El mercado cambiario inició el mes de junio con un movimiento ascendente en la cotización del dólar oficial, aunque la tendencia no logró sostenerse con firmeza en los primeros días. La divisa estadounidense alcanzó un pico de 1.460 pesos, para luego experimentar un retroceso y cerrar la jornada en los 1.455 pesos. En este contexto, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) adoptó una postura cautelosa, decelerando el ritmo de compra de divisas que había mantenido durante el mes de mayo, con el objetivo explícito de evitar que la moneda extranjera tomara un impulso mayor.
Diversos factores convergen para explicar por qué el billete verde se mostró más demandado al arranque del mes. El motivo predominante, según el análisis del mercado, radica en la implementación de tasas de interés negativas en pesos, una estrategia promovida tanto por el Tesoro como por el Banco Central para las colocaciones de plazos más cortos. A pesar de este escenario, la presión no fue suficiente para generar un salto disruptivo en la cotización, aunque sí permitió que el dólar oficial trepara unos 25 pesos en los primeros cuatro días del mes, lo que representa un incremento cercano al 2%.
El análisis detallado de las tasas financieras revela la magnitud de este fenómeno. La tasa de caución, utilizada para préstamos bursátiles de corto plazo, se está operando en torno al 22% anual. Por su parte, las Letras del Tesoro (Lecap) de plazos más cortos presentan rendimientos aproximados del 25% anual en moneda local. Esta tendencia se extiende al sector bancario, donde las entidades financieras han reducido significativamente los rendimientos de los plazos fijos a 30 días, situándose mayormente por debajo del 20% anual.
En este sentido, el Banco Santander se ha posicionado como uno de los más agresivos en la baja de tasas, publicando en su plataforma web un rendimiento de apenas el 15% anual. Esta cifra es particularmente notable, ya que representa casi la mitad de la inflación interanual, consolidando así un rendimiento negativo en términos reales. Otras entidades bancarias mantienen sus tasas en un rango que oscila entre el 16% y el 19,5%, todas ellas ubicadas por debajo de la inflación proyectada. Un comportamiento similar se observa en los Boncer (bonos ajustados por inflación) de plazos cortos, que también registran rendimientos negativos.
La lógica detrás de estas tasas negativas es fomentar el impulso de la actividad económica. Al abaratar el costo del capital de trabajo, las empresas pueden financiarse de manera más eficiente. Actualmente, la tasa de descuento de cheques garantizados para empresas de primera línea se ubica por debajo del 30%. Asimismo, la reducción de las tasas facilita la refinanciación de aquellos deudores morosos que habían experimentado un incremento significativo desde fines de 2025.
Desde la perspectiva del inversor, mientras el tipo de cambio se mantenga estable, estas inversiones en pesos pueden resultar rentables al ser medidas en moneda dura. Sin embargo, el riesgo surge cuando la tasa en pesos deja de compensar el eventual aumento del tipo de cambio. El mercado ya anticipaba que la combinación de tasas reales negativas y un tipo de cambio bajo sería insostenible a largo plazo. Por ello, no resulta sorprendente la reciente suba del dólar oficial.
Este escenario ha llevado a algunos inversores a comenzar el desarmado del denominado "carry trade", una estrategia que brindó rendimientos superiores al 20% en dólares durante los primeros cinco meses del año. Este movimiento podría derivar en un desplazamiento de capitales hacia los bonos en dólares, los cuales han mantenido su firmeza durante la semana, con un riesgo país consolidado levemente por debajo de los 500 puntos básicos.
A los factores financieros se suman elementos estacionales. El pago de sueldos a principios de mes suele impulsar la demanda de divisas, y se prevé que este efecto se intensifique después del 20 de junio, cuando comience la acreditación del medio aguinaldo, generando una masa de pesos que podría destinarse a la dolarización.
En cuanto a la liquidez, el último balance cambiario del Banco Central indicó que en abril la compra neta de dólares por parte del público fue elevada, alcanzando los 2.300 millones de dólares. Este volumen se suma a las compras diarias que realiza el organismo para fortalecer las reservas internacionales. No obstante, la oferta de divisas proveniente de la liquidación del sector agropecuario y de las colocaciones de Obligaciones Negociables (ON) por parte de las empresas ha sido fundamental para equilibrar el mercado y evitar movimientos bruscos.
Hacia la segunda mitad del año, el escenario más probable es que el dólar deje de perder terreno frente a la inflación. Durante los primeros cinco meses del año, el ajuste de precios fue cercano al 15% mientras el dólar se mantuvo relativamente quieto. Si la divisa comienza a moverse en sintonía o por encima de la inflación, representaría un alivio para los sectores productivos, que actualmente enfrentan una fuerte competencia derivada de la apertura económica.


