceso a las oportunidades y mejoras que el crecimiento urbano sostenible puede brindar, asegurando que nadie quede excluido de los beneficios del progreso planificado para la capital.
Uno de los aspectos más relevantes de este pacto es la naturaleza de su composición. Para que la visión de futuro de Santiago sea ejecutable y realista, la iniciativa ha reunido a tres sectores fundamentales de la sociedad: el sector público, el sector privado y el sector académico. Esta tríada de colaboración es la que da sustento al "Pacto por una Mejor Ciudad", reconociendo que la complejidad de una metrópolis requiere de diferentes perspectivas y capacidades para su gestión.
El sector público aporta la capacidad regulatoria, la gobernanza y la responsabilidad administrativa necesaria para implementar políticas urbanas. Por su parte, el sector privado contribuye con la inversión, la eficiencia operativa y la capacidad de ejecución de proyectos que dinamicen la economía local y mejoren la infraestructura de la ciudad. Finalmente, la academia juega un rol crítico al proporcionar el rigor técnico, la investigación y el conocimiento científico necesarios para que las decisiones urbanísticas estén basadas en datos y evidencias, asegurando que la planificación hacia el 2035 sea técnicamente viable.
La formalización de este compromiso a través del pacto implica que estos tres sectores ya no actúan de manera aislada, sino que convergen en una hoja de ruta común. La iniciativa "Santiago Ciudad Viva 2035" se presenta así como el marco estratégico, mientras que el "Pacto por una Mejor Ciudad" es el instrumento legal y simbólico que sella la voluntad de los firmantes de trabajar coordinadamente.
En resumen, la acción encabezada por Raquel Peña busca transitar desde una gestión urbana fragmentada hacia un modelo de colaboración multidisciplinaria. El objetivo final es que Santiago evolucione hacia una ciudad que no solo crezca en infraestructura, sino que lo haga bajo los principios de sostenibilidad y equidad, integrando la visión técnica de la academia, la capacidad de inversión del sector privado y la gestión del sector público. Con la mirada puesta en el año 2035, el pacto establece la intención de construir un entorno urbano donde la calidad de vida sea la prioridad y el desarrollo sea coherente con las necesidades actuales y futuras de la población.

